La movilización de centrales obreras, sindicatos y agrupaciones políticas que se realizó por la tarde en el Congreso dejó el retrato de una fragmentada marcha opositora a la reforma laboral impulsada por Javier Milei.
La jornada incluyó enfrentamientos directos con las fuerzas federales que custodiaban el palacio legislativo y se pudieron presenciar acciones destinadas a romper el mobiliario urbano y así utilizarlo en la refriega.
El gobierno de la Ciudad calculó que destrozos registrados durante la marcha de la CGT costaron $270 millones de pesos.
En ese sentido, el jefe de Gobierno Jorge Macri dijo que “el desastre que hicieron estos delincuentes no puede ser una contravención. Destruir bienes públicos tiene que ser un delito”.
“No alcanza con multas, tienen que ir presos”, añadió.
Previamente se habían retirado 140 contenedores de basura en 60 cuadras alrededor del Congreso y se desplegó un operativo especial de limpieza posterior a la protesta.
“Entre otras acciones, hubo rotura de baldosas y veredas de la zona que implicarán tapado de grafitis y una nueva demarcación de cruces peatonales. También se reportaron daños en el césped y el mobiliario urbano de la Plaza de los Congresos”, señaló la comunicación oficial.
Una vez concluida la marcha, se desplegó un operativo de limpieza especial que incluyó: 120 barrenderos, 7 hidrolavadoras,7 camiones recolectores, 15 supervisores, 8 brigadas de acción inmediata.
Los inicidentes
A la convocatoria realizada por la Confederación General del Trabajo se plegaron las dos CTA, sindicatos independientes y agrupaciones del peronismo y de la izquierda. En la plaza terminaron conviviendo los gremios que habían participado en la decisión de una “movilización” con aquellos que pretendían medidas de fuerza “más contundentes” como el paro general y el choque frontal contra los efectivos.
“Fue una acción sindical muy importante con columnas masivas movilizando para repudiar este proyecto de ley y avalar a los legisladores que acompañan al movimiento obrero”, dijo el secretario adjunto de la CGT, Andrés Rodríguez al evaluar la contundencia de lo actuado.
Sin embargo, las diferencias se hicieron notar: aunque algunos gremios se concentraron desde el mediodía en la zona que de la 9 de Julio, muchas columnas ni se acercaron hasta el Congreso.
Hasta hubo versiones cruzadas respecto a la lectura de un documento durante la movilización: mientras algunos voceros confirman que