Hay decisiones empresariales que cambian una industria. Y hay algunas que cambian la historia. La víspera de Reyes de 1914, apareció en The New York Times un anuncio que sacudió el mundo de los negocios: Henry Ford, jefe de Ford Motor Company, repartirá diez millones de dólares entre sus empleados a lo largo del año. No como aumento de sueldo, sino como dividendo.
Una participación directa en los beneficios de la empresa para cada uno de sus 15.000 trabajadores.
Al día siguiente del anuncio, 10.000 personas se presentaron en la puerta de la fábrica de Detroit para solicitar empleo. La noticia se convirtió en una de las más comentadas de la época y levantó ampollas entre la competencia, que llegó a cuestionar si Ford no estaba incurriendo en algún tipo de acción anticompetitiva.
Por qué Ford decidió repartir sus ganancias con sus empleados en 1914
Cuando los periodistas le preguntaron por su decisión, Ford fue directo: “Creo que es mejor para la nación, y mucho mejor para la humanidad, que 20.000 o 30.000 personas estén contentas y bien alimentadas a que unos pocos se hagan millonarios”.
Lo que el fundador de Ford había descubierto no era filantropía pura, sino una lógica empresarial contundente. En 1913, más de 52.000 personas habían pasado por la compañía pese a que en la fábrica solo trabajaban 13.000.
El absentismo, la rotación y el alcoholismo entre los operarios mantenían la línea de montaje funcionando por debajo de su capacidad. Cada vez que un trabajador abandonaba su puesto, había que buscar un sustituto y formarlo desde cero.
La solución fue radical: duplicar el salario mínimo hasta los cinco dólares diarios, el doble de lo que pagaba la competencia, y repartir los beneficios entre toda la plantilla sin excepciones. El barrendero y el responsable de línea recibirían lo que les correspondiera según el mismo criterio.
El resultado de la estrategia empresarial de Henry Ford
La apuesta funcionó. Con una plantilla más estable, motivada y comprometida, la cadena de montaje del Ford Model T alcanzó niveles de producción que ningún competidor podía igualar. A mayor volumen productivo, menor coste por unidad y menor precio para el cliente. El círculo se cerró: el Ford Model T se convirtió en el coche más vendido del mundo y sigue figurando entre los diez modelos más vendidos de la historia.
El asesor de Ford John R. Lee lo resumió con precisión: “Un hombre que proviene de un hogar equilibrado, que no teme por las necesidades básicas de la vida, que no vive con el temor constante de perder su puesto, es el factor económico más poderoso que podemos utilizar en forma de ser humano”.