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El dólar global se estabilizó ayer, pero se encamina a registrar su mayor caída semanal desde abril del año pasado. El movimiento se produjo luego de que Donald Trump relativizara el retroceso de la divisa durante el mes, una señal que fue interpretada por el mercado como luz verde para profundizar las ventas de dólares.
El índice dólar (DXY), que mide el desempeño del billete estadounidense frente a una canasta de seis monedas, subía 0,2% hasta 96,114 unidades, aunque se mantenía cerca de mínimos de cuatro años. Desde el miércoles pasado acumula una caída cercana al 2,8%, la peor desde el episodio de volatilidad del llamado “Día de la Liberación” en abril.
El debilitamiento del dólar se dio en un contexto de creciente nerviosismo de los inversores por su exposición a activos estadounidenses.
En paralelo, otras monedas y el oro mostraron fuertes subas en las últimas dos semanas, lo que expone una rotación hacia activos reales y mercados no denominados en dólares, mientras el mercado espera definiciones de política monetaria por parte de la Reserva Federal (Fed).
Viajar al exterior, ya sea a Europa o a los Estados Unidos, resulta relativamente menos costoso en términos de poder de compra
Trump afirmó el martes que el valor del dólar era “excelente” cuando se le preguntó si consideraba que había caído demasiado. Para los operadores, esos comentarios reforzaron la idea de que el inquilino de la Casa Blanca está dispuesto a tolerar —e incluso buscar— un dólar más débil, especialmente si eso mejora la competitividad externa de su economía.
Caída de turbulencias y menos pánico
Renato Campos, CEO de GH Trading, explicó a El Cronista que “un dólar más débil no es casual: responde a expectativas de tasas más bajas en Estados Unidos, a la necesidad de sostener el crecimiento y a una estrategia implícita para aliviar tensiones financieras”.
Según detalló, “cuando el dólar afloja, el sistema financiero internacional se relaja”, un fenómeno que históricamente suele jugar a favor de los mercados emergentes.
Campos remarcó que el DXY se encuentra cerca de mínimos de cuatro años y que, más allá de lo técnico, “Estados Unidos está tolerando, y en gran parte buscando, un dólar más débil”. Ese contexto global, sostuvo, “tiene efectos directos sobre Argentina y, especialmente, sobre la vida cotidiana”.
La Argentina no se vuelve de repente un destino confiable, pero deja de estar completamente excluida”, lo que abre una ventana acotada para el comercio, el financiamiento y el ingreso de dólares.
En el plano local, el primer impacto es cambiario. Un dólar globalmente débil reduce la presión estructural sobre las monedas periféricas. “No fortalece al peso ni elimina los problemas locales, pero sí baja la intensidad de los shocks externos”, señaló. Para el argentino de a pie, esto se traduce en menos escenarios de pánico importado y una dinámica cambiaria algo más previsible.
Además, con un dólar internacional bajo, “aumenta el apetito por riesgo y los mercados emergentes vuelven al radar”. Argentina, aclaró Campos, “no se vuelve de repente un destino confiable, pero deja de estar completamente excluida”, lo que abre una ventana acotada para el comercio, el financiamiento y el ingreso de dólares.
También mencionó efectos sobre el poder de compra y el turismo: “Un dólar más débil encarece menos viajar a Europa y reduce el atraso cambiario relativo sin necesidad de ajustes acelerados”.
El límite del efecto externo
Desde una mirada más cauta, Leo Anzalone, director del CEPEC, sostuvo que “en el caso argentino el impacto directo es acotado”. Si bien reconoció que el efecto positivo existe, aclaró que se da “muy en el margen”.
Entre los canales favorables mencionó la suba de los commodities, relevante para la generación de divisas, la reducción de tensiones en el tipo de cambio y una mejora en las condiciones financieras externas que puede ayudar a revalorizar activos locales y a bajar el riesgo país.
“Con un dólar internacional flojo, las monedas emergentes tienden a apreciarse o, al menos, a estabilizarse, lo que le da más margen al Banco Central”, explicó.
Sin embargo, Anzalone subrayó que para la Argentina “es mucho más importante lo que suceda, por ejemplo, con el real”. En ese sentido, señaló que la moneda brasileña volvió a niveles de septiembre de 2025: “Un real un poco más fuerte que hace unos meses, pero en línea con lo histórico, nada disruptivo como cuando la moneda brasileña devaluó a principios de 2025”.
Turismo, activos y señales políticas
Emanuel Juárez, analista de mercados de HFM, coincidió en que un dólar globalmente débil juega a favor de Argentina en varios frentes. Para el consumo, destacó que “implica que viajar al exterior, ya sea a Europa o a Estados Unidos, resulta relativamente menos costoso en términos de poder de compra”.
A nivel macro, Juárez explicó que “un dólar más débil suele fortalecer a las monedas emergentes y mejorar el apetito por activos de riesgo”, lo que le da algo más de aire a países como Argentina en materia financiera.
Además, sostuvo que, si Estados Unidos prioriza un dólar más débil para ganar competitividad, “eso reduce la presión externa sobre el dólar a nivel global y puede contribuir a un contexto internacional algo más benigno para economías con restricciones cambiarias”.
Según el analista, la presión bajista actual sobre el DXY tiene un origen claro: “está detrás de los comentarios de Trump, cuando dijo que no le importa ver al dólar débil, ya que eso beneficia a las exportaciones en Estados Unidos”, concluyó.