El 6 de julio, tras el tradicional grito de “¡Viva San Fermín”! dio comienzo a la fiesta más popular y famosa internacionalmente de Navarra desde que Ernest Hemingway la inmortalizó en su novela `Fiesta´.
Sin embargo, esos nueve días que duran los Sanfermines son mucho más que encierros, pañuelos rojos anudados al cuello y cervezas: generan una inyección importante de dinero tanto para las arcas municipales como para los empresarios de la hostelería.
El impacto de San Fermín y la alta asistencia
Si bien es cierto que no es la más lucrativa de las celebraciones que cada año se desarrollan en España, sí ocupa un sitio destacado en el cuadro de honor que aglutina a las top ten. Aunque el impacto global de las fiestas, que se calcula en 259,4 millones de euros, de acuerdo a un estudio de Bankinter al que tuvo acceso El Cronista España, ubica a los navarros a bastante distancia por detrás del Orgullo LGTBI, que justamente un día antes del chupinazo se despidió de Madrid, y cuyas carrozas generaron unos 600 millones de euros, dinero que dejaron los más de 1,5 millones de visitantes.
Así las cosas, el balance de los sanfermines del año pasado dice que en los actos organizados participaron 1,6 millones de personas, lo que supone que cada asistente acudió, de media, a cuatro actividades, aunque hay un evento al que prácticamente nadie quiere faltar: el tradicional chupinazo.
Por otra parte, la dimensión internacional de San Fermín vuelve a ponerse de manifiesto en 2026 con la acreditación de 600 periodistas procedentes de 13 países para cubrir informativamente las fiestas.
Una curiosidad: los residentes son los que más gastan
En efecto, a los analistas del banco les llama la atención que el pasado año, el gasto medio de los visitantes fue de 412,2 euros, una cifra inferior a la de los residentes, que alcanzó los 511,6 euros.
En tanto, la estancia media de los visitantes se situó en 3,27 días, mientras que la de los residentes fue de 6,41 días. “Esto supuso que todos los establecimientos hoteleros de Pamplona y sus alrededores estuvieran abarrotados”. “Pero”, destaca el informe a continuación, “no solo los hoteles: también las casas de familiares y amigos se llenaron, ya que un 29,7 % de los visitantes pernoctó en ellas.
En cuanto a los medios de movilidad utilizados por los visitantes para acudir a San Fermín, predomina con holgura el transporte público con un 41,8% de las preferencias, porcentaje que se repartió entre aquellos turistas que optaron por el tren o en autobús de línea.
Para Bankinter, este dato pone de manifiesto una cierta prudencia, ya que durante San Fermín apenas tiene sentido utilizar el coche, por lo difícil que resulta circular por Pamplona, sobre todo por el casco viejo de la ciudad.
Otra de las preferencias que más se destaca de los visitantes es que la mayoría (40%) elige disfrutar de la fiesta con amigos; mientras el 25,7%, en familia y otro 17,4%, en pareja. Los solitarios están en minoría con el 9,3%. Sin embargo, un 7,2% opta por combinar varias opciones.
San Fermín en cifras
Según un estudio realizado por el Ayuntamiento de Pamplona, en 2025 participaron en las fiestas 424.369 personas entre los días 6 y 14 de julio.
El país vecino, Francia, fue la nación que más visitantes aportó (27,1%), seguido de Estados Unidos con diez puntos porcentuales menos (17,8%). A continuación se situaron Reino Unido y México, ambos con un 5,3%.
Así, y de acuerdo a su procedencia, predominaron las personas residentes en Pamplona y Navarra con un 45,3%, porcentaje que explica la visita de 192.134 personas.
La presencia española se acentúa aún más si le añadimos las 166.777 personas que llegaron de otras comunidades autónomas y que suman al total otro 39,3%.
Por último, quienes arribaron de otros países alcanzaron las 65.458 personas, esto es el 15,4%.
Como destaca Bankinter, San Fermín son unas fiestas que se desarrollan entre el vértigo de correr delante de los toros, la música, la convivencia y un ambiente único que convierte a Pamplona en el centro de atención del mundo. Le falta añadir la cómplice mirada de Hemingway, mientras en un movimiento experto de manos hace chocar los hielos de su whisky.