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En Costa Rica, un experimento iniciado a finales de la década de 1990 terminó convirtiéndose en uno de los casos más llamativos de restauración de bosques tropicales. Entre 1997 y 1998, alrededor de 12.000 toneladas de cáscaras y pulpa de naranja fueron depositadas sobre un antiguo pastizal degradado dentro del Área de Conservación Guanacaste.

La idea surgió a partir de un acuerdo entre investigadores y una empresa productora de zumo, que buscaba una forma de aprovechar sus residuos orgánicos. El material se distribuyó sobre aproximadamente tres hectáreas de terreno seco y con cobertura vegetal muy limitada.

Sin embargo, el proyecto quedó interrumpido poco después por una disputa judicial y el área permaneció olvidada durante más de una década. Cuando los científicos regresaron 16 años después, el paisaje había cambiado de forma radical.

Cómo 12.000 toneladas de cáscaras de naranja ayudaron a recuperar un bosque en Costa Rica

El experimento consistió en cubrir el terreno con una gran cantidad de residuos de naranja procedentes de una planta procesadora. Las cáscaras y la pulpa se dejaron descomponer de forma natural sobre un suelo degradado que anteriormente había sido utilizado como pastizal.

Con el paso del tiempo, ese material orgánico comenzó a modificar las condiciones del terreno. La descomposición aportó nutrientes, mejoró la estructura del suelo y favoreció la retención de humedad, lo que creó un ambiente más propicio para el crecimiento de nuevas plantas.

De esta forma, cuando los investigadores compararon la zona tratada con otra parcela cercana que no había recibido cáscaras de naranja, encontraron diferencias muy marcadas. El área intervenida presentaba una mayor diversidad de especies de árboles, una cobertura vegetal mucho más densa y un suelo con mejores condiciones.

Con el paso del tiempo, el material orgánico modificó las condiciones del terreno y favoreció el crecimiento de nuevas plantas (foto: ChatGPT).
Con el paso del tiempo, el material orgánico modificó las condiciones del terreno y favoreció el crecimiento de nuevas plantas (foto: ChatGPT).

El dato más llamativo del descubrimiento fue la biomasa. Según el estudio publicado posteriormente en Restoration Ecology, la parcela donde se habían depositado los residuos presentaba alrededor de un 176% más de biomasa leñosa aérea que la zona utilizada como control.

El proyecto terminó en los tribunales y quedó abandonado durante años

A pesar de los hallazgos, el experimento se desarrolló con conflictos. Una empresa competidora denunció el proyecto al considerar que el depósito de miles de toneladas de residuos podía representar una forma de contaminación dentro de un área protegida.

La disputa llegó hasta la Corte Suprema de Costa Rica, que terminó frenando la iniciativa. Como consecuencia, el vertido de nuevas cáscaras fue suspendido y el terreno quedó prácticamente olvidado durante cerca de 15 años.

Fue precisamente ese abandono el que permitió observar el efecto a largo plazo. Cuando los científicos regresaron, encontraron un espacio mucho más parecido a un bosque tropical joven que al antiguo pastizal degradado que habían dejado atrás.

El caso terminó convirtiéndose en un ejemplo de cómo determinados residuos orgánicos pueden utilizarse para acelerar procesos de recuperación ecológica cuando existen las condiciones adecuadas.