La científica planetaria Bethany Ehlmann, experta en Marte, advierte sobre las dificultades de colonizar el planeta rojo y asegura: “No hay una Tierra 2.0 en Marte”. Aunque el planeta tuvo lagos, ríos y sistemas hidrotermales, y todavía conserva hielo, las condiciones para establecer asentamientos humanos siguen siendo extremadamente complejas.
Ehlmann, directora del Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado Boulder, presidenta de The Planetary Society y antigua investigadora del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, defiende la exploración humana de Marte, pero pide moderar las expectativas sobre su colonización. Así lo explicó en una entrevista con EFE durante la octava edición del festival científico Starmus, celebrado en Tenerife del 17 al 22 de octubre.
Por qué vivir en Marte sería mucho más difícil de lo que parece
Marte tiene una atmósfera muy tenue y carece de suficientes materiales para hacerla más densa. Por este motivo, una hipotética colonia tendría que desarrollarse en estructuras construidas por los propios seres humanos, como cúpulas capaces de ofrecer condiciones adecuadas para vivir.
“Soy una gran partidaria de la exploración humana de Marte, pero sería difícil vivir allí en una colonia. Creo que es más fácil construir un escenario propio de ciencia ficción que hacer el trabajo necesario para que vivan personas allí”, expresa Ehlmann.
Pese a estas limitaciones, el planeta presenta algunos recursos que podrían aprovecharse. Su suelo, por ejemplo, podría servir para cultivar si se le aportara fertilizante orgánico. Sin embargo, las temperaturas también representan un desafío: en el ecuador marciano pueden fluctuar entre los 20ºC y los -70ºC.
“Es un mundo de extremos”, dice la científica, que considera necesario distinguir entre las posibilidades que ofrece la exploración espacial y las dificultades reales de establecer una población permanente.
La búsqueda de vida en Marte se centra en señales microscópicas
Más allá de la colonización, uno de los principales objetivos científicos es determinar si Marte albergó vida en algún momento de su historia. Su registro geológico permite investigar esa posibilidad, aunque todavía no existen pruebas concluyentes. “Estamos apenas en las primeras etapas, en el comienzo de la búsqueda de vida en Marte”, señala Ehlmann.
Parte de las investigaciones se centra en las muestras recogidas por el rover Perseverance, algunas de las cuales presentan características que podrían ser compatibles con biofirmas. Para determinar si realmente indican la existencia de vida, la científica considera necesario trasladarlas a la Tierra y analizarlas con instrumentos más precisos.
“No buscamos huesos de dinosaurios” en Marte, agrega Ehlmann. El objetivo es encontrar posibles formas de vida microscópicas, con dimensiones similares a las de un cabello humano o incluso menores.
El desafío consiste en identificar esas señales y diferenciarlas de los procesos químicos o geológicos que pueden producir características similares. Además, los científicos deben reconocer que su conocimiento de la vida se limita, hasta ahora, a un único planeta.
“Ahora mismo tenemos un tamaño de muestra solo de un planeta, el nuestro”, sostuvo Ehlmann. Por eso, la exploración comienza con la identificación de posibles hábitats y continúa con el análisis de sustancias y procesos químicos que puedan indicar actividad biológica.
Las muestras marcianas deben analizarse con extrema cautela
La incertidumbre sobre la posible existencia de vida en Marte también obliga a extremar las precauciones durante las misiones espaciales. Ehlmann considera fundamental garantizar que cualquier señal biológica detectada proceda realmente del planeta y no de microorganismos o materiales transportados desde la Tierra.
La preservación de los entornos marcianos es otra de sus prioridades. La científica defiende que deben protegerse para las generaciones futuras y que las misiones deben actuar “como si pudiera haber vida allí”, aunque todavía no se haya confirmado su existencia.
Estas precauciones resultan esenciales para evitar la contaminación y permitir que futuras investigaciones estudien el planeta sin alterar las posibles evidencias que pueda conservar.
Preguntada por si le resultaría más inquietante descubrir que no estamos solos o confirmar que sí lo estamos, Ehlmann se decanta por la segunda posibilidad: “Creo que lo aterrador sería que estuviéramos solos en el universo. Sería casi increíble”.