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Cuando alguien abre por primera vez una cuenta en un banco o un broker y entra al menú de inversiones, puede encontrarse con una lista difícil de ordenar, con un abanico que incluye desde Fondos Comunes de Inversión (FCI), Cedears y bonos, a Obligaciones Negociables, acciones.

La primera reacción suele ser buscar cuál rindió más, pero comparar únicamente los porcentajes de ganancia puede llevar a una conclusión equivocada, ya que dos inversiones pueden haber obtenido rendimientos similares y, sin embargo, tener riesgos, plazos, liquidez y objetivos completamente diferentes.

Por eso, antes de elegir un instrumento aparece una pregunta más básica: ¿para qué se necesita ese dinero? Y la respuesta puede cambiar completamente la decisión.

Joaquín Tarallo, portfolio manager de la firma de servicios financieros Tarallo, realizó una definición para entender la función de cada instrumento: “Los FCI y los ETF responden a una pregunta de exposición general o temática: ¿a qué mercado, sector o estrategia quiero exponer mi capital?”.

La misma lógica permite ordenar el resto de las alternativas. Un Fondo Común puede servir para delegar la administración, un Cedear para invertir en una empresa o mercado internacional y un bono para buscar una determinada corriente de renta.

Fondo Común: cuando la decisión es delegar

Un Fondo Común de Inversión no es necesariamente una apuesta por un activo determinado. Es un vehículo que reúne dinero de distintos inversores y permite acceder a una cartera administrada profesionalmente.

Según explicó Rodrigo Fregenal de REF Capital la principal diferencia frente a una cartera a medida está en “quién gestiona la estrategia y cómo se ejecuta”.

En un FCI, el inversor puede decidir qué tipo de exposición busca. Por ejemplo, puede optar por una estrategia vinculada con inflación, dólar o tasas en pesos. Pero la selección individual de los activos y la ejecución diaria quedan en manos de un Portfolio Manager.

En lugar de comprar y vender cada bono o acción por separado, el inversor suscribe o rescata la participación del fondo.

Tarallo agrega otro punto relevante para quienes recién empiezan. Los FCI permiten implementar estrategias de inversión sin tener que resolver individualmente qué activo comprar dentro de esa estrategia.

Si el objetivo es protegerse frente a la inflación mediante instrumentos CER, buscar cobertura cambiaria mediante una cartera de dólar linked o hard dollar o simplemente administrar liquidez, existen fondos con estrategias diferentes para cada necesidad.

El dato que hay que mirar antes de elegir un Fondo

Que un FCI sea administrado por profesionales no significa que todos sean iguales. Uno de los errores más habituales sería mirar únicamente el rendimiento reciente.

Fregenal recomienda prestar atención a tres variables: el costo, el riesgo y las condiciones de rescate. Tarallo agrega una cuarta que resulta fundamental: el horizonte de permanencia recomendado.

El problema aparece cuando el plazo en el que el inversor necesita recuperar el dinero no coincide con el horizonte de los activos que tiene el fondo.

Un fondo puede tener una estrategia adecuada para quien piensa mantener su inversión durante un determinado período, pero no necesariamente para alguien que puede necesitar esos pesos de manera inmediata.

Por eso, la pregunta no es solamente cuánto rindió. También es cuándo se puede retirar el dinero y qué puede ocurrir con su valor durante el período de permanencia.

Cedear: cuando la apuesta está en una empresa o un mercado

Los Cedears responden a una necesidad diferente. Permiten acceder desde el mercado argentino a acciones de compañías que cotizan en el exterior y, en algunos casos, a ETF que replican índices o sectores.

Pero acá aparece una diferencia que Tarallo considera fundamental. No es lo mismo comprar un Cedear individual que buscar exposición a través de un ETF.

Un ETF sobre el S&P 500, por ejemplo, permite acceder mediante una sola operación a una cartera diversificada de empresas.

En cambio, un Cedear de una compañía individual responde a una pregunta mucho más específica: ¿en qué empresa quiero invertir?

Eso cambia el riesgo. Comprar un Cedear de Apple, Tesla o Coca-Cola significa quedar expuesto al comportamiento de una compañía determinada. El resultado dependerá de su negocio, sus balances, su sector y las expectativas del mercado sobre esa empresa.

En un ETF diversificado, en cambio, el resultado no depende de una sola compañía. Diversificar no significa necesariamente ganar menos

La diferencia es importante porque existe una confusión frecuente. Una cartera diversificada no tiene como objetivo necesariamente conseguir una rentabilidad inferior a una inversión concentrada.

Busca reducir el impacto que tendría sobre el patrimonio que una sola posición tenga un comportamiento negativo.

Tarallo señala justamente que los ETF permiten acceder a una canasta diversificada en una sola operación, reduciendo el riesgo específico de cada empresa.

Eso no elimina las pérdidas posibles. Si cae todo el mercado al que está expuesto el ETF, el fondo también puede perder valor.

La diferencia es que el inversor no depende exclusivamente del resultado de una compañía.

Bono: cuando se busca una corriente de renta

Los bonos cumplen una función diferente. En lugar de comprar una participación en una empresa, el inversor presta dinero a un Estado, una provincia o una compañía.

A cambio, el título establece determinadas condiciones de pago, que pueden incluir intereses y la devolución del capital en una fecha determinada.

Por eso, una de las preguntas centrales al elegir un bono es qué flujo de fondos se espera recibir y cuándo.

No es lo mismo prestar dinero al Estado nacional que a una provincia o a una empresa. Cada uno tiene un riesgo de crédito diferente.

Un bono puede perder valor en el mercado secundario antes de su vencimiento si cambian las tasas, aumenta la percepción de riesgo sobre el emisor o se modifica la demanda por ese título.

Por eso, quien compra un bono debe tener claro si piensa mantenerlo hasta el vencimiento o si podría necesitar venderlo antes.

El mismo inversor puede utilizar los tres

La elección no necesariamente obliga a quedarse con una sola herramienta.

Una persona puede utilizar un Fondo Común para administrar la liquidez que podría necesitar en el corto plazo, mantener bonos para buscar determinados flujos de renta y utilizar Cedears para tomar exposición a empresas o mercados internacionales.

También puede combinar un FCI con una cartera propia.

Fregenal remarca que ambas estrategias no son excluyentes. Una cartera puede combinar instrumentos individuales con fondos comunes, aprovechando la gestión profesional y la diversificación que ofrecen estos últimos. La clave está en que cada posición tenga una función.

Cinco preguntas antes de mirar cuánto rindió

Antes de elegir una inversión, entonces, conviene responder algunas preguntas.

  • ¿Para cuándo voy a necesitar el dinero?
  • ¿Cuánto estoy dispuesto a tolerar que fluctúe su valor?
  • ¿Busco renta o crecimiento del capital?
  • ¿Quiero elegir personalmente cada activo o prefiero delegar?
  • ¿Necesito disponer rápidamente del dinero?

Con esas respuestas se reduce bastante el universo de alternativas.

Por eso, comparar un FCI, un Cedear y un bono solamente por su rendimiento histórico es parecido a comparar un auto, una bicicleta y un avión preguntando cuál es más rápido.

Depende de adónde se quiere llegar.