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El Gobierno estableció en el Presupuesto 2027 que alcanzará un superávit primario de 1,3% del PBI en 2026, por debajo del 1,4% del PBI que acordó con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y del 1,5% del PBI proyectado el año pasado.
“Pone sobre la mesa las dificultades crecientes para el sostenimiento de la meta fiscal, dada la debilidad de los sectores que más aportan a la recaudación y la imposibilidad de seguir recortando mucho más el gasto en partidas que ya se encuentran al límite”, sostuvo la consultora Analytica.
A lo largo del año, el Ministerio de Economía debió profundizar el recorte del gasto para sostener el equilibrio fiscal, un desafío por duplicado si se considera que la recaudación impositiva registró en los primeros nueve meses una caída real interanual —es decir, ajustada por inflación— del orden del 3%.
Si bien los ingresos tributarios trajeron alivio a las cuentas fiscales en septiembre —impulsados por el impuesto a las Ganancias (mayores anticipos de sociedades y el primer anticipo de personas humanas de 2026) y los derechos de exportación (por una baja base de comparación)—, la recaudación acumula tan solo tres incrementos real interanuales este año.
En los primeros nueve meses de 2026, el resultado primario acumuló un 1,2% del PBI, mientras que el financiero alcanzó un 0,3% del PBI. Ambas cifras se encuentran por debajo de las registradas en el mismo período de 2025 (1,4% y 0,4% del PBI, respectivamente).
Según estimaciones de la Fundación Mediterránea, los recursos tributarios totales podrían terminar el año con una caída del 2,3% respecto de 2025 en valores constantes.
Bajo ese supuesto, y al considerar que las erogaciones con ajuste automático (jubilaciones, pensiones no contributivas y la AUH) alcanzarían una suba anual real del 1,9%, las erogaciones no automáticas deberían exhibir un ajuste anual real cercano al 6% para alcanzar un superávit primario de 1,3% del PBI.

“Si así fuera al cierre de 2026, el gasto primario nacional habría bajado un 27% en 2024, un 0,7% en 2025 y un 2,1% en 2026, siempre en valores reales”, detallaron los economistas Marcelo Capello y Gaspar Reyna.
Meses atrás, el ministro de Economía, Luis Caputo, ya había advertido que “seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil”. Confió en que el crecimiento y la formalización del empleo contribuirían a aumentar los ingresos, especialmente a través de la Ley de Inocencia Fiscal y la reforma laboral.
El inconveniente radica en que una porción significativa del gasto del Estado nacional está indexada a la inflación (jubilaciones y asignaciones familiares).
“El Gobierno está en una suerte de dilema: cuánto seguir ajustando para intentar compensar una baja de la recaudación, que a su vez se retroalimenta de la menor actividad económica, que en parte viene por el ajuste permanente del gasto que hace el propio Gobierno”, planteó Martín Kalos, economista y director de EPyCA Consultores.
Y remarcó: “Uno podría pensar que podría seguir ajustando los subsidios a la energía. Sí, pero eso tiene una contracara política: el ingreso disponible y la capacidad de las familias de llegar a fin de mes. Entonces no la tiene fácil, incluso si ignoramos el impacto que ese ajuste tendría luego sobre el consumo y, por lo tanto, sobre la actividad económica”.
Precisamente, el FMI, en su informe sobre Perspectivas Económicas para el Hemisferio Occidental, citó el caso de la Argentina —entre otros países de la región— y, si bien valoró el ajuste efectuado por el país, instó a profundizar la reducción de los subsidios a la energía.
“En 2026, muchos gobiernos introdujeron medidas para amortiguar el impacto del aumento de los precios de la energía en los hogares y las empresas; entre ellas, subsidios a los combustibles, reducciones de impuestos, garantías crediticias y otras intervenciones. Si bien estas medidas brindaron un alivio inmediato, las intervenciones no focalizadas generaron distorsiones y anularon señales de precios que, de otro modo, habrían reducido la demanda de energía”, observó.
Según cálculos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), los subsidios a la energía fueron los que más aumentaron por encima de la inflación hasta septiembre, con una suba del 27,3% interanual.
La recaudación, en el centro del desafío fiscal
Bajo este panorama, el gobierno de Javier Milei deberá redoblar esfuerzos para alcanzar la meta fiscal de 2026. El sostenimiento del ancla fiscal dependerá de que la actividad económica gane dinamismo e impulse la recaudación de tributos clave, como el IVA, el impuesto al cheque y los aportes y contribuciones a la seguridad social.

Sin embargo, no hay consenso entre los economistas sobre un cambio en la dinámica de la recaudación. “Los derechos de exportación tendrán un aporte algo mayor por efecto de una baja base de comparación, pero vemos poco probable que logren compensar la caída o el bajo crecimiento de los impuestos asociados al consumo”, señaló la consultora LCG.
En cambio, Nadin Argañaraz, del IARAF, prevé que “la recaudación podría tener un incremento real interanual durante el último trimestre del año, lo que implicaría la posibilidad de evitar más recorte real del gasto que no se ajusta automáticamente por inflación”.
Un resultado primario de 1,3% del PBI equivale, según Analytica, a unos $ 15,5 billones acumulados al cierre de 2026, por debajo de los $ 16,3 billones acordados con el FMI. Aun así, el Ejecutivo lograría por tercer año consecutivo mantener el orden fiscal en sus cuentas públicas.
En la cumbre anual del FMI que se realiza en Bangkok, Tailandia, el ministro Caputo destacó: “Hoy podemos decir con orgullo que acabamos de presentar el proyecto de Presupuesto para 2027 y que, por primera vez en nuestra historia, vamos a tener cuatro años consecutivos de superávit fiscal a nivel financiero”.
Por su parte, Kristalina Georgieva, titular del Fondo Monetario, destacó la disciplina fiscal del gobierno de Javier Milei y, al citar como ejemplo las medidas adoptadas por Argentina y Grecia, remarcó que “no se puede gastar indefinidamente dinero que no se tiene”.
Mientras los ingresos no despeguen, el recorte del gasto seguirá siendo la vía principal del Gobierno para sostener el equilibrio fiscal, aun cuando enfrenta reclamos de distintos sectores, tal como sucede en el caso de la Ley de Financiamiento Universitario.

Por Matías Rufino
Redactor de Economía
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