Con halagos, persuasión y argumentos cuidadosamente formulados, los líderes europeos pasaron gran parte de los últimos 12 meses intentando, con urgencia, ganarse el respeto de Donald Trump.
Esta mañana despertaron y vieron esos esfuerzos devueltos como un boomerang, cuando el presidente de Estados Unidos pasó de amenazar al continente a la burla abierta.
En el lapso de una hora, publicó capturas de pantalla de mensajes de texto serviles del presidente francés Emmanuel Macron y del secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Acusó al primer ministro británico Keir Starmer de incurrir en una “GRAN ESTUPIDEZ” y difundió una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparece plantando una bandera estadounidense en Groenlandia.
Nathalie Tocci, directora del Instituto de Asuntos Internacionales de Roma, afirmó que Trump estaba utilizando deliberadamente el ridículo como un arma. “Se trata de sumisión”, dijo. “Hacés que la gente se someta mediante la coerción y mediante la burla y el menosprecio”.
La andanada de insultos profundizó la sensación de conmoción e indignación en las capitales europeas, que ya venían golpeadas por el impacto de un presidente que buscó humillar y debilitar a Ucrania en su defensa frente a la invasión rusa, castigó a la Unión Europea con aranceles punitivos como parte de su guerra comercial global y trató de socavar a los gobiernos electos del continente apoyando a populistas de extrema derecha.
La magnitud de la crisis transatlántica se agravó notablemente en las últimas semanas, desde que Trump redobló sus promesas de hacerse con Groenlandia y amenazó con imponer aranceles a ocho países europeos después de que enviaran tropas a un ejercicio militar en la isla ártica.
Emily Haber, exembajadora de Alemania en Washington, sostuvo que Trump estaba rompiendo “casi todas las normas de la diplomacia tradicional”. “Ha alcanzado un nuevo nivel, especialmente en el contexto de Groenlandia”, agregó.
El uso de la burla por parte de Trump, incluso contra países que se supone son aliados cercanos de Estados Unidos, no es un fenómeno nuevo.
Durante su primera campaña presidencial y su primer mandato, mostró una marcada antipatía hacia la entonces canciller alemana Angela Merkel, a quien calificó de “insanas” sus políticas, dijo que estaba “arruinando” Alemania y que la opinión pública se estaba “volviendo en su contra”.
“Les dije que la revista TIME nunca me elegiría persona del año pese a ser el gran favorito. Eligieron a la persona que está arruinando Alemania”, escribió en diciembre de 2015.
También llamó “muy deshonesto y débil” al entonces primer ministro canadiense Justin Trudeau durante una cumbre del G7 en 2018, y criticó a la británica Theresa May por su manejo “muy desafortunado” del Brexit.
Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, renovó su desprecio. Trump se refirió a España como miembro del grupo BRICS de mercados emergentes, un comentario que en Madrid algunos interpretaron como un desaire deliberado. También se burló de líderes mundiales por “besar mi trasero” en sus intentos de asegurar acuerdos comerciales con Estados Unidos antes de que entraran en vigor fuertes aranceles.
Pero Trump elevó aún más la apuesta al intensificar su campaña para adquirir Groenlandia, que el lunes vinculó a su fracaso para obtener el Premio Nobel de la Paz. “Ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz”, dijo, y agregó que “el mundo no está seguro a menos que tengamos un control completo y total de Groenlandia”.
La semana pasada ridiculizó a Dinamarca por sus esfuerzos para proteger el territorio, al afirmar que su defensa de la isla equivalía a “dos trineos tirados por perros”.
En una nueva ofensiva publicada en su plataforma Truth Social durante la madrugada del martes en Europa, compartió una imagen manipulada que mostraba a Starmer, Macron, Rutte y otros líderes europeos observando atentamente al presidente estadounidense, sentado junto a un mapa que incluía a Canadá y Venezuela como parte del territorio de Estados Unidos.
Otra imagen lo mostraba, junto al vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, conquistando Groenlandia.
Trump también arremetió contra Starmer por su plan de ceder las islas Chagos a Mauricio y alquilar una base militar clave a Estados Unidos, calificándolo como un “acto de gran estupidez por NINGUNA RAZÓN”, pese a que el propio gobierno de Trump había dado previamente su visto bueno al plan.
Horas antes, al ser consultado por la renuencia de Macron a sumar a Francia a una “Junta de la Paz” liderada por Estados Unidos para supervisar Gaza, Trump dijo que nadie quería al presidente francés “porque va a dejar el cargo muy pronto”. También amenazó con aranceles para presionar a Macron: “Lo que voy a hacer es que, si se muestran hostiles, les pondré un arancel del 200% a sus vinos y champagnes”.
Otros altos funcionarios estadounidenses también se sumaron a las burlas. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, se mofó de los europeos y de su “temido grupo de trabajo europeo” sobre cómo responder a la amenaza de aranceles de Trump por Groenlandia.
Sir Peter Westmacott, exembajador británico en Washington, afirmó que el presidente estadounidense estaba actuando como un gánster. “La respuesta al presidente Macron, en particular, fue lenguaje propio de una extorsión mafiosa”, sostuvo.
Mientras tanto, los adversarios de Europa ni siquiera intentaron ocultar su satisfacción. El alto funcionario ruso Kirill Dmitriev compartió una de las imágenes manipuladas de Trump y describió a la “coalición de los dispuestos” sobre Ucrania como una “coalición de los castigados”.
Las opiniones están divididas sobre cómo responder a esta ofensiva.
Francia, ya de por sí uno de los Estados de la UE más firmes frente a Trump, optó por el toma y daca. Utilizando una cuenta creada por el Ministerio de Asuntos Exteriores para emplear memes y sátira contra Rusia y China, se burló de Bessent por su afirmación de que era mejor que Estados Unidos actuara ahora en Groenlandia porque se vería “arrastrado” si Rusia atacaba la isla. “Si algún día hubiera un incendio, los bomberos intervendrían; entonces, mejor prender fuego la casa ahora”, escribió.
Otros, sin embargo, advirtieron que ese no era el camino correcto. Haber sostuvo que Europa no debería responder con “músculo, fanfarronería e indignación pública o incluso burla”. En cambio, afirmó que los líderes del continente deberían “actuar y hacerlo de manera muy discreta en público. Es la única forma de encontrar una salida”.
Tocci coincidió en que ignorar los insultos suele ser la mejor respuesta, ya sea frente a un matón del patio de recreo o frente a un presidente de Estados Unidos. Pero también subrayó que Europa debe fortalecerse. “Si empezás a practicar tu kung fu, en algún momento le pegás una trompada”, concluyó.
