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En la última encuesta de mercado elaborada por de Bank of America, la inflación resultó ser un punto clave entre los inversores en Wall Street. Si bien la Reserva Federal (Fed) ha insistido en que se trata de un fenómeno transitorio, cada vez más inversores ponen en duda esa posibilidad.
Una suba en la inflación puede empujar a la Fed a tornarse más agresiva en su política monetaria, lo cual podría complicar también a la Argentina. Por el elevado nivel de riesgo país, el canal de trasmisión no sería vía un deterioro en los bonos sino por medio de impactos negativos en la economía real.
Las cifras de inflación de Estados Unidos han estado en el centro de la escena. En especial luego de que el segundo trimestre del año mostrara niveles de 0,9% mensual, muy por arriba de los promedios históricos y de los objetivos de la Reserva Federal.
Los aumentos registrados llevaron la inflación interanual a un nivel de 5,4% en septiembre 2021. Es una cifra equivalente a 3,5 veces el promedio de los últimos 10 años (1,6% anual).
Según la encuesta del mes de octubre elaborada por Bank of América, la mayor preocupación de los inversores es por lejos la inflación, con casi el 50% de Wall Street inclinándose por ese temor como el mayor riesgo para los mercados.
Esto representa un gran cambio respecto del mes pasado, cuando solo el 25% de los participantes veía a la inflación como el riesgo más relevante.
En segunda instancia aparece China como un factor de riesgo, cuando en septiembre casi no aparecía.
Por otro lado, las preocupaciones sobre una burbuja se redujeron respecto del mes pasado, a la vez que subió con fuerza los temores del inicio del Tapering de la Fed, cuando en septiembre dicha amenaza no estaba en el radar del mercado.
Finalmente, colapsó el riesgo de Covid entre los inversores, gracias a la caída de los contagios y muertes a nivel global.
En esa misma línea, y haciendo foco sobre la inflación, según la encuesta mensual de mercado de Bank of América, el 38% de los inversores entiende que la inflación se muestra persistente, contra un 28% del mes pasado.
Del mismo modo, el 58% de los inversores entiende que la inflación es transitoria, contra un 69% del mes pasado.
Es decir, hay cada vez menos inversores que entiende que la inflación es transitoria y cada vez más que la ven como un fenómeno permanente.
Los analistas de Schroders afirmaron que las vacantes de empleo, materiales, energía y transporte han generado un contexto de mayor presión inflacionaria.
"El aumento de las vacantes de empleo refleja la fuerte recuperación económica de las principales economías del mundo, a medida que las restricciones inducidas por Covid-19 se han aliviado gradualmente. También se ha observado escasez de materiales, energía y transporte, lo que ha provocado retrasos en el trabajo en varios sectores", comentaron.
Según datos de Schroders, los atrasos son evidentes en las encuestas de actividad comercial o en los índices de gerentes de compras (PMI).
A su vez, advierten que los tiempos de entrega de los proveedores se ubican debajo de 50, lo cual indica que las entregas tardan más en llegar a las instalaciones de las empresas respecto al mes anterior.
"El deterioro en las entregas de proveedores puede afectar a los productores de bienes y servicios y a los costos que enfrentan. Los productores pueden intentar recuperar sus costos adicionales aumentando los precios. Esta tendencia generalmente se asocia con una mayor inflación al consumidor, ampliamente seguida por los índices de precios al consumidor (IPC)", detallaron.
Sin embargo, como punto positivo, marcan que el "retraso" en las entregas implica una situación temporal. "Estos son los llamados cuellos de botella en las cadenas de suministro, en lugar de bloqueos permanentes y, eventualmente, deberían resolverse", dijeron.
Rodrigo Benítez, economista jefe de Quinquela Fondos, detalló que el principal interrogante planteado detrás de las cifras actuales de inflación es si el proceso puede definirse como transitorio o tiene detrás factores estructurales que pueden llevar a acelerar la marcha atrás de la política monetaria.
"La mayor aceleración inflacionaria por ahora luce acotada al segundo trimestre de 2021, ya que los últimos tres meses mostraron una fuerte desaceleración. Probablemente la expectativa era que la desaceleración fuera mayor, pero el ajuste no deja de ser relevante", dijo.
A su vez, el economista de Quinquela Fondos detalló que la inflación de tres meses anualizada pasó de 10,7% a 3,9% entre junio y septiembre.
"Parece un proceso acotado en el tiempo, quedando como interrogante en qué nivel se estabilizará hacia adelante, sabiendo que la meta es que vuelva a niveles inferiores al 2% anual. Esta meta luce más próxima cuando se analiza el índice sin energía ni alimentos, que ya se ubica en niveles anualizados del 2,4%", dijo Benítez.
inflación y Fed
Dada la elevada inflación actual y esperada, para el mercado hay señales que pueden anticipar un giro de la política monetaria que podría producirse antes y con mayor intensidad.
Actualmente la tasa de política monetaria se encuentra en niveles de cero a la vez que la Reserva Federal mantiene intacta el ritmo de compras de activos financieros por u$s 120.000 millones al mes.
Se espera que, con la mayor expectativa de inflación y una economía que se ha recuperado del Covid, la Fed anuncie en noviembre el inicio del programa de reducción de compras de activos financieros. Es decir, el Tapering.
La hoja de balance de la Fed más que se duplicó, pasando de u$s 3,9 billones a u$s 8,5 billones.
