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En poco más de una hora, el presidente Javier Milei reseñó ayer los trazos gruesos de los hitos de su gestión, en particular del logro del equilibrio fiscal, compartidos ampliamente por los empresarios nucleados en este foro empresario, aunque al cabo de la exposición por zoom mientras avanzaba la noche parisina insistió con trasladar las bases de cualquier nuevo avance a una fecha posterior al 24 de octubre del 2027, más de un año por delante.

Una decena de veces, ante diferentes preguntas del periodista José del Río, la deriva de las respuestas del presidente culminaban en el condicional de si los argentinos lo elegían a él y no a los que quieren destrozar todo, si preferían a la prosperidad o el caos.

“Me molesta que me comparen (con Axel Kicillof o Miriam Bregman)”, dijo cuando le señalaron que algunas encuestas los entronizaban en las encuestas. “Peleo conmigo mismo, con las promesas de campaña, que ya cumplí la mayoría”, se enfadó.

Los aplausos más contundentes los recibió cuando le preguntaron por el fallo de la Corte que convalidó el decreto 70/24 en el capítulo de la Ley de Tierras. Corriendo riesgos de caer en una paradoja política, dado que el mismo tribunal también entiende en causas como la ley de financiamiento universitario.

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Allí resaltó la división de poderes, esquivó cualquier valoración y exaltó los valores republicanos. Una definición que por su contundencia contrastó con, nuevamente, originales interpretaciones de las estadísticas que solamente se confirmarían en un futuro, luego de que su gestión atraviese el plebiscito dentro de un año y poco menos que un mes.

La elasticidad, al mango

La palabra de Milei se esperaba como una respuesta a una coyuntura que tiene diversas caras, y en todas los casos gestos de ansiedad.

El sector energético trasladó a los pasillos del Coloquio de Idea su optimismo sobre el futuro de la actividad, empujada por los RIGI, la productividad de Vaca Muerta y las inéditas condiciones de precios internacionales que benefician al sector.

Alcanzó no sólo las empresas energéticas, sino también a los proveedores como perforadores o empresas de generación eléctrica.

El marco legal actual y el empuje de la demanda internacional fluye y genera una estabilidad que envidian otras grandes empresas de firmas de otros sectores ligados al consumo y a los ingresos internos.

En esas industrias, en cambio, de lo que se habla es de la posibilidad de descargar los mayores costos al consumidor final: “¿Traslado o no traslado a los precios? El de marketing me dice que no pero el financiero me dice que no resisto”, explica un asesor de una gran compañía de consumo.

“La elasticidad está al mango”, remata. No solo afecta al consumo masivo de alimentos la situación. La otra cara de la energía pasa también por el mismo cálculo. Sin ir más lejos, el aumento de los precios en el surtidor de la semana pasada, en el cual YPF ajustó 1% pero que el resto de las marcas llevó al orden del 2% al 5%, fue cuidadosamente al fleje de no perder más volumen de ventas que hasta ahora.

Claroscuridad y tasas

En el sector financiero hay claroscuros. No solo la morosidad la que golpea a las puertas de la City. Se escuchan quejas acerca de la presión impositiva, en cabeza mayormente de los municipios con las tasas de seguridad e higiene, que suman un 40% del costo expresado en las tasas de interés alejando el crédito. También sobre los niveles de encajes en el sistema que acotan el margen prestable y achican la rentabilidad.

Se valoró aquí la exposición del ministro Luis Caputo en el CFO Summit de El Cronista aclarando con detalle las fuentes financieras del “blindaje” de divisas que procura el Gobierno para hacer frente a una corrida al peso en el ahora dominante escenario electoral de 13 meses por delante.

Caputo explicó las fuentes de llegada de divisas, pero también que no hay pesos en la economía para comprar más dólares. Lamentó la pérdida de u$s 2000 millones por el sector privado al haber especulado con compras en las elecciones pasadas. Repitió ayer Milei el argumento.

Pero en el camino quedaron los pesos sin prestar, atrapados por altas tasas de interés o en manos del Tesoro, y contribuyen a esa cara de amesetamiento de la actividad que los números marcan.