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Con la inflación estabilizada en torno al 3% mensual, incluso en la proyección de marzo, Ricardo Delgado, economista y exfuncionario durante la gestión de Mauricio Macri, marcó señales de alerta, pero aportó claves para reactivar la economía.

Es que, en un escenario de transición, los dos motores que podrían impulsar la actividad —los ingresos y el crédito— todavía no terminan de reaccionar, explicó.

“Las paritarias continúan por debajo de la inflación, en línea con una política oficial de ingresos contractiva, mientras que el crédito empieza a mostrar límites por el aumento de la morosidad, especialmente en los segmentos más chicos del sistema financiero que rondan el 20%”, describió.

Frente a esto y ya pensando en el 2027, el director de Analytica explicó que el desafío es hacer “retoques” en la macro, sin cambiar todo; además precisó cuándo tendrá una oportunidad de acción el equipo que lidera Luis Caputo.

Antes que el Gobierno anuncie que mantendrá el precio de los combustibles por 45 días, el economista ponderó la decisión de baja de impuestos a las naftas que tomó el gobierno de Lula Da Silva en Brasil, para contener el traslado a precios.

Incluso, Delgado no descartó más medidas que alivien el bolsillo. “Aunque tiene un discurso superdogmático, al final del camino es pragmático", dijo sobre la gestión libertaria. “Así como mantiene el cepo a las empresas, en la previa a las elecciones de octubre planchó el ajuste de tarifas como lo hacen todos los gobiernos”, destacó.

- A la escalada inflacionaria local, se sumó la guerra ¿Cómo analizás ese impacto?

—Exacto. El agro ya está señalando subas en insumos clave, como los fertilizantes, y también pesa el aumento del precio internacional del petróleo, que se traslada a distintos costos de la economía. En Brasil, por ejemplo, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva decidió bajar impuestos al gasoil para aliviar los costos logísticos.

A mi juicio, ese tipo de medidas muestran que tener alguna capacidad de intervención en el sector energético —por ejemplo a través de YPF— puede servir para aplicar políticas contracíclicas, más allá de la discusión política que suele rodear ese tema.

Creo que el Gobierno tiene la excusa de la guerra y el aumento del petróleo, para empezar a hacer algunas cosas.

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- ¿Creés que la sociedad empieza a pedir algo más que la baja de la inflación?

-Sí. Hoy empieza a aparecer una demanda más fuerte por empleo, actividad e ingresos. Bajar la inflación es importante, pero no alcanza por sí solo para sostener las expectativas.

Ventana de oportunidad

- ¿Y el Gobierno podría hacer algún ajuste en la estrategia económica?

-Creo que un modesto reseteo de la política macroeconómica podría darle algo más de oxígeno al Gobierno para enfrentar el año electoral.

En los próximos meses probablemente haya una pausa natural por el Mundial de Fútbol, pero después la campaña va a empezar rápidamente. Hay una ventana de unos 80 o 90 días en la que el Gobierno podría hacer algunos ajustes en la política económica, sin abandonar los equilibrios macroeconómicos fundamentales.

Argentina se prepara para el sorteo del Mundial 2026.

No se trata de cambiar todo el programa, sino de introducir pequeñas correcciones que ayuden a mejorar la dinámica de la actividad, el crédito o los ingresos, manteniendo el orden fiscal y la estrategia de desinflación.

Además, algún tipo de “maquillaje” o ajuste del esquema actual también es necesario por otra razón: si sectores como la industria, la construcción o el comercio siguen con problemas, eso termina impactando en las cuentas públicas.

-¿Se pone en riesgo la meta de equilibrio fiscal?

-Claro. El equilibrio fiscal en una economía en recesión es muy difícil de sostener: si la actividad no reacciona, cae la recaudación. Y la alternativa sería seguir recortando partidas muy sensibles, como las jubilaciones, pero ¡Tienen que animarse a hacerlo!

Creo que todavía hay margen para hacer correcciones graduales antes de llegar a ese punto. A veces el Gobierno tiene un discurso muy dogmático, pero la política económica en la práctica suele requerir cierta flexibilidad para adaptarse a la realidad.

-Cuando hablás de “maquillaje” ¿concretamente: crédito y salarios?

-Por ejemplo, una política de ingresos un poco menos contractiva. Tal vez permitir un deslizamiento algo mayor de los salarios en las paritarias, que ayude a recomponer el poder adquisitivo.

También más crédito, como la línea que lanzó el Banco de la Nación Argentina con tasas al 25% para pymes. Una parte importante del superávit fiscal hoy está depositada ahí, por eso, destinar parte de esos recursos a refinanciar pymes que atraviesan dificultades puede ayudar a sostener la actividad, sin comprometer los equilibrios macroeconómicos.

-Aun así, faltarían herramientas para el consumo doméstico…

—Sí, porque, aunque los salarios mejoren algo no alcanza para recomponer rápidamente el consumo y los niveles de mora. El crédito puede ser un complemento importante, pero hoy los bancos privados están más cautelosos por niveles de morosidad similares a los de la crisis de 2018–2019 durante el gobierno de Mauricio Macri.

