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El mapa comercial de España vuelve a cambiar. En los últimos años, el cierre de tiendas físicas se ha convertido en una constante en distintos sectores, desde la moda hasta la electrónica. Ahora, el impacto alcanza de lleno al turismo, uno de los pilares históricos de la economía nacional.

La tienda de viajes más popular del país ha confirmado el cierre de más de 60 locales, una decisión que refleja la profunda transformación que atraviesa el sector y que deja en evidencia cómo han cambiado los hábitos de consumo de los viajeros españoles.

La reestructuración del negocio turístico impulsa el repliegue de tiendas tradicionales en favor de la venta online.

Por qué cierran más de 60 tiendas de viajes en toda España

El cierre de estos establecimientos no es un hecho aislado. Forma parte de una reorganización del negocio turístico, cada vez más orientado a la venta online y a la reducción de costes asociados al mantenimiento de locales físicos.En los últimos años, los consumidores han pasado de acudir a una agencia para contratar vuelos, hoteles o paquetes vacacionales a realizar todo el proceso desde el móvil o el ordenador. Plataformas digitales, comparadores de precios y aplicaciones especializadas han ganado terreno, reduciendo la necesidad de puntos de atención presencial.Este cambio de comportamiento ha tenido un impacto directo en la rentabilidad de las tiendas físicas. Mantener locales abiertos, con personal y costes fijos elevados, resulta cada vez menos sostenible frente a un modelo digital que permite operar con estructuras más ligeras y mayor alcance.

Cómo afecta el cierre de tiendas al sector turístico

El cierre de más de 60 locales supone un nuevo ajuste en el sector de las agencias de viajes tradicionales, que desde hace años enfrentan una competencia creciente por parte de operadores online y grandes plataformas internacionales.Para muchos clientes, estas tiendas cumplían una función clave, especialmente entre quienes preferían el asesoramiento personalizado o tenían menor familiaridad con las herramientas digitales. Su desaparición deja un vacío en determinados barrios y zonas donde el comercio de proximidad aún mantenía peso.Al mismo tiempo, el proceso confirma una tendencia que ya se observa en otros ámbitos del comercio: menos tiendas físicas y más servicios centralizados en canales digitales. Esto obliga a las empresas a redefinir su relación con los clientes y a apostar por nuevos formatos de atención, como la asistencia telefónica o el soporte online.

Qué pasa con los trabajadores y los clientes habituales

Uno de los principales interrogantes que abre el cierre de estas tiendas es el impacto sobre el empleo. Aunque la compañía no ha detallado el alcance exacto de la medida, la bajada de persianas en decenas de locales suele ir acompañada de procesos de ajuste de plantilla o reubicaciones internas.En el caso de los clientes, la empresa ha señalado que la actividad continuará a través de otros canales, especialmente digitales. Las reservas, gestiones y consultas podrán seguir realizándose de forma online, aunque se pierde el trato cara a cara que caracterizaba a este tipo de establecimientos.Para muchos usuarios, el cambio supone adaptarse a un modelo menos presencial, mientras que para otros refuerza una dinámica que ya formaba parte de su rutina de consumo turístico.

El cierre de tiendas confirma el giro hacia el modelo digital

El adiós a más de 60 locales no solo afecta a una marca concreta, sino que refleja una transformación estructural del sector turístico en España. La digitalización, acelerada en los últimos años, ha cambiado la forma de planificar y contratar viajes, reduciendo el papel del comercio físico tradicional.Este giro plantea retos para las empresas que aún mantienen redes extensas de tiendas, pero también oportunidades para quienes logren combinar tecnología, atención personalizada y nuevos servicios de valor añadido.En un país donde el turismo sigue siendo clave para la economía, el cierre de estas tiendas funciona como un termómetro del cambio de época. Menos mostradores, más pantallas y un consumidor que decide cada vez más desde casa cómo, cuándo y con quién viajar.

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