Unas semanas atrás en casa de unos amigos en el estado estadounidense de Maryland, escuché a su hija adolescente (a la que llamaré Julia) quejarse de sus últimos exámenes de colegio. Contaba que no la había fallado en las evaluaciones con multiple choice ni los trabajos que debió presentar. El golpe llegó cuando los examinadores le pidieron que escriba su nombre y una pequeña oración en letra cursiva.
No importa que Julia, de 16 años, supuestamente aprendió a escribir en cursiva hace ocho años en su escuela; o que en el mundo occidental ese tipo de letra hace mucho tiempo que es un estándar educativo. Ella casi nunca usa la letra manuscrita. Y sus amigos tampoco.


Durante la vacaciones hice encuesta informal a adolescentes estadounidenses que conocía y casi todos afirmaron que escriben en letra de imprenta.


Los chicos y adultos jóvenes me aseguraron que "nadie escribe en cursiva" y ni hablar de las lapiceras de pluma; no se acordaban que existían.


Bienvenido a una de las divisiones más sutiles e interesantes que se está abriendo a raíz del avance de la tecnología. Cuando tenía la edad de Julia, y estudiaba en una escuela británica hace casi tres décadas, daba por sentado que los adultos escribían en cursiva. La letra de imprenta era infantil y me llevaba más tiempo escribirla.


La mayoría de la gente de treinta años o más probablemente tenga instintos similares, en particular en el Reino Unido. El programa de estudios británico todavía exige que los niños aprendan cursiva en la escuela primaria, y la mayoría de los colegios secundarios consideran que también debe ser la norma para los adolescentes. Mientras tanto, en países como Alemania es obligatorio que los alumnos aprendan una cursiva muy complicada llamada die Schreibschrift, aunque el sindicato de docentes está pidiendo que la simplifiquen.


Pero en Estados Unidos cada vez se usa menos la letra manuscrita debido a la proliferación de computadoras y dispositivos móviles y los estudiantes tienden a entregar sus trabajos tipeados. Oficialmente, todavía se enseña en muchos estados: en una encuesta realizada en 2007 a maestras de primero a tercer grado de los 50 estados, el 90% afirmó que todavía lo hace. Sin embargo, los Estándares Estatales Comunes de 2009, que constituyen el documento que intenta unificar el programa de estudios en todo Estados Unidos, no establece como obligación que los alumnos escriban en cursiva. Y algunos estados, como Hawai, formalmente la dejaron de lado para concentrarse en las habilidades con el teclado.


"En las escuelas estadounidenses se enseñó a escribir en cursiva durante más de 300 años y alguna vez fue la principal manera de comunicación. Sin embargo, desde 1970, su importancia en el plan de estudios de la escuela primaria ha disminuido," indica un informe de la oficina distrital de escuelas de Miami. "Eso se debe al mayor uso de la tecnología, la creciente proporción del horario de clase dedicada a preparar tests estandarizados, y la percepción de que el tiempo que los alumnos tardan en escribir en cursiva podría emplearse mejor en contenido educactivo más rico."


¿Tiene eso importancia? Las opiniones están fuertemente divididas. En Indiana, algunos políticos locales se sienten tan enojados que están presentando un proyecto ante el cuerpo legislativo que obliga el uso de la letra manuscrita en las escuelas. Eso se debe en parte a que temen que la tendencia refleje una mayor caída de los niveles educativos. También preocupa que los chicos queden alejados de su historia (si uno quiere leer el documento original de la Declaración de la Independencia del país, debe saber leer un texto manuscrito).


Otro temor tiene que ver con la seguridad. "Si uno no puede escribir en cursiva, ¿cómo hace para firmar un documento legal?," se pregunta Jean Leising, senador republicano por Indiana que introdujo el proyecto en ese estado.


Sin embargo, muchos docentes aseguran que en el mundo digital, es una pérdida de tiempo obligar a los chicos a escribir en un tipo de letra que prácticamente no usarán; la mayor prioridad debería ser el contenido educativo, y lograr que los chicos estén preparados para la era de las computadoras. Argumentan algo así como que lo que realmente importa en la economía global de hoy son los teclados, no la caligrafía.
Personalmente, tiendo a inclinarme por el segundo bando. Si bien escribo en cursiva, me resulta mucho más tedioso porque en mi vida de adulta tipeo mis ideas en una computadora o tomo apuntes con los signos taquigráficos que aprendí cuando recién empecé a trabajar como periodista.


Pero cualquiera sea la opinión personal, el punto es éste: lo que está sucediendo con la cursiva nos recuerda, una vez más, el potencial que tiene la tecnología moderna de poner patas para arriba lo que nosotros damos por sentado, y de crear nuevos y sutiles tipos de divisiones sociales. La próxima vez que tenga que firmar, escriba o no en cursiva, vale la pena reflexionar sobre eso.