Envidiable la pasión que pone este señor, contador público, profesor universitario, decano operador de bolsa, dirigente del Mercado de Valores, titular de Bull Market Brokers pero, sobre todo, orgulloso marido e igualmente orgulloso padre de 4 hijos que siguen sus pasos en la compañía. Envidiable, porque como ocurre cuando uno acuña una sabiduría suficiente como para ser dueño de una pasión y no a la inversa no hay resquicio en la trayectoria profesional y personal donde uno adivine que falta esa dosis de energía vital que empuja los grandes proyectos. Uno imagina que siempre habrá esto: el irrefutable éxito que significa vivir cada momento con plenitud.
Yo creo que el comienzo de mis días fueron con aquella decisión de mi padre, que era técnico electromecánico, de llevarme un día a su trabajo para darse cuenta que lo mío no eran los fierros..., se sonríe Daniel Marra. Con todo el cariño que me tenía mi padre, supo escuchar las palabras de mi mamá que le decía que lo mío eran los números, las matemáticas... yo creo que ahí empezó todo, la pasión mía, ese hábito de pensar siempre en función de los números, recuerda.
Eran los primeros años, los definitivos en la vida de cualquier persona. Daniel Marra ya era por vocación, y en sus propias palabras, un muchacho inteligente, capaz de hacer las gestiones financieras para realizar las compras del mes en su casa, pero no de colocar un tornillo. Los números son una pasión en mi vida, cuando pienso, si no pienso con números, me cuesta, señala.
La escuela comercial lo acerca ya un poco más a lo que será la esencia de su trayectoria. Ahí surge ya el recuerdo de un tío suyo, que vivía en el mismo edificio de Almagro, un apasionado también de los números a quien Daniel admiraba. Recuerdo el empeño, la prolijidad y exactitud en el trabajo que ponía.
Los años de universidad llegarían rápido, los largos períodos de estudio en la carrera de Contador Público, y la práctica de los deportes. Siempre fui de practicar muchos deportes, algo que sigo haciendo, pero en aquellos años, el ajedrez, otra pasión, me puso en contacto con quien sería un gran amigo mío y colega, Daniel Macintosh.
Allá en la década de los 60, fue Daniel Macintosh, hijo de Julián Macintosh ex presidente de la Bolsa quien acercaría a Marra a la actividad bursátil. Fueron años de mucha felicidad, llegué a ser operador y apoderado de la firma gracias a Macintosh, una persona ética y cordial.
A Marra le brillan los ojos, habla del viejo recinto de operaciones de la bolsa, cuando operar e invertir significaba una larga jornada cargada de cafés, almuerzos, encuentros con clientes, siempre en la cercanía de 25 de mayo y Corrientes, y después, en la apertura del mercado, las horas de febril actividad de voceo, bajo las nubes de tiza producto de la escritura de los pizarreros, quienes encaramados en pequeños balcones, trasladaban los precios a las pizarras. Yo supe lo que era darse un baño de tiza cuando el mercado se agitaba, señala Marra y uno le cree. Se transaba a voceo las diferentes operaciones con una minuta, un papel, cuando se cerraba la operación se pasaba al pizarrero y este anotaba con tiza. Cuando el mercado se agitaba, la tiza sobrevolaba el salón, era un baño, el griterío era ensordecedor, y al día de hoy, los años todavía me lo permiten, cruzo a la bolsa, piso el viejo recinto donde hoy están los socios, y no hace falta que alguien me diga si el mercado está para arriba o para abajo, yo siento la energía que emana de allí, dice.
Pero a no descuidarse, lo que pasó no necesariamente es mejor que lo que vendrá. Marra se siente cómodo con el presente aunque alberga, huelga decirlo, iguales expectativas para el futuro de su compañía.
Siempre me gusta decir que así como durante muchos años yo sentía que mis hijos me acompañaban en todo, hoy soy yo el que los acompaña y el que está ahí para aconsejarlos siempre que ellos lo necesiten, sostiene.
Un apoyo constante
Es que la familia lo es todo, y ha sido fundamental. En 1973 me casé Maria Cristina, una compañera infatigable de lo que hace todo proyecto y sueño con la cual tuvimos 4 hijos y hoy 4 nietos, dice Marra. Ella es profesora de historia y hoy es investigadora y escritora pero no tuvo suerte, los cuatro hijos naturalmente se dedicaron a ciencias económicas, son profesionales, cada uno en un área. Hoy Francisco, María Noel, Ramiro y Lautaro son parte de la firma, conducen Bull Market Brokers. Pero es en 1990 cuando las primicias de lo que después sería la firma bursátil ve la luz. Marra, quien se desempeñaba al frente de su estudio contable y también en la docencia universitaria, viaja a Nueva York.
Wall Street fue una experiencia iniciática, toda una revelación que me dio la oportunidad de hacer buenos contactos y comenzar a trabajar allí. Funda entonces un fondo de inversión, y lo bautiza Bull Market, que con el tiempo se transformaría en la firma de bolsa.
Para lo último queda una reflexión sobre el trabajo cotidiano. Tengo muchas esperanzas en el mercado que viene, tanto por la dirigencia y la generación que preside las compañías de bolsa como por el público, que hoy ha modernizado a la fuerza la oferta de servicios financieros, en un contexto donde nadie ya puede discutir la globalización porque es un hecho en sí mismo.
Es la profesión que me gusta, soy un apasionado de lo que hago, hoy yo diría que la tiza ha quedado como un recuerdo, que hay que apostar a las nuevas generaciones, el progreso, la democracia vista como la igualdad de oportunidades para que el público tenga acceso fácil, rápido e informatizado a la operatoria, creo que eso lo entienden mis hijos y lo ponen en práctica. Yo sólo estoy ahí para darles un consejo cuando ellos lo piden. Ni antes ni después.