En el Foro Económico Mundial que se reúne en Davos existe una comunidad de “Global Shapers” en la que participan los jóvenes que pueden moldear el futuro. En esta edición, hay una representante argentina entre los 40 seleccionados. Se trata de Delfina Arambillet, periodista dedicada a la intersección de la inteligencia artificial con los medios en eras de ‘deep fakes’ e IA generativa. Hoy trabaja en Globant y asesora medios a la hora de repensar formatos y estrategias.

— ¿Cómo llegaste a ser seleccionada para participar y ser la única argentina que está en el Foro Económico Mundial?

— Soy miembro de una iniciativa que depende del Foro Económico Mundial, que se llama Global Shapers Community. Es una iniciativa que nace después de la primera Primavera Árabe, con el objetivo de darle una voz y un espacio a los jóvenes para moldear el futuro y participar en los lugares de toma de decisión.

Hoy más del 50% de la población está por debajo de los 30 años, pero cuesta mucho que estas personas estén en los espacios donde se toman decisiones que después nos afectan. Yo fui curadora o directora del capítulo Buenos Aires y cada año el Foro selecciona entre 40 y 50 jóvenes para venir. Este año tuve el privilegio de ser seleccionada.

¿Es un grupo con diversidad de perfiles?

— Sí, es un grupo súper diverso. Somos cuatro personas de Latinoamérica y también hay participantes de África, Asia, Europa y Estados Unidos. Hay backgrounds y expertise muy distintas.

¿Lo tuyo está enfocado en inteligencia artificial o es más general?

— Mi foco está puesto en inteligencia artificial aplicada a medios.

AMIT LAVEE

¿Qué temas se están discutiendo hoy y hacia dónde debería ir el futuro? ¿Qué habría que tener en cuenta?

— Hoy estamos en un escenario, de acuerdo al Reuters Institute, donde el 40% de las personas decide evitar las noticias porque las considera aburridas, demasiado complejas de comprender o porque les bajan el estado de ánimo. Al mismo tiempo, cada vez más contenido se produce con inteligencia artificial y se distribuye en redes. Y por su lógica, las redes sociales generan filtros de burbuja: te exponen a lo que uno quiere consumir y no a otras cosas que aumenten la diversidad de pensamientos.

Frente a ese escenario, los medios tienen una gran oportunidad de reconstruir la confianza con sus audiencias y con las generaciones más jóvenes, que muchas veces los ven como organizaciones vetustas, aburridas o que no los representan. Creo que pueden cambiar la forma en la que entregan información: personalizar mucho más la experiencia, entender cuáles son los temas de interés y los formatos preferidos para consumir información. Esa es mi tesis y lo que traigo a Davos para compartir con líderes de distintos sectores.

Es una época donde hay muchos comunicadores individuales. ¿Cómo pueden mantener su rol los medios?

— Creo que son mundos que coexisten. Pero sí creo que si los medios logran escuchar mejor a sus audiencias y entregar información de manera más personalizada y pensada no solamente para resaltar lo malo o sumar a la conversación polarizadora, pueden recuperar esa confianza.

Los medios tienen un método histórico de chequeo de información, de trabajo con diversas fuentes y de traducción de la realidad, que muchas veces los comunicadores individuales no tienen. En algunos países, como China, ya existen legislaciones que exigen matrícula para hablar como influencer sobre temas sensibles como nutrición o salud. No sabemos si eso se extenderá a otros países, pero marca una señal sobre el rumbo.

Más allá de que hoy la confianza esté puesta muchas veces en comunicadores individuales, eso no garantiza que la información sea real o esté verificada. Se puede tomar lo mejor de ambos mundos y generar un ecosistema informativo más saludable.

Con la inteligencia artificial explotó también el fenómeno de fake news. ¿Cómo ves la respuesta de los medios y qué deberían hacer?

— Mucho se habla de que la IA generativa trajo la conversación de que ahora hay fake news por la IA. Pero eso no es así: la desinformación existe desde siempre. Cualquiera puede publicar algo en redes, se vuelve viral y muchas personas lo creen. Lo que sí hizo la IA fue democratizar el acceso a crear deepfakes o contenido audiovisual mucho más verosímil, más allá de un texto escrito. Es un problema que involucra a todos, pero también le da una oportunidad a los medios: si todo lo que uno ve online puede estar creado con IA y no se sabe si es verdad, los medios pueden convertirse en un lugar confiable.

En el norte global, medios grandes como The New York Times o la BBC desarrollaron métodos y herramientas para que los periodistas identifiquen rápidamente si algo es verdadero o si fue generado con IA. En Argentina todavía falta avanzar en eso. Hay organizaciones como Chequeado que verifican información, pero muchas veces la desinformación se expande tan rápido que, si la verificación no llega a tiempo, es difícil contrarrestar el efecto. Hay mucho espacio para aprender y desarrollar herramientas en el país.

También por el sesgo o las burbujas en redes: algo se expande y después el chequeo no se viraliza de la misma manera

— Exacto. Además, a veces hay gente que directamente dice: “No me interesa saberlo”. Las fake news están diseñadas para expandirse. Entonces hay que pensar cómo lograr que la información real también esté lista para expandirse. Si se comunica todo de manera aburrida y en formatos poco atractivos, se vuelve más difícil competir con el contenido engañoso.

¿Cómo sigue tu participación después de Davos? ¿Cómo se mantiene la relación con líderes globales del sector para seguir avanzando sobre estos temas?

— Recién arranca Davos y mi expectativa es poder conectarme con líderes de la industria tecnológica, pero también de los medios, porque hay muchos acá. Hay muchísimas sesiones. Después de Davos, por supuesto, seguir pensando y armando proyectos con el Foro. El Foro abre muchas puertas para pensar iniciativas que conecten con otras ciudades y otros líderes, y para trabajar estos problemas de manera transversal. Así que esperando la semana y los proyectos que puedan surgir, tanto con el Foro como por fuera.

¿Para qué sirve el Foro de Davos? Desde tu perspectiva, ¿es una plataforma, un espacio de networking? ¿Cuál es su rol?

— El Foro Económico actúa como una plataforma de diálogo. Este año el lema es un “espíritu de diálogo”. Estamos en un momento geopolíticamente muy turbulento y creo que generar diálogo y sumar perspectivas diversas es clave para intentar cambiar el rumbo de las cosas. Estos espacios, donde pueden participar voces distintas, son muy importantes porque casi no existen. Históricamente, el Foro logró reunir líderes muy opositores e instalar temas que ayudaron a progresar como sociedad. Ese es un poco el mensaje central sobre el rol del Foro.