

En una época marcada por una intensa discusión económica sobre cada decisión del Gobierno y su impacto en la vida de la gente, cada evento, aunque sea recreativo o festivo, se ofrece también como termómetro de la verdadera performance del modelo oficial.
En ese contexto, el comportamiento del turismo interno vuelve a ocupar un lugar central en la agenda a partir de los datos recogidos durante el fin de semana extra largo de Semana Santa. En un contexto marcado por debates sobre el real comportamiento del consumo, la persistencia de tensiones inflacionarias y la recomposición parcial de ingresos, los viajes funcionan como un indicador clave para medir hasta dónde llegaron los hogares con sus gastos no esenciales.
Los datos del finde extra large mostraron una dinámica que combinó mayor movimiento con decisiones más cautelosas. Más personas viajaron, pero lo hicieron por menos tiempo, con presupuestos más ajustados y priorizando opciones accesibles o de cercanía. En ese marco, el costo de organizar una escapada volvió a ser un factor determinante.
Según un relevamiento del Instituto de Economía de la UADE (INECO), una familia tipo necesitó en promedio $1.176.100 para viajar durante Semana Santa a destinos nacionales. El dato representa el 69% de un salario medio medido por RIPTE.
La comparación interanual muestra un deterioro. La relación entre costo del viaje y salario aumentó respecto de 2025, lo que implicó una pérdida de poder adquisitivo turístico estimada en torno al 7%. En otras palabras, viajar resultó más caro en términos reales, incluso con salarios en alza.
El informe señala que “la relación entre costo de viaje y salario se incrementó respecto del mismo período del año anterior”, una dinámica que impacta directamente en la capacidad de financiamiento de las familias. En ese sentido, el turismo interno comenzó a alejarse de su rol como consumo relativamente resistente.
El análisis también refleja una fuerte dispersión entre destinos. Las diferencias no estuvieron explicadas tanto por el transporte —con valores relativamente homogéneos— sino por el alojamiento, que marcó la principal brecha de precios.
En ese escenario, elegir destino implicó una diferencia significativa en el presupuesto. Una familia debió destinar más de tres veces de dinero si optó por San Carlos de Bariloche frente a alternativas más económicas como Gualeguaychú.
El costo para viajar a Bariloche se ubicó en $2.344.724, equivalente a 1,38 salarios promedio, mientras que Gualeguaychú demandó $777.402, es decir, 0,46 salarios.
Entre los destinos de gama media, ciudades como Salta, Mendoza o Puerto Madryn se posicionaron por encima del promedio, con presupuestos que rondaron entre 0,86 y 0,95 salarios. En tanto, opciones como Mar del Plata, Villa Carlos Paz o Córdoba se ubicaron más cerca del promedio general.

Por debajo de ese nivel aparecieron alternativas más accesibles, muchas de ellas vinculadas al turismo de cercanía o escapadas cortas. Rosario, Mar de Ajó y San Clemente del Tuyú integraron ese grupo, con costos inferiores a medio salario.
El informe destaca que algunos destinos mejoraron su posicionamiento relativo. “Puerto Madryn, San Miguel de Tucumán, San Salvador de Jujuy y Corrientes (Capital) se han vuelto relativamente más accesibles”, indicó el documento.
En contraste, otras plazas mostraron mayores incrementos de precios. San Antonio de Areco, Rosario y Tandil encabezaron las subas relativas, lo que afectó su competitividad frente a otras opciones.

La evolución de los precios se da en un contexto donde todos los destinos registraron aumentos nominales respecto de 2025. Sin embargo, la suba de ingresos no alcanzó para compensar ese encarecimiento, lo que derivó en un mayor esfuerzo económico para viajar.
El comportamiento de los turistas acompañó esa tendencia. De acuerdo con datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), durante el fin de semana viajaron más de 2,8 millones de personas, un 5,6% más que el año anterior.
A pesar de ese crecimiento, el gasto total cayó 18,9% en términos reales, lo que confirmó un patrón de ajuste. Los viajeros priorizaron reducir costos, acortar estadías y limitar consumos adicionales.
El gasto diario promedio se ubicó en $108.982, con una baja real del 8,4%, mientras que la estadía promedio descendió a 2,6 noches, un 16,1% menos que en 2025.

En este contexto, el costo base del viaje —transporte y alojamiento— cobra aún mayor relevancia en la planificación. El informe de INECO aclara que la estimación incluye únicamente esos dos componentes, sin contemplar gastos en comida, actividades o compras.
Esta precisión resulta clave para dimensionar el impacto real sobre los ingresos familiares, ya que el gasto total de una escapada suele ser considerablemente mayor al sumar esos consumos.












