El presidente Luiz Inácio Lula da Silva está bajo presión para anunciar recortes presupuestarios, a medida que se dispara la ansiedad de los inversores por el manejo de la economía de Brasil, después de que la sorpresiva reelección del político de izquierda desencadenara un fuerte derrumbe en los mercados.

La preocupación por las finanzas públicas bajo el gobierno de Lula llevó al real brasileño a desplomarse 8% frente al dólar estadounidense el lunes, en su peor jornada desde 1999, y al índice bursátil de referencia Bovespa a perder 13,9%.

“Un plan fiscal creíble requerirá tanto una mejor recaudación [de impuestos] como recortes del gasto”, afirmó Pablo Riveroll, gestor de fondos y jefe de acciones latinoamericanas de Schroders.

El real subió 1% en la apertura del martes y operaba en torno a R$ 5,36 por dólar. Las acciones mostraban pocos cambios en São Paulo.

Brasil tiene un elevado déficit fiscal, de 9,5% del PBI, y altos niveles de deuda, factores que, según gestores de fondos y economistas, están detrás de sus elevadas tasas de interés.

El desarme de las apuestas de los inversores por un gobierno rival de Flávio Bolsonaro, más favorable a las empresas, también contribuyó a la venta masiva del lunes, pero las medidas generosas que el presidente prometió durante su campaña por la reelección alimentaron las preocupaciones del mercado.

Se estima que esas medidas, que van desde la condonación de deudas hasta el aumento de beneficios sociales, implican unos R$ 298.000 millones (u$s 55.000 millones) este año, según el Instituto Fiscal Independiente, un organismo apartidario vinculado al Senado.

“El gasto social anunciado durante la campaña no tiene fuentes de financiamiento claras, y mucho menos los fondos para alcanzar un superávit [presupuestario]”, agregó Riveroll.

Los analistas de JPMorgan sostuvieron en un informe del lunes que las restricciones al gasto por sí solas serían “insuficientes”.

“Creemos que lograr mejores resultados fiscales requerirá reformas para hacer frente a las crecientes presiones sobre los gastos obligatorios”, señaló el banco, aunque reconoció que existen “obstáculos” para que el presidente apruebe ese tipo de medidas.

Los rubros obligatorios, entre ellos la seguridad social y los salarios, consumen cerca de nueve décimas partes del presupuesto de Brasil, lo que le deja al gobierno poco margen de maniobra sin cambios legislativos.

Lula, que gobernó entre 2003 y 2010, amplió los impuestos y el gasto durante su actual tercer mandato para estimular el crecimiento económico. Pero los críticos sostienen que la laxa postura fiscal obligó al banco central a mantener una política monetaria restrictiva, con su tasa de referencia en 13,75%.

Las medidas generosas que Lula prometió durante su campaña por la reelección alimentaron las preocupaciones del mercado.Ricardo Stuckert (Instagram)

Los economistas afirman que el déficit presupuestario debe reducirse para evitar una nueva suba de la deuda, que, con 83% del PBI, es relativamente alta para un país en desarrollo.

Bolsonaro se había comprometido a encontrar ahorros por alrededor de 2% del producto económico. El equipo de Lula estaba evaluando un paquete de restricciones al gasto para mejorar la trayectoria de la deuda y restablecer la confianza de los inversores, según informes de medios locales. El gobierno no respondió a los pedidos de comentarios.

El ministro de Hacienda, Dario Durigan, dijo el martes que el gobierno estaba preparando nuevas propuestas fiscales para cumplir con las metas, sin dar detalles.

Una recuperación sostenida de la moneda dependería de reducciones del gasto y de un camino “creíble” para estabilizar la deuda pública, más que de medidas puntuales o de un mero “cambio de retórica”, afirmó Thomas Haugaard, gestor de cartera de deuda de mercados emergentes de Janus Henderson.

“La atención ahora se traslada al equipo económico y al plan fiscal de Lula”, agregó. “Los mercados buscarán nombramientos creíbles, respaldo político y un ajuste cuantificado, basado en el gasto y con apoyo del Congreso”.

Un papel clave lo tendrá el próximo ministro de Hacienda. Un nombre que circula dentro del Partido de los Trabajadores de Lula es el de Rafael Fonteles, gobernador del estado de Piauí. “El presidente está comprometido con equilibrar las cuentas públicas”, dijo el lunes a la emisora local GloboNews.

Pese a la derrota de Bolsonaro, los amplios avances de la derecha en las elecciones legislativas de principios de este mes les dieron a los inversores cierta esperanza de que el Congreso pueda actuar como freno a los impulsos derrochadores dentro del gobierno.

Leonardo Meira Reis, de la consultora Eurasia Group, dijo que espera que Lula proponga un ajuste fiscal “modesto”, pero agregó: “No creemos que un primer paquete [de recortes del gasto] sea suficiente para calmar a los mercados”.