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El salto del oro por encima de los u$s 4600 por onza no es un evento aislado ni un exceso técnico del mercado de commodities. Es una señal clara de cómo los inversores interpretan el nuevo mapa global: más riesgo político, más fragilidad institucional en EE.UU. y una Reserva Federal (Fed) que, por primera vez en décadas, aparece abiertamente bajo presión judicial y política.
El movimiento del metal precioso se dio en paralelo a un giro defensivo de los mercados financieros. El dólar se debilitó, los tres índices de Wall Street operan en baja y los flujos buscan refugio en activos sin riesgo crediticio ni político.
En ese contexto, el oro al contado llegó a tocar un máximo histórico de u$s 4600,33 la onza, mientras que la plata, con un comportamiento aún más agresivo, sube más de 7% y también marca un récord, reflejo de que la búsqueda de cobertura no se concentró en un solo activo.
El detonante inmediato fue político e institucional
El presidente de la Fed, Jerome Powell, confirmó que el banco central recibió citaciones de un gran jurado del Departamento de Justicia, en una investigación vinculada a su testimonio ante el Congreso por la renovación de la sede de la Fed.
Powell fue más allá y dejó un mensaje de fondo: sostuvo que la amenaza de una imputación penal debe leerse como parte de una estrategia de presión para forzar recortes de tasas alineados con los intereses de la Casa Blanca.
El mercado entendió el mensaje en clave sistémica. No se trata de una discusión administrativa sobre obras públicas, sino de un cuestionamiento directo (o al menos percibido como tal) a la independencia de la política monetaria estadounidense.
En términos financieros, eso equivale a encender una alarma de riesgo institucional. Cuando la credibilidad del banco central más influyente del mundo entra en duda, el reflejo es inmediato: el dólar pierde atractivo relativo y los activos refugio ganan protagonismo.
A ese frente interno explosivo en Estados Unidos se sumó un deterioro del escenario geopolítico. Las tensiones en Medio Oriente volvieron al centro de la escena tras los disturbios en Irán, que dejaron más de 500 muertos según organizaciones de derechos humanos, y las advertencias de Teherán sobre posibles ataques a bases militares estadounidenses si Washington interviene de manera directa.
El conflicto se da, además, en un contexto en el que Donald Trump endurece su retórica internacional y refuerza una estrategia de poder que el mercado percibe como impredecible.
El recorte de la Fed de enero en duda
Este combo de riesgo geopolítico más ruido institucional en EE.UU llega justo cuando las expectativas de política monetaria vuelven a correrse.
Goldman Sachs postergó su escenario de recortes de tasas y ahora proyecta dos bajas de 25 puntos básicos recién para junio y septiembre de 2026.
El asesor de inversiones, Gastón Lentini, en diálogo con El Cronista, comentó que con los mercados en máximos, la semana llega cargada de expectativas.
“No solo porque se juega la posibilidad de una baja de tasas, sino porque el trasfondo es mucho más pesado: el déficit fiscal de Estados Unidos”, advirtió Lentini.
Y es que el Tesoro enfrenta vencimientos de deuda por más de u$s 10 billones, y si las tasas no bajan, el costo financiero se consolida en niveles que hacen al déficit estructuralmente más difícil de cerrar. “Las consecuencias de ese esquema ya son conocidas por el mercado”, deslizó Lentini.
A ese frente se suma un evento clave el miércoles, cuando la Justicia estadounidense deberá definir si los aranceles aplicados durante la presidencia de Donald Trump son legales.
Para Lentini, “un fallo adverso obligaría al Estado a devolver los aranceles cobrados, ampliando aún más el déficit fiscal. El impacto no sería local: una decisión de ese tipo tendría efectos negativos sobre los índices bursátiles globales, no solo en Estados Unidos”, sostuvo el experto.
En ese contexto, para Lentini, lo que aparece es una puja política que se arrastra desde el regreso de Trump al poder y que el mercado observa con creciente incomodidad.