En ese contexto, algunas medidas pueden ayudar a dinamizar el financiamiento. Por ejemplo, la baja de encajes bancarios que comenzará a regir a partir de abril; esto libera recursos para prestar más al sector privado. Si eso se combina con líneas de financiamiento específicas, especialmente para pymes, el crédito puede volver a empujar la actividad.

Deuda, apertura e industria

-En materia de importaciones, algunos hablan de un boom otros de normalización ¿Cuál es tu visión?

- Si uno mira las importaciones en relación al PBI, no aparece un boom. Sí es cierto que los bienes de consumo crecieron más rápido y también hubo un fenómeno de compras vía courier, que hoy mueve entre US$600 y US$900 millones por mes.

Pero en términos macroeconómicos no es un cambio tan significativo. La discusión sobre las importaciones tiene más que ver con la desregulación y la simplificación de trámites que con una apertura fuerte vía reducción de aranceles.

Lo que sí se observa es un cambio en la composición de las importaciones: crecieron más los bienes de consumo, mientras que en los últimos meses se enfriaron las compras de insumos y bienes de capital, algo que refleja una actividad económica que todavía no termina de despegar.

-El principal reclamo de la industria es la apertura económica sin bajar impuestos ¿Podría haberse dado de otra manera?

—Ese planteo tiene sentido. El problema es que no todo se puede hacer al mismo tiempo si se quiere sostener el equilibrio fiscal. Bajar impuestos implica resignar recursos y además muchos tributos dependen de provincias y municipios, por lo que requiere acuerdos políticos más amplios.

Hay un viejo concepto del economista Alan Blinder que habla de tener “cabeza dura y corazón blando”. La política económica tiene que mirar eficiencia y equidad al mismo tiempo. Hay gobiernos que solo piensan en bajar precios y otros que solo buscan redistribuir sin mirar cómo se financia. El desafío es equilibrar ambas cosas.

Hoy la industria tiene niveles de capacidad instalada similares a los de 2002, lo que muestra que no se están utilizando bien los factores productivos. Además, el mercado laboral muestra más precarización y pluriempleo, algo que tampoco es eficiente desde el punto de vista social.

-En exportaciones el Gobierno habla de niveles récord, pero con mucho peso del agro y la energía. ¿Existe riesgo de primarización?

-Ese riesgo siempre existe, pero también hay que reconocer que en Argentina históricamente se han demonizado sectores con claras ventajas comparativas, como el agro. En cualquier proceso de cambio hay sectores que se adaptan, se especializan o pierden peso pero tampoco significa abandonar actividades.

Por ejemplo, competir en producción textil básica contra China o Pakistán es extremadamente difícil. En esos casos el desafío es encontrar nichos de mayor valor agregado porque la industria organiza el territorio y genera empleo.

Fuente: Shutterstock
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En un país tan grande como Argentina, la industria, la construcción y el comercio crean polos de desarrollo en distintas regiones. Y además son sectores que aportan mucho en términos de empleo registrado y recaudación, por lo que si atraviesan dificultades eso también impacta en las cuentas públicas.

-Argentina enfrenta este año vencimientos de deuda importantes. ¿Cómo llega el país?

-En las últimas semanas el Banco Central logró comprar reservas, una parte de eso tiene que ver con que está también desinflando la demanda minorista. Creo queen marzo vamos a ver una caída que sería deseable. Si esa demanda se mantiene en torno a u$s 2000 o u$s 2500 millones mensuales, estamos hablando de hasta u$s 30.000 millones al año solo para dolarizar carteras.

Y eso, desde el punto de vista macroeconómico, no es demasiado eficiente, sobre todo porque esos dólares después no se vuelcan al crédito. Por eso digo que con algunas correcciones puntuales en la política económica se podría generar cierto alivio.

- ¿El campo vuelve a ser clave para generar dólares?

-El campo siempre es determinante. La novedad es que la energía empieza a reducir la estacionalidad de las exportaciones, con el crecimiento de Vaca Muerta. Eso hace que el ingreso de divisas esté menos concentrado en los meses de cosecha.

- ¿Será necesario algún incentivo para que fluyan dólares de la cosecha?

—Si el Gobierno deja deslizar el dólar a la zona de $1600, algo por debajo de la banda, que hoy está 1650, sería un aliciente porque ya tiene retenciones más bajas. De todos modos, no veo un escenario de gran retención de cosecha.

-Ese deslizamiento traería más inflación…

-Sí, pero también hay que entender que los procesos de desinflación son largos. Pasó en Chile, Uruguay, Colombia o Perú. En Argentina, la Convertibilidad que fue otra cosa completamente distinta llevó un año largo para que fuera a cero.

Por como decía el economista uruguayo y ahora asesor del Gobierno Ernesto Talvi, con la inflación hay que tener “paciencia estratégica”. No se puede pretender que desaparezca de un día para otro.

- ¿Los escándalos de corrupción pueden afectar el respaldo al Gobierno?

-En Argentina generalmente la política se define más por la economía que por esos temas.

Durante el gobierno de Carlos Menem hubo denuncias desde temprano, pero empezaron a tener impacto político cuando la economía se deterioró hacia fines de los noventa. Por eso, el factor decisivo suele ser la situación económica y las expectativas.