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La demanda minorista de dólares volvió a caer en marzo, aunque sin alterar el patrón de fondo: la dolarización de personas físicas sigue firme, pero empieza a mostrar algunos matices en su dinámica.
Según el Balance Cambiario del Banco Central, las “personas humanas” registraron compras netas de billetes por u$s 1897 millones en marzo. El dato surge de compras brutas por u$s 2363 millones y ventas por u$s 466 millones.
La comparación con febrero, cuando las compras netas habían sido de u$s 2088 millones, con adquisiciones por u$s 2368 millones y ventas por u$s 280 millones, muestra una caída de u$s 191 millones, equivalente a un 9,1% mensual.
El dato confirma una desaceleración por segundo mes consecutivo tras una leve suba en enero. La lectura fina muestra que la moderación no responde a una caída en el interés por dolarizarse. De hecho, las compras brutas prácticamente no variaron entre febrero y marzo.
El factor que explica la baja en el saldo neto es el fuerte aumento de las ventas, que pasaron de u$s 280 millones a u$s 466 millones en el mismo período.
Cambios en la composición de la demanda
En paralelo, el informe del Banco Central permite ver un cambio en la composición de la demanda. Si se considera el total de compras netas de moneda extranjera, que alcanzaron los u$s 2470 millones en marzo al incluir otros conceptos como servicios, una parte significativa del flujo se destinó a usos transaccionales.
Del total de compras de billetes sin fines específicos, cerca de u$s 1000 millones se canalizaron a pagos de tarjetas, bienes y otros consumos corrientes, mientras que unos u$s 600 millones quedaron depositados en bancos locales y apenas alrededor de u$s 100 millones se transformaron en activos externos.
El cambio no es menor. A diferencia de otros momentos, donde predominaba la dolarización fuera del sistema, en marzo se observa un mayor peso del uso del dólar dentro de la economía y una mayor retención de fondos en el circuito financiero local.
El vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, ya había adelantado esto en su presentación que hizo hace unos días en Washington.
Según explicó, la dolarización de los hogares fue el principal factor de presión antes de las elecciones de 2025. La demanda privada de divisas, tanto para atesoramiento como cobertura, “se disparó” en ese período, llegando a representar el equivalente al 50% del M2, un nivel que refleja un shock de desconfianza más que una dinámica macro sostenible.
El punto central del diagnóstico oficial es el cambio posterior. Tras el proceso electoral, Werning sostiene que esa demanda colapsó de forma abrupta. Pero no solo cayó en volumen: también cambió su canal.
A diferencia de episodios previos, en los que los dólares salían del sistema, ahora esas compras se mantienen “onshore”, es decir, dentro del circuito financiero local. En la práctica, eso se traduce en un aumento de los depósitos en dólares y en una mayor capacidad del sistema para canalizar crédito en moneda dura.
Detrás de ese movimiento hay una tesis más amplia: la normalización macro y la validación política del programa habrían reducido la dolarización preventiva.
Dicho en términos simples, menos “por las dudas” y más tolerancia a quedarse en pesos o, en todo caso, a dolarizarse sin sacar los fondos del sistema.
Para el BCRA, ese cambio de comportamiento es clave porque transforma a la demanda de dólares de un factor desestabilizante en uno neutral, o incluso favorable, para la acumulación de reservas.
Giros y utilidades
En marzo apareció con fuerza un factor que el mercado venía esperando: los giros de utilidades y dividendos. Según el Balance Cambiario, estos egresos alcanzaron cerca de u$s 870 millones, marcando el regreso de un flujo que había estado prácticamente ausente en los últimos años por las restricciones cambiarias.
Del total, alrededor de u$s 600 millones se canalizaron a través del mercado oficial, mientras que el resto se cursó mediante mecanismos alternativos, como canjes y BOPREAL. La composición muestra que no se trata de un desahogo marginal, sino de una reapertura efectiva del canal para la remisión de ganancias al exterior.
El dato no es menor porque refleja una demanda genuina de divisas: no responde a decisiones tácticas de cobertura o consumo, sino a la necesidad de las empresas de girar utilidades acumuladas. En ese sentido, más que un fenómeno puntual, se vincula con un proceso de normalización tras años de restricciones, en los que se fue generando un stock de dividendos retenidos.
Dólares entran, pero no quedan: el Central compró fuerte y no logró acumular
Federico Glustein puso el foco en un dato central del Balance Cambiario de marzo: “El Banco Central logró sostener un saldo comprador relevante, aunque sin impacto visible en las reservas”, aseguró.
Durante el mes, la autoridad monetaria adquirió divisas por u$s 1671 millones, un resultado que contrasta con marzo de 2025, cuando había vendido u$s 1154 millones. En lo que va del año, el acumulado asciende a u$s 4386 millones.
Sin embargo, ese resultado no se tradujo en una mejora de las reservas netas. Según explicó el economista, el mes estuvo atravesado por fuertes drenajes vinculados a pagos de BOPREAL, compromisos con organismos internacionales y una caída en las tenencias en moneda extranjera de las entidades en el BCRA. Es decir, el Central compró dólares, pero no logró retenerlos.
En el frente minorista, las personas humanas mantuvieron una demanda elevada, “aunque con una leve moderación”, dijo Glustein.
Del lado comercial, el dato más relevante fue el salto en las importaciones. “En marzo se pagaron u$s 5592 millones, lo que implica un aumento del 38% respecto al mes previo”.
Para Glustein, esto refleja una mayor demanda de divisas asociada al comercio exterior, compatible tanto con una normalización de pagos como con un adelantamiento de importaciones ante un contexto de mayor acceso al mercado oficial.
A pesar de esa presión, la cuenta corriente cambiaria se mantuvo prácticamente equilibrada, con un déficit marginal de u$s 88 millones, explicado por el fuerte superávit en el intercambio de bienes.
En ese segmento, el saldo fue positivo en u$s 1737 millones, producto de exportaciones por u$s 7329 millones frente a importaciones por los mencionados u$s 5592 millones.
“En la comparación interanual, las exportaciones mostraron un crecimiento del 38% en términos de cobros, mientras que los pagos de importaciones se ubicaron 3% por debajo de los niveles de marzo del año pasado”, dijo.
Por último, el frente de servicios volvió a mostrar un saldo negativo, con un déficit de u$s 522 millones.
Dentro de ese rubro, “Viajes y pasajes” explicó una salida neta de u$s 393 millones, aunque con una particularidad: cerca del 70% de esos gastos fueron cancelados con billetes previamente adquiridos por los propios usuarios, lo que reduce el impacto directo sobre el mercado cambiario oficial.