“Con valuaciones exigentes y poco margen para errores, no sería extraño que este combo funcione como catalizador de una corrección fuerte. A veces el mercado no necesita razones nuevas, solo una excusa creíble”, opinó el estratega.
La sucesión en la Fed se vuelve un riesgo macro
Pedro Moreyra, director de Guardian Capital, agregó que la nueva embestida de Donald Trump contra la Fed volvió a sacudir a los mercados, al poner en duda la independencia del banco central estadounidense.
Moreyra explicó que, Jerome Powell confirmó que la Fed recibió citaciones del Departamento de Justicia, “un hecho inédito que fue interpretado como presión política por no recortar tasas”, advirtió Moreyra.
Sucede que el propio Powell afirmó que la amenaza judicial es consecuencia de no seguir las preferencias del Ejecutivo, “lo que disparó caídas inmediatas en el premarket y elevó la prima de riesgo institucional”, Moreyra fue claro: “Con la Fed próxima a pausar recortes el 28 de enero y con solo seis meses restantes del mandato de Powell, la atención ya se desplaza hacia la transición del próximo chair”, comentó.
Y es que los mercados suelen “poner a prueba” a los nuevos policy makers, y el proceso de nominación y confirmación puede extenderse hasta 90 días, lo que prolonga la incertidumbre durante 2026.
Moreyra recordó que, desde fines de 2025, Trump evalúa candidatos con un sesgo más dovish y alineado a su agenda, lo que refuerza la expectativa de una política monetaria más laxa. “Los favoritos que suenan más fuerte en este momento, son “los 2 Kevin” Kevin Hasset y Kevin Warsh", señaló.
Sin embargo, resurgen las dudas sobre la independencia de la autoridad monetaria. “Históricamente, cuestionar la independencia de un banco central (en USA o en cualquier país) suele traducirse en mayor volatilidad, riesgos inflacionarios y menor credibilidad macroeconómica”, comentó.
¿Quién será el nuevo Chair de la FED? Se posiciona como una de las mayores fuentes de turbulencia en 2026.
El impacto en los emergentes, cómo la Argentina
Coincidió con los demás analistas que cuando se pone en duda la independencia de la Fed, los mercados no lo leen solo como ruido político, sino como un riesgo institucional.
“La credibilidad de la Fed es el principal ancla de las expectativas de inflación, de tasas de interés y, en última instancia, del rol del dólar como moneda de referencia global. Por eso, cualquier señal de presión política sobre el banco central introduce incertidumbre sobre si las decisiones futuras responderán a los datos económicos o al calendario electoral”, advirtió.
En lo inmediato, planteó Campos, este tipo de embestidas suele traducirse en mayor volatilidad financiera. Los inversores ajustan posiciones, aumentan las primas de riesgo y se vuelven más cautelosos con los activos sensibles a tasas.
“Incluso aparece una paradoja: los intentos de forzar tasas más bajas pueden terminar generando tasas más altas, ya que el mercado exige una compensación adicional ante la pérdida de credibilidad”, comentó.
Para los mercados emergentes, el impacto es mayor, aseguró Campos. En episodios de incertidumbre global, el capital tiende a replegarse hacia activos considerados más seguros, lo que reduce los flujos hacia emergentes, presiona sus monedas y amplía los spreads soberanos. “No se trata de un deterioro de los fundamentos locales, sino de un cambio en el apetito global por riesgo”, señaló.
En el caso de Argentina, este escenario se siente con más intensidad por su alta sensibilidad a los shocks externos. Campos aseguró que aumenta el riesgo país, los bonos se vuelven más volátiles y las acciones locales sufren en jornadas de risk-off, “aun cuando no haya cambios en la situación económica doméstica. Las historias de recuperación o mejora estructural no desaparecen, pero el mercado se vuelve más exigente y el timing se estira”, dijo Campos.
Así es que, poner en duda la independencia de la Fed no genera por sí solo una crisis, pero sí eleva el ruido de fondo y reduce la tolerancia al riesgo. Para países como la Argentina, eso implica un contexto financiero más desafiante, donde la credibilidad y la consistencia de las políticas locales se vuelven todavía más determinantes.