Hay un objeto que usamos todos los días, varias veces al día, y que casi nunca pasa por una limpieza real más allá del enjuague rápido: el cepillo de dientes. Este artículo personal puede llegar a acumular millones de bacterias sin que lo notemos.
Una forma sencilla de mantenerlo en mejores condiciones es sumergirlo durante una noche en una mezcla de agua y bicarbonato sódico, según detalla la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Esta combinación actúa como regulador de acidez y ayuda a crear un ambiente menos propicio para que proliferen los microorganismos.
El cuidado de este objeto va mucho más allá de la estética, porque un cepillo descuidado puede convertirse en un verdadero reservorio de gérmenes capaces de afectar tanto la salud bucal como la general.
Limpiar el cepillo con agua y bicarbonato: el paso a paso
La mezcla para una limpieza profunda del cepillo de dientes resulta muy sencilla de preparar en casa y no requiere ingredientes difíciles de conseguir. Basta con diluir una cucharada de bicarbonato de sodio en un vaso con agua hasta integrarlo por completo.
Luego, se sumerge el cepillo de dientes dentro de esa solución y se deja reposar durante toda la noche, de manera que el bicarbonato actúe sobre las cerdas y ayude a reducir la proliferación de microorganismos. Al día siguiente, solo resta enjuagarlo bien con agua corriente antes de volver a utilizarlo.
Por qué el cepillo acumula tantas bacterias
El baño, con su humedad constante, ofrece las condiciones ideales para que distintos microorganismos se reproduzcan. El cepillo de dientes queda expuesto a esa humedad después de cada uso, y sus cerdas terminan atrapando bacterias como Streptococcus, Staphylococcus o E. coli, además de hongos como la Candida albicans.
El agua que queda retenida entre las cerdas, las partículas suspendidas en el aire del baño y la forma en que se guarda el cepillo son algunos de los factores que más favorecen este crecimiento microbiano. Guardar varios cepillos juntos, por ejemplo, puede facilitar que las bacterias pasen de uno a otro, según informó la clínica dental australiana Complete Dental Works.
¿Qué riesgos implica un cepillo contaminado?
Un cepillo sucio puede contribuir a enfermedades de las encías como la gingivitis, además de provocar mal aliento o, en casos más avanzados, pérdida de piezas dentales.
Algunos hongos presentes en las cerdas, como la Candida albicans, también pueden derivar en infecciones orales, mientras que guardarlo mojado o en recipientes cerrados favorece además la aparición de moho, muchas veces imperceptible a simple vista.
El riesgo no se limita a la cavidad bucal. Inhalar bacterias o esporas provenientes de un cepillo contaminado puede aumentar las probabilidades de infecciones respiratorias, algo particularmente dedicado en personas con el sistema inmunológico debilitado o afecciones previas.
Otros hábitos que ayudan a mantenerlo limpio
Enjuagar bien el cepillo después de cada uso, dejarlo secar al aire en posición vertical y evitar las fundas que retienen humedad son algunos de los hábitos más efectivos para reducir la acumulación de gérmenes. También ayuda guardarlo lejos del inodoro y mantener separadas las cerdas cuando se comparte espacio con otros cepillos.
Más allá de estos cuidados, los especialistas recomiendan reemplazar el cepillo cada tres meses, o antes si las cerdas se notan desgastadas o deshilachadas.