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El último Staff Report del Fondo Monetario Internacional mostró que la dinámica de los bonos soberanos hard dollar ya no depende únicamente del superávit fiscal.
Según el organismo, la evolución de la deuda también estará condicionada por la capacidad de refinanciar vencimientos, recuperar acceso al mercado internacional y avanzar en reformas estructurales que sostengan el equilibrio fiscal en el tiempo.
Así, el verdadero partido se juega en tres dimensiones al mismo tiempo: la capacidad de refinanciar deuda, el regreso al mercado internacional y la posibilidad de convertir el equilibrio fiscal en algo estructural mediante una reforma tributaria profunda.
El Tesoro tiene vencimientos de capital por u$s 8100 millones con bonistas privados y cerca de u$s 4400 millones con el FMI. El organismo calcula obligaciones totales del sector público por u$s 25.000 millones en 2027, aunque otras estimaciones privadas superan los u$s 30.000 millones.
La primera cancha: el rollover de vencimientos
Para los bonos más cortos, como el GD30 y el AL30, el mercado sigue concentrado en la dinámica inmediata: vencimientos cercanos, renovación de deuda en pesos, acumulación de reservas y riesgo político de cara a las elecciones presidenciales de 2027. Son títulos extremadamente sensibles a cualquier señal de estrés financiero o pérdida de acceso al financiamiento local.
En otras palabras, estos bonos funcionan casi como un termómetro de supervivencia financiera de corto y mediano plazo. Si el programa económico mantiene credibilidad y el Tesoro logra atravesar los próximos años sin sobresaltos, son los primeros en reaccionar.
El FMI introduce una segunda variable todavía más importante para la parte larga de la curva: el regreso al mercado internacional.
El organismo proyecta que la Argentina volverá gradualmente a emitir deuda externa: unos u$s 5400 millones en 2026, u$s 8000 millones en 2027 y hasta u$s 12.000 millones anuales hacia el final de la década. Ese supuesto es central para entender la valuación de bonos como el GD35 y el GD38.
Porque la gran pregunta del mercado ya no es únicamente si la Argentina puede evitar otro evento de crédito en el corto plazo. La incógnita es si el país puede reconstruir una curva soberana normal, volver a endeudarse a tasas razonables y recuperar acceso estable al crédito internacional.
La segunda cancha
Si el país logra emitir deuda afuera con tasas más bajas y el riesgo país sigue a la baja, los bonos largos podrían tener una fuerte apreciación. Pero si el acceso externo sigue cerrado o las tasas internacionales permanecen demasiado altas, reaparece el fantasma de refinanciación.
En especial para el GD38, que opera casi como una apuesta de convexidad. Tiene mucho más potencial alcista si el escenario sale bien, pero también mucha más sensibilidad si el mercado empieza a desconfiar del programa económico o de la capacidad de financiamiento post-2027. Más duration, más beta política y financiera.
La tercera cancha
La tercera cancha aparece en un terreno menos visible para el inversor minorista, pero absolutamente central para Wall Street: la reforma tributaria.
El Staff Report estima que una reforma estructural podría aportar mejoras fiscales equivalentes a 3,3% del PBI. El desglose incluye reducción de exenciones impositivas, cambios en Ganancias, modificaciones en impuestos internos y una mayor carga inmobiliaria provincial.
Y acá aparece una diferencia clave entre un rally táctico y una verdadera normalización financiera.
El mercado puede tolerar un tiempo un superávit basado en licuación, ajuste de gasto o postergación de pagos. Pero eso no alcanza para reconstruir una curva soberana de largo plazo. Para que los bonos argentinos realmente cambien de régimen, los inversores necesitan creer que el superávit será durable.
Deuda bajo la lupa de los expertos
Al respecto, Facundo Barrera, socio de Fincoach, dijo a El Cronista que el compromiso en dólares para lo que resta del mandato sigue exigente, “con vencimientos por alrededor de u$s 35.000 millones”.
En ese contexto, explicó que mientras el Tesoro pueda financiarse a tasas inferiores a las del mercado internacional, priorizará otras fuentes de financiamiento antes de volver a emitir deuda afuera, como colocaciones locales, privatizaciones y respaldo de organismos multilaterales.
Según planteó, una eventual emisión internacional solo tendría sentido económico si las tasas se acercan a los niveles que hoy muestran bonos como el AO27 y el AO28. De lo contrario, sostuvo que resultará más eficiente apoyarse en financiamiento doméstico y multilateral.
El analista remarcó además que hoy predomina en el mercado un clima de mayor confianza respaldado por varios factores: la compra sostenida de dólares por parte del Gobierno, niveles récord de exportaciones, el ingreso de divisas esperado por la cosecha gruesa y el aporte del sector energético, que en los últimos doce meses generó exportaciones cercanas a u$s 9000 millones.
Sin embargo, advirtió que el regreso al mercado internacional será una señal determinante para enfrentar los próximos vencimientos de deuda. Para que eso ocurra, explicó, deberán alinearse tanto las condiciones locales como las internacionales.
Aunque reconoció que en el frente doméstico el programa económico viene mostrando orden, consideró que el escenario externo sigue siendo desafiante, especialmente por el conflicto en Medio Oriente y el aumento de los rendimientos de los Treasuries estadounidenses.
En ese marco, alertó que un escenario en el que la Argentina llegue a 2027 sin acceso pleno al mercado internacional podría resultar disruptivo, dado que el mercado local no tendría la profundidad suficiente para absorber todos los vencimientos previstos.