

Alfredo Becerra empezó a acercarse al oficio de electricista cuando tenía apenas 14 años. Al terminar el colegio, acompañaba a un vecino que realizaba pequeñas reparaciones y aprendía a reconocer las herramientas básicas.
Su trayectoria comenzó en una época en la que muchos jóvenes aprendían un oficio desde abajo. A los 16 años, en 1978, entró en una empresa en la que permaneció durante más de tres décadas, hasta jubilarse en 2016.
Alfredo Becerra, electricista desde los 14 años
“Yo empecé a cobrar 10.000 pesetas en 1980”, recordó Alfredo durante una entrevista en el pódcast Sector Oficios. Ese fue uno de sus primeros salarios, cuando todavía se encontraba en las etapas iniciales de su formación profesional.
El aprendizaje estaba organizado en varias categorías. Los jóvenes podían comenzar como aprendices de primero, segundo, tercero y cuarto. Después debían superar una prueba para convertirse en oficial de tercera y continuar su recorrido hasta alcanzar puestos de mayor responsabilidad.
Becerra llegó a trabajar como oficial experimentado. Sus primeras tareas estuvieron relacionadas con el hilo radiante instalado en techos y los acumuladores de calor. Más adelante participó en trabajos de alumbrado público, instalaciones en locales y redes de baja y media tensión.
El oficio requería un gran esfuerzo físico. Los trabajadores debían mover bobinas pesadas, tirar líneas a mano y utilizar herramientas muy distintas a las actuales. Muchas tareas se realizaban sin los sistemas y materiales que hoy forman parte de las instalaciones eléctricas.

¿Cuánto llegó a ganar Alfredo como electricista?
A lo largo de su carrera, Alfredo vio cómo cambiaban los salarios y las categorías profesionales. Según explicó, la diferencia entre un aprendiz y un oficial podía ser muy amplia. Un profesional cualificado podía llegar a cobrar más del doble que una persona que recién comenzaba.
Cuando dejó de trabajar, su salario ordinario rondaba los 1400 euros como oficial experimentado. Las horas extraordinarias, los trabajos durante los fines de semana y otros complementos podían elevar sus ingresos hasta superar los 2100 euros.
El electricista también destacó la importancia de que todo el dinero cobrado figurara en la nómina. “Muchas veces lo quería en nómina para la jubilación y ahora me ha quedado una paga muy buena”, explicó.
Su decisión estaba relacionada con la futura pensión. Al cotizar por el salario registrado, podía aumentar la base utilizada para calcular sus prestaciones. Para Becerra, aceptar pagos fuera de nómina podía ofrecer una ventaja inmediata, pero afectaba a la protección económica posterior.
Los materiales que utilizaban antes los electricistas
Durante sus primeros años en el oficio, los materiales eran muy diferentes. Alfredo recuerda el uso del cable de trapo, antiguos tubos de instalación y conductores que podían tener el mismo color.
Esa falta de diferenciación complicaba el trabajo de reparación. Los electricistas debían identificar cada cable con cuidado y resolver los problemas con herramientas y productos menos específicos que los actuales.
También existían métodos improvisados para pasar los cables por los conductos. Becerra contó que algunos compañeros utilizaban cerveza como lubricante cuando un cable se atascaba. Él prefería recurrir al jabón tradicional.
El conocimiento se transmitía sobre todo en el lugar de trabajo. Los aprendices observaban a los oficiales, repetían sus movimientos y aprendían con la práctica. Becerra considera que ahora la formación también puede difundirse a través de internet y las redes sociales.
La evolución del trabajo y la jubilación
Alfredo participó en instalaciones de edificios, locales comerciales y espacios públicos. Con el tiempo, las herramientas se volvieron más ligeras, los materiales más seguros y los procedimientos más técnicos.
El profesional también recordó la relación entre los trabajadores de su antigua empresa. Allí era conocido como “León” y asegura que existía un fuerte vínculo entre los compañeros, que incluso se reunían fuera del horario laboral.
Aunque siempre le gustó conducir, no llegó a dedicarse al transporte, una actividad vinculada a la profesión de su padre. En cambio, construyó toda su vida laboral alrededor de la electricidad.
Tras jubilarse en 2016, Becerra observa un oficio que conserva algunas tareas tradicionales, pero que incorporó nuevos sistemas, materiales y formas de aprendizaje. Su historia reúne el paso de las pesetas a los euros y la transformación de una profesión que comenzó a ejercer cuando todavía era adolescente.












