El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defendió este jueves la “prudencia” del Ejecutivo frente a quienes implican a Marruecos en la crisis migratoria de Ceuta, y aseguró que no tiene “la mínima intención de desencadenar un conflicto diplomático de primer orden” con el país vecino.
En su comparecencia ante el pleno del Congreso para abordar la gestión de la crisis, Sánchez sostuvo que su Gobierno mira “de igual a igual” a todas las potencias extranjeras, pero insistió en que no iniciará un conflicto sin tener “hechos sólidos” que evidencien la participación de un tercer Estado. “A día de hoy no es el caso”, recalcó, ante los ataques de la oposición y la incomprensión de sus socios.
Por qué Sánchez descarta actuar contra Marruecos por ahora
El presidente reiteró que “no hay pruebas” de que la entrada masiva de migrantes del 30 de julio fuera “diseñada o ejecutada” por las autoridades marroquíes. Si las tuviera, afirmó, actuaría “con total contundencia, como exige la situación”, y subrayó que su Gobierno “no tiene miedo a enfrentarse a otros poderes extranjeros”.
Para justificar su cautela, Sánchez recordó la guerra de Irak, que llevó a España a participar en “una guerra ilegal con pruebas falsas”. Según señaló, a día de hoy ninguna institución o gobierno internacional ha aportado “evidencias sólidas” de que Marruecos planificara lo sucedido.
Eso sí, reconoció que la cooperación con el país vecino “tiene que ser diferente” tras lo ocurrido, y avanzó que el Gobierno está revisando todos los “mecanismos de coordinación y alerta” con Marruecos para “construir garantías adicionales”.
La respuesta ante los “indicios” sobre Rabat
Preguntado por la líder de Podemos, Ione Belarra, que le acusó de proteger a Marruecos, Sánchez lo negó y defendió que lo que protege es “la prudencia” y “una mirada de Estado”. No obstante, se comprometió a responder si se concretan las sospechas: “Cuando se vayan aclarando las dudas y los indicios que ahora mismo están sobre la mesa, iremos respondiendo de manera contundente”.
De hecho, desveló que el Gobierno ya convocó a la embajadora marroquí en España para expresarle su queja tras las declaraciones de dos ministros de Marruecos, los de Justicia y Asuntos Islámicos, que en las últimas semanas han reivindicado la soberanía sobre Ceuta y Melilla. Sánchez defendió una política no de apaciguamiento, sino de “buena vecindad” con “líneas rojas”, como la soberanía española de ambas ciudades.
El duro choque con Feijóo y la oposición
La comparecencia derivó en un enfrentamiento de gran dureza con la oposición. Sánchez calificó de “ruin” al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, al que acusó de intentar “sacar tajada” de la crisis para azuzar el miedo y frenar la fuga de votantes hacia Vox. “Usted no sabe nada de gestión migratoria; no le importa”, le reprochó, tras preguntarle si él habría ordenado a las fuerzas de seguridad “disparar y matar a cientos o miles de jóvenes”.
El presidente también tachó de “hipócrita” la actitud de Feijóo, al que atribuyó “oportunismo” y “cinismo”, y cargó contra el líder de Vox, Santiago Abascal, al que acusó de pretender “enturbiar” la crisis. En su defensa, reprochó que cuando gobierna la derecha se pueda llamar a Rabat “socio” y “amigo”, como hizo Mariano Rajoy, y que cuando gobierna la izquierda se le trate de “vendido”, pese a que en aquella época entraban de forma irregular casi el doble de migrantes a Ceuta y Melilla.
Frente a lo que definió como “discursos matonistas de patio de colegio”, Sánchez reivindicó “prudencia, sentido común y templanza”, y garantizó que, mientras sea presidente, defenderá la integridad territorial “con toda la fuerza del Estado”.