Lo mismo hicieron los demás bancos centrales del mundo, comprando activos financieros a un ritmo nunca visto para inyectar liquidez en el mercado en medio de la crisis del Covid, lo cual provocó una ampliación histórica de sus hojas de balance.
Entre los argumentos más solidos para empujar a la Fed a tener una postura más contractiva es el fuerte aumento en las expectativas inflacionarias por parte del mercado.
Las tasas de interés implícitas en la curva de bonos del Tesoro de Estados Unidos están mostrando una pendiente más empinada y una cercanía mayor del inicio del proceso de suba.
De hecho, las expectativas de inflación a 10 años implícitas en el mercado de bonos se dispararon la semana pasada a su nivel más alto en 15 años, en medio del último aumento en los precios de las materias primas y de la energía, con el gas y el petróleo subiendo a máximos multianuales.
Dado que algunos rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense alcanzaron máximos de varios meses la semana pasada, la demanda de bonos del Tesoro protegidos contra la inflación ha mantenido sus rendimientos relativamente estables.
De esta manera, la diferencia representa la tasa de inflación necesaria para igualar sus rendimientos.
Es decir, las expectativas de inflación a 10 años se ubicaron por encima de 2,5%, el valor más alto desde 2013 mientras que la expectativa de inflación a 2 años se ubicó en 3%, el nivel más alto desde 2003.
"El nivel de tasa de interés esperado para el período que está entre el vencimiento de los bonos a un año y dos años antes se alcanzaba recién entre los bonos de 3 y 5 años. Esto confirma que se espera una suba que se inicie antes y que sea algo más rápida con relación a las expectativas de fines de 2020 e incluso de las expectativas vigentes el mes pasado", explicó Benítez.
ARGENTINA BLINDADa POR EL RIESGO PAIS
De esta manera, un contexto de mayor inflación genera un escenario de tasas al alza en los bonos del tesoro americano. Esto es así ya que el mercado ve más chances de que la Fed tome una postura más contractiva en su política monetaria.
Por lo tanto, en un contexto de suba de tasas, los emergentes suelen ser los más vulnerables debido a que se les elevan los costos de financiamiento, a la vez que quedan endebles a una potencial suba del dólar a nivel global provocada por el rally en las tasas.
Los analistas de Balanz detallaron que la dinámica en los precios de la energía y la recuperación económica no sólo benefició a los activos cíclicos, sino que también disparó un reajuste de expectativas globales de inflación que tuvo un impacto más marcado en la renta fija y en las acciones más sensibles a las tasas de interés.
En ese contexto, desde la firma advirtieron que el segmento de emergentes fue el que mas sufrió.
"La aceleración en las tasas de interés en EE.UU., a raíz de las mayores expectativas inflacionarias, llevaron a que la renta fija en su conjunto sufriera pérdidas generalizadas. A diferencia de meses anteriores, la resiliencia de la renta fija en mercados emergentes quedó expuesta ante mayores tasas a nivel global", dijeron.
"Por el lado de las regiones, los retornos en Latam y Asia fueron parejos (-2.6%), mientras que la exposición de EMEA al petróleo llevó a los bonos de la región a mostrar mayor resiliencia después de que, en su conjunto, mostraran pérdidas de 1.8%" agregaron.
De esta manera el contexto se torna más desafiante para la Argentina, aunque analistas coinciden en que el riesgo país elevado blinda al país de los riesgos globales.
Según Rodrigo Benítez, para la economía argentina el principal canal de vinculación con el escenario internacional de mayor inflación no es todavía la tasa de interés.
"Al estar, por ahora, fuera de los mercados de deuda y con rendimientos implícitos promedio 1600 puntos básicos por encima de la tasa del Tesoro, estos movimientos tienen poco impacto", dijo.
Sin embargo, Benítez advirtió que es relevante ir entendiendo con qué mercado se va a encontrar Argentina cuando deba ir a renovar vencimientos de la deuda emitida en 2020, es decir en 2023 y 2024.
"Estas curvas anticipan que va a tener que enfrentarse a un mercado menos líquido y con tasas claramente superiores a las actuales. Independientemente de ello, el principal vínculo entre el escenario internacional y la economía local sigue siendo el precio de los commodities, en especial de la soja. Es ahí donde escenarios de suba de la tasa de interés y de eventuales flujos positivos hacia el dólar pueden debilitar al precio de nuestro principal commodity de exportación", dijo.
De esta manera, Benítez advierte que, hacia adelante, queda como riesgo principal a monitorear la evolución del precio de la soja, dependiente en el corto plazo de factores climáticos, la dinámica de la actividad en China y por ahora en menor medida de la manera en que se ajusta la política monetaria de Estados Unidos.
Finalmente, Paula Gándara, head portfolio manager de AdCap, remarcó que en el caso de que la Fed se torne más hawkish (contractiva), se presentaría un escenario que no ayuda, pero tampoco perjudica a la Argentina dada la actualidad de los bonos argentinos.
"La situación de EE.UU. está muy priceada y esperada. El aumento de inflación se da por cuestiones de cuello de botella y no lo veo como un tema de largo plazo. Puede ser que veamos una inflación alta por más tiempo de lo esperado. De todos modos, no hay nada más anticipado y esperado hoy en el mercado que el Tapering. Una Fed más hawkish ya está en los precios. De todos modos, con los niveles que operan los bonos hoy, no ayuda, pero no nos golpea. No veo una relación directa entre la deuda y la política monetaria de la Fed", remarcó.