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Bitcoin volvió a hacer algo que el mercado no esperaba: subir en medio del caos. Mientras el conflicto en Medio Oriente recalentó el petróleo, empujó los rendimientos al alza de los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. y golpeó a las acciones globales, el activo digital no solo resistió, sino que avanzó con fuerza y se consolidó en niveles clave. La pregunta que se hacen los inversores ya es no es si rebota, sino por qué esta vez no cayó.
La primera explicación a la que apelan los expertos del mercado es de flujos. A diferencia de otros episodios de estrés macro, donde Bitcoin se comportaba como un activo de riesgo más, en esta oportunidad la oferta encontró un comprador claro: el institucional.
Los ETF en Estados Unidos volvieron a mostrar entradas relevantes y, en paralelo, las posiciones bajistas en derivados comenzaron a desarmarse. Ese combo de ingresos de capital, más cierre de shorts (posiciones bajistas) generó un piso técnico que evitó una corrección más profunda y, en cambio, impulsó el precio hacia la zona de u$s 71.000 y u$s 76.000.
El segundo factor es más estructural: el cambio de narrativa. Con el petróleo arriba de u$s 100 y un escenario geopolítico deteriorándose, el mercado empezó a buscar coberturas alternativas. Tradicionalmente ese rol lo ocupaba el oro, pero Bitcoin capturó parte de ese flujo. Por su puesto que no es todavía un “refugio clásico”, pero, por esta vez, dejó de ser procíclico.
A esto se suma un elemento técnico que no es menor. El quiebre del rango de consolidación entre u$s 65.000 y u$s 71.000 funcionó como disparador de momentum.
Desde ahí, el precio escaló hasta testear los u$s 76.000, nivel que hoy actúa como resistencia clave. El dato fino: el movimiento no fue impulsivo y desordenado, sino sostenido, con indicadores acompañando.
Las métricas de análisis técnico refuerzan esa lectura. El RSI se ubica en torno a 59, un nivel que refleja un impulso sólido pero aún no exigido, lo que sugiere margen para nuevas subas sin entrar en zona de sobrecompra. En paralelo, el MACD se mantiene en terreno positivo, con la línea rápida por encima de la señal, confirmando que la tendencia alcista sigue vigente.
En este contexto, la macro presiona, pero con matices. Carolina Gama, Country Manager de Bitget para Argentina, lo sintetizó con claridad en diálogo con El Cronista: “El foco del mercado no está tanto en la decisión de tasas sino en el tono de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (Fed) esta tarde”.
La experta es clara: “Con el petróleo presionando la inflación y la guerra elevando la incertidumbre, cualquier sesgo más hawkish puede fortalecer al dólar y aumentar la volatilidad global. De hecho, ese cambio de expectativas ya empezó a correrse hacia adelante, con menos recortes de tasas previstos para 2026”, dijo la experta .
Ese ruido explica la leve corrección intradiaria de Bitcoin este miércoles, “pero no cambia la foto de fondo: el activo sigue consolidando en una zona técnica relevante entre u$s 70.000 y u$s 76.000. Y eso, en un contexto adverso para el resto de los activos de riesgo, no es un dato menor”, agregó.
Bitcoin desafía al mercado: sube con petróleo en alza y Wall Street en baja
Por su parte, Julián Colombo, director de Bitso para Sudamérica, explicó a este medio que la reciente caída de Bitcoin hacia la zona de u$s 73.000 debe leerse en un contexto global mucho más amplio.
“En las últimas semanas, los mercados internacionales mostraron una elevada volatilidad, con movimientos bruscos impulsados por nuevas declaraciones de Donald Trump en materia comercial y geopolítica”, dijo.
A ese escenario se sumaron factores adicionales que incrementaron la incertidumbre: “La creciente probabilidad de un nuevo cierre del gobierno en Estados Unidos, las dudas en torno a las decisiones de la Fed y la amenaza de intervención sobre el yen japonés. En paralelo, Wall Street volvió a operar en baja, con caídas en los principales índices, mientras que el debate en torno a la “Clarity Act”, la ley que busca regular los criptoactivos en EE.UU., agregó ruido al frente regulatorio”, deslizó Colombo.
En este contexto, el experto destacó que se observó un flujo significativo hacia criptomonedas vinculadas al oro dentro de Bitso como estrategia defensiva frente a la caída de otros activos. Sin embargo, rescató que incluso el oro (históricamente considerado refugio de valor) mostró debilidad en los últimos días tras fuertes subas previas, aunque logró cierta recuperación reciente.
Aun así, marcó una diferencia clave: “Mientras el oro es una reserva de valor consolidada a nivel institucional, Bitcoin es un activo mucho más joven, con apenas 17 años de historia. Si bien ya demostró utilidad, seguridad y eficiencia como reserva de valor —e incluso potencial como medio de pago—, todavía enfrenta un proceso de definición regulatoria a nivel global, algo que hoy se refleja en el debate político en Estados Unidos y otros países”.
De cara al corto plazo, Colombo consideró que este frente regulatorio puede generar ruido y limitar la recuperación. Sin embargo, remarcó que la tendencia de fondo sigue alcista. “Las correcciones son cíclicas y saludables. Si miramos los últimos 10 años, Bitcoin es un activo que ha sabido revalorizarse de forma consistente”, concluyó.
Bitcoin cae, digiere el shock y rebota: el rol clave de los flujos institucionales
Ramiro Rodríguez, CFO de Fiwind, explicó a este medio que el comportamiento reciente de Bitcoin encaja bastante con su dinámica histórica en contextos de tensión global.
“Al ser un activo volátil, primero reaccionó con una caída fuerte cuando estalló el conflicto en Medio Oriente, porque en momentos de incertidumbre lo más riesgoso suele ser lo primero que se vende. Pero una vez que el mercado digiere la noticia, empezó a recuperar y el precio volvió a moverse más por lo que hoy realmente lo impulsa: los flujos de dinero institucional”, señaló.
En ese sentido, destacó un cambio relevante en la dinámica del mercado: “En este ciclo, Bitcoin depende menos del inversor minorista y más de compras institucionales constantes, lo que le da un piso más sólido. Eso le permite subir incluso en un contexto global complicado, no porque se ignore el riesgo, sino porque hoy pesan más los factores ligados a esos flujos”.
De cara al corto plazo, Rodríguez puso el foco en la macro. “Lo importante no va a ser solo la guerra en sí, sino su impacto en la economía global. Si el petróleo sube con fuerza, puede presionar la inflación y obligar a mantener tasas altas por más tiempo, algo negativo para Bitcoin”, explicó.
En cambio, planteó un escenario más constructivo si el crudo se estabiliza: “Si no hay un endurecimiento fuerte de la Fed, hay margen para que el precio siga subiendo, sobre todo considerando que todavía está bastante por debajo de su máximo”.
Sin embargo, advirtió sobre los riesgos de una escalada del conflicto: “Si se dispara el petróleo y con eso la inflación, podría venir una corrección más marcada, porque se reduciría la liquidez global”.
En definitiva, concluyó, “el mercado no reacciona solo a las noticias, sino que se anticipa a cómo esos eventos pueden impactar en los flujos de dinero a nivel global”.