

El eclipse total del pasado miércoles en España dejó imágenes, vídeos y una sensación que muchos describen como difícil de explicar. Esa mezcla de asombro y desconcierto que produce la oscuridad repentina en pleno día no es nueva. Isaac Asimov la exploró en 1941 con una precisión que sigue siendo difícil de igualar.
Lo hizo en Anochecer, un cuento de ciencia ficción publicado en la revista Astounding Science-Fiction en septiembre de ese año. Asimov tenía 21 años. Lo escribió a petición del editor John W. Campbell, que le pidió desarrollar una historia a partir de una cita del poeta y filósofo Ralph Waldo Emerson: “Si las estrellas aparecieran una noche cada mil años, ¿cómo podrían los hombres creer, adorar y preservar durante muchas generaciones el recuerdo de la ciudad de Dios?”
Qué dice Asimov sobre la oscuridad de un eclipse y el miedo que provoca
En Anochecer, Asimov construye un planeta llamado Lagash iluminado por seis soles de forma permanente. Sus habitantes nunca han visto la noche. Cuando los astrónomos descubren que un eclipse total se acerca, saben lo que viene: los registros arqueológicos muestran que la civilización colapsa cada 2.059 años, justo cuando ocurre el fenómeno.
La frase que da título a esta nota pertenece al pasaje central del relato, cuando la oscuridad total cae sobre Lagash por primera vez. Lo que Asimov describe no es solo la ausencia de luz sino la desintegración de la percepción: los personajes pierden la noción del espacio, del otro, de sí mismos. El cuento fue elegido en 1968 por la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de América como el mejor relato del género escrito antes de la creación de los premios Nebula.

¿Por qué Asimov eligió un eclipse para hablar del miedo humano a la oscuridad?
El punto de partida del relato no es la catástrofe sino una pregunta psicológica: ¿qué le ocurre a una mente que nunca ha conocido la oscuridad cuando de repente se enfrenta a ella? Para responderla, Asimov se apoya en un mecanismo real. Uno de sus personajes, el psicólogo Sheerin, explica que los seres humanos tienen un miedo instintivo a la ausencia de luz que opera por debajo de la razón y que puede volverse irreversible si la exposición es suficientemente intensa.
El cuento incluye un experimento revelador: un grupo de científicos intentó reproducir la experiencia de las estrellas mediante agujeros en el techo de una habitación pintada de negro. No funcionó. Las estrellas del relato no son un fenómeno externo sino una alucinación colectiva, la respuesta de una mente que no puede procesar la oscuridad absoluta y fabrica luz donde no la hay. Esa idea, desarrollada con rigor narrativo, es la que convierte a Anochecer en algo más que un ejercicio de imaginación.
Emerson, Asimov y una tradición que lleva siglos preguntándose lo mismo
La cita de Ralph Waldo Emerson que abre el cuento pertenece a su ensayo Nature, publicado en 1836 y considerado uno de los textos fundacionales del trascendentalismo americano. Emerson era poeta, ensayista y filósofo, y en ese texto argumentaba que la naturaleza tiene una capacidad de revelación que la razón sola no puede alcanzar. La pregunta sobre las estrellas era para él una forma de hablar sobre la costumbre: lo extraordinario se vuelve invisible cuando aparece todos los días.
Asimov tomó esa pregunta y la llevó al extremo opuesto. Si en Emerson la rareza produce admiración, en Anochecer produce terror. El cuento está disponible en español, en traducción de Antonio-Prometeo Moya, con una lectura de aproximadamente 73 minutos. Fue incluido posteriormente en la antología Los ojos hacen algo más que ver, publicada en 1977, y puede leerse de forma gratuita y completa en el portal Lecturia.











