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El tipo de cambio volvió al centro de la escena con un dólar minorista que sube 0,3% en el Banco Nación y ya alcanzó los $ 1500. Se trata de un valor clave simbólico para el tipo de cambio en un contexto en el que se siente la presión, sobre todo por el fin de las liquidaciones del agro y una merma en la emisión de Obligaciones Negociables.
Tras varios meses de relativa estabilidad cambiaria, la suba que se dio en las últimas semanas refleja una alteración en el humor del mercado. La velocidad de la escalada despertó interrogantes entre inversores y empresas sobre si se trata de una corrección transitoria o del inicio de una nueva etapa de mayor volatilidad.
Los operadores coinciden en que el avance del tipo de cambio responde a una combinación de factores: por un lado, comenzó a reducirse la oferta estacional de divisas de la cosecha gruesa, creció la demanda de cobertura y se suma un escenario internacional menos favorable. Eso, sumado al efecto estacional del aguinaldo y el alza habitual que se ve s fin de mes.
“El efecto aguinaldo es un fenómeno estacional que se da todos los años. Se activan las compras, además entramos en la época en la que llegan las vacaciones de invierno, empiezan los viajes al exterior y el tema mundial también pega”, analizó desde PR Operadores de Cambio Gustavo Quintana.
La cosecha gruesa
Al mismo tiempo, creció la demanda de cobertura por parte de empresas e inversores, en un contexto en el que se acercan definiciones políticas y persisten dudas sobre la capacidad del Banco Central para seguir acumulando reservas de manera sostenida.
A eso se suma un escenario internacional menos favorable para los mercados emergentes, con un dólar global más firme y una mayor cautela de los fondos de inversión frente a activos de riesgo.
¿Hay atraso cambiario?
La discusión sobre un eventual atraso cambiario volvió a instalarse.
Mientras algunos economistas sostienen que la apreciación real del peso acumulada en los últimos meses restó competitividad a las exportaciones y hacía esperable una corrección, otros remarcan que el movimiento aún se encuentra dentro de los márgenes previstos por el nuevo esquema cambiario y no implica necesariamente un cambio de tendencia.
El punto central, afirman, será determinar si el tipo de cambio encuentra rápidamente un nuevo equilibrio o si la presión continúa alimentando expectativas de devaluación.
El desafío para el Banco Central
El principal interrogante pasa por la reacción de la autoridad monetaria.
En el esquema actual, el Banco Central tiene menor participación directa que bajo regímenes anteriores, aunque mantiene herramientas para moderar episodios de volatilidad excesiva.
Los analistas seguirán de cerca tres variables durante las próximas ruedas:
- la evolución de las reservas internacionales;
- el volumen operado en el mercado oficial;
- las tasas en pesos y el comportamiento de los contratos de dólar futuro.
Si la suba del dólar comienza a trasladarse rápidamente a precios, también aumentará la atención sobre la política monetaria y la estrategia del Gobierno para preservar el proceso de desaceleración de la inflación.
Qué puede pasar
En el corto plazo, el mercado evaluará si los $1.500 constituyen un techo transitorio o un nuevo piso para la cotización.
El escenario más favorable para el Gobierno supone que el incremento responda principalmente a factores estacionales y que la mayor oferta de divisas financieras y una política monetaria restrictiva permitan estabilizar nuevamente el mercado.
En cambio, si persisten las dificultades para acumular reservas, aumenta la dolarización de carteras o se profundiza la incertidumbre política, la presión cambiaria podría extenderse durante las próximas semanas.
Por ahora, el consenso entre operadores es que la dinámica del dólar dependerá menos del nivel nominal alcanzado y más de la capacidad del Gobierno para sostener la confianza en el programa económico y evitar que las expectativas de devaluación se trasladen al resto de las variables financieras.