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Cada vez que se constituye un plazo fijo en dólares, el dinero ingresa a un circuito regulado al detalle por el Banco Central (BCRA). Ni los billetes quedan inmóviles en una bóveda esperando el vencimiento, ni los bancos tienen libertad para prestarlos a discreción.

Entender cómo funciona este mecanismo en la práctica ayuda a comprender por qué las tasas de interés en moneda extranjera son bajas, cuál es el nivel de riesgo real de la operación y por qué los dólares tienen reglas muy distintas a las de los pesos.

El plazo fijo: previsibilidad a cambio de tasa

La clave del plazo fijo, a diferencia de una caja de ahorro, es que funciona como un contrato de previsibilidad. El cliente renuncia a disponer de su dinero por un tiempo determinado (un mínimo de 30 días) y, a cambio, el banco le paga una tasa de interés.

Esta certeza temporal es lo que le permite a la entidad planificar qué hacer con los fondos. Una vez que ingresan, los dólares se dividen normativamente en tres grandes destinos:

  • Encajes: una porción que debe quedar inmovilizada en el BCRA.
  • Activos líquidos: fondos que deben mantenerse en instrumentos de disponibilidad casi inmediata.
  • Capacidad prestable: el remanente que efectivamente se puede transformar en crédito.

El rol de los encajes y la liquidez

La función básica de un banco es captar dinero y prestarlo. Sin embargo, para proteger el sistema de posibles retiros masivos, el BCRA obliga a las entidades a mantener inmovilizada una parte de esos depósitos. Esto se conoce como encaje bancario o efectivo mínimo.

El encaje es dinero que el banco tiene prohibido prestar. Debe quedar depositado en cuentas del propio Banco Central y funciona como un colchón de liquidez. Aunque sigue siendo una deuda de la entidad con el ahorrista, normativamente está bloqueado para su uso comercial.

Estos porcentajes no son fijos, sino que el BCRA los ajusta según la política monetaria. Como referencia reciente, entre fines de 2025 y abril de 2026, la autoridad monetaria fue reduciendo los niveles de encaje diario en pesos (del 95% al 65%).

Si bien los dólares tienen sus propios porcentajes y reglas de integración, la lógica es la misma: es una válvula que el regulador abre o cierra según la coyuntura.

El candado sobre el crédito en dólares

La diferencia más fuerte entre un depósito en pesos y uno en dólares radica en a quién se le puede prestar ese dinero. Un banco no puede usar los dólares de los plazos fijos para financiar a cualquier empresa o particular.

Desde el 2002 (mediante el Decreto 905/02), rige una prohibición general para otorgar préstamos en moneda extranjera a quienes no generen ingresos en esa misma divisa. El objetivo es evitar el llamado “descalce de monedas”.

Si una empresa recauda en pesos pero se endeuda en dólares, una fuerte devaluación le impediría pagar el crédito, trasladando el problema al banco y, por extensión, a los ahorristas.

Por este motivo, durante años el crédito en dólares estuvo restringido casi exclusivamente a empresas exportadoras. No obstante, el BCRA introdujo flexibilizaciones específicas:

Líneas con fondeo propio

Se habilitó a los bancos a prestar dólares de su propio patrimonio (obtenidos en el exterior) para usos generales.

Fianza exportadora

A través de la Comunicación “A” 8446 (junio de 2026), se permitió que los depósitos de los ahorristas se presten a empresas no exportadoras, pero con una condición estricta: la operación debe contar con el aval o garantía explícita de una firma exportadora, que asume el rol de pagador principal.

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El recorrido de los fondos en la práctica

Para ver cómo funciona este circuito, imaginemos un caso concreto de un plazo fijo de 10.000 dólares a 30 días. Ese dinero no se queda guardado en un solo lugar, sino que el banco lo divide en tres partes:

La primera parte va al Banco Central (BCRA)

Es el encaje obligatorio. El banco transfiere un porcentaje de esos 10.000 dólares a una cuenta del BCRA, donde queda inmovilizado como garantía de seguridad.

La segunda parte se queda en el banco como reserva

Son los activos líquidos. Es un porcentaje que el banco debe tener disponible en caja o en inversiones de bajo riesgo y rápido acceso para cubrir los movimientos diarios.

La tercera parte va a préstamos

Es el remanente que queda libre. Solo esta porción se puede prestar, y únicamente a los destinos autorizados (como los exportadores o empresas con fianza).

Como los bancos están obligados a dejar la mayor parte de esos 10.000 dólares quietos en los dos primeros tramos (que no generan ganancias), el margen para hacer negocios con el dinero del ahorrista es muy chico. Esa es la explicación técnica de por qué los plazos fijos en dólares pagan tasas de interés tan bajas.

La garantía final: el esquema SEDESA

Como última red de contención, el sistema financiero argentino cuenta con un seguro de garantía de depósitos administrado por Sedesa.

De acuerdo con la Comunicación “A” 8407, vigente desde abril de 2026, la cobertura máxima ante la eventual caída de una entidad financiera es de $50.000.000 por depositante y por banco.

Al estar este tope fijado legalmente en pesos, la cobertura real sobre un depósito en dólares dependerá del tipo de cambio que se aplique al momento de la liquidación.