Camprodón, en la comarca del Ripollès (Girona), es un pueblo donde la historia y la montaña se cruzan. El río Ter atraviesa su casco antiguo y el paisaje pirenaico marca el ritmo de la vida local. No es solo un destino de naturaleza. Es también un enclave con más de mil años de historia.
Aquí se levanta un monasterio del siglo X que dio origen al municipio y se producen las galletas más antiguas de España aún en activo. Esa combinación de patrimonio medieval y tradición gastronómica explica por qué Camprodón se ha convertido en una referencia para quienes buscan una escapada diferente en Cataluña.
El monasterio del siglo X que dio origen a Camprodón
El Monasterio de Sant Pere de Camprodón fue fundado en el año 904 por el conde Wifredo II de Besalú, según el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña.
Durante la Edad Media fue un centro religioso y político clave en el Pirineo oriental. Aunque el edificio original sufrió transformaciones, todavía conserva elementos románicos que permiten entender su importancia histórica.
El crecimiento urbano del pueblo comenzó alrededor de este monasterio. Calles estrechas, pequeñas plazas y edificios de piedra mantienen el trazado medieval. El nombre Camprodón, que significa “campo redondo”, remite a ese origen.
A pocos pasos se encuentra el Pont Nou, un puente de piedra del siglo XII que cruza el río Ter. Es la imagen más reconocible del municipio y uno de los rincones más fotografiados.
Hogar de la fábrica más antigua de España
En 1893, Joaquim Birba fundó una pequeña empresa pastelera que hoy es parte esencial de la identidad local. Las galletas Birba siguen fabricándose en Camprodón más de 130 años después.
La marca ha mantenido recetas tradicionales y un estilo reconocible. Sus cajas metálicas decoradas forman parte del recuerdo de varias generaciones. No es solo un producto turístico. Es una empresa histórica que continúa activa.
La continuidad de esta fábrica convierte a Camprodón en uno de los pocos pueblos donde conviven patrimonio medieval y tradición industrial centenaria. La gastronomía aquí no es un añadido. Es parte del relato del lugar.
Historia y naturaleza en una escapada rural al Pirineo
Más allá del monasterio y de su tradición repostera, Camprodón es puerta de entrada al valle homónimo. Se sitúa a unos 950 metros de altitud y ofrece rutas de senderismo y ciclismo en plena naturaleza.
El casco antiguo combina arquitectura medieval con edificios modernistas. Pasear por sus calles permite descubrir balcones de hierro forjado y fachadas de piedra que reflejan siglos de historia.
En invierno, la cercanía a la estación de Vallter 2000 amplía la oferta para quienes buscan nieve y deporte de montaña.
La fuerza de Camprodón no está en un único atractivo. Está en la suma. Un monasterio del siglo X, una fábrica de galletas fundada en el siglo XIX y un entorno natural de alta montaña. Tres capas distintas que conviven en un mismo pueblo y que explican su peso dentro de las escapadas rurales en Cataluña.