

El escritor argentino Jorge Luis Borges dejó a lo largo de su vida numerosas observaciones sobre España, su literatura y el idioma español. En sus conversaciones con el poeta y periodista Osvaldo Ferrari, formuló una de las más provocadoras al comparar la manera de expresarse de los españoles con la de los sudamericanos.
“El español de España suele ser dogmático, interjectivo; fácilmente quejoso, fácilmente indignado”, afirmó Borges durante uno de aquellos diálogos.
La frase aparece en “Sobre los diálogos”, una de las conversaciones incluidas en En diálogo, el volumen que reúne los encuentros que Borges y Ferrari mantuvieron durante los últimos años de vida del escritor argentino.
Parte de aquellas conversaciones se publicó en 1985 bajo el título Borges en diálogo. Conversaciones de Jorge Luis Borges con Osvaldo Ferrari. La edición corrió a cargo de Ediciones Grijalbo.
Qué dijo Jorge Luis Borges sobre los españoles
La afirmación de Borges no aparece de manera aislada. Surge mientras ambos conversan sobre el diálogo y sobre la posibilidad de intercambiar ideas sin convertir cada diferencia en una confrontación.
Borges plantea entonces una comparación entre el español hablado en España y el de Sudamérica. “El español de España suele ser dogmático, interjectivo; fácilmente quejoso, fácilmente indignado”, sostiene. A continuación contrapone ese estilo con el que atribuye a los hablantes de su región: “nosotros hablamos, bueno, con cierta duda, sabiendo que lo que decimos no es infalible”.
La crítica se vuelve todavía más directa cuando añade que “los españoles hablan con el aplomo de quienes ignoran la duda”. Para Borges, precisamente esa duda tenía un valor positivo. En el mismo pasaje la define como “una de las más preciosas posesiones del hombre” y agrega que tanto la incertidumbre como la inseguridad pueden considerarse también posesiones.

Quién fue Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges (1899-1986) fue uno de los escritores más influyentes de la literatura en español del siglo XX. Nacido en Buenos Aires, desarrolló una obra marcada por el cuento, el ensayo y la poesía, con temas recurrentes como los laberintos, el tiempo, la identidad, los espejos, la memoria y las bibliotecas.
Entre sus libros más conocidos se encuentran Ficciones, El Aleph y El hacedor. Su obra tuvo una enorme proyección internacional y ejerció una influencia decisiva sobre varias generaciones de escritores dentro y fuera del ámbito hispano.
Durante sus últimos años, Borges mantuvo numerosas conversaciones públicas y radiofónicas. Entre ellas estuvieron los diálogos con Osvaldo Ferrari, que después fueron publicados en libro y permiten acceder a una faceta más oral, espontánea y directa de su pensamiento.
Borges ya había hablado de la forma de expresarse en España
La cuestión no aparece por primera vez en ese diálogo. En otra conversación del mismo libro, dedicada a la identidad de los argentinos, Borges ya había marcado una diferencia entre “el español de España” y el hablado en Buenos Aires o Montevideo.
Según explicaba entonces, “los españoles tienden a la interjección, a la exclamación”. Frente a eso, describía la conversación rioplatense como más baja y menos enfática: “hablamos, decimos cosas, en fin, explicamos, pero no estamos afirmando o negando como los españoles suelen hacer”.
El escritor relacionaba además esa diferencia con una característica que atribuía al habla rural argentina: la capacidad para la ironía y para el understatement, es decir, la expresión deliberadamente contenida. Borges lo contrapone allí con “la hipérbole española”.
Por qué Borges defendía la duda
La observación sobre España forma parte de una idea mucho más amplia que atraviesa las conversaciones con Ferrari: la defensa del diálogo frente al dogmatismo.
En el prólogo del propio Borges a En diálogo, el escritor sitúa incluso el nacimiento del diálogo entre los grandes acontecimientos de la historia occidental.
Según escribe, los antiguos griegos desarrollaron “la singular costumbre de conversar”: dudaron, persuadieron, disintieron, cambiaron de opinión y aplazaron sus conclusiones. Para Borges, sin aquellos “griegos conversadores”, la cultura occidental sería inconcebible.
En “Sobre los diálogos”, esa misma idea reaparece cuando Ferrari vincula la duda con el comienzo de la conversación en Grecia.
Borges responde que los hombres comenzaron entonces “a no estar de acuerdo” y, sobre todo, “a no estar de acuerdo cortésmente”.
La frase sobre los españoles, por tanto, no era simplemente una descripción del carácter nacional. Borges la utilizaba para formular una oposición que le interesaba especialmente: la que existe entre la certeza absoluta y la disposición a admitir que uno puede estar equivocado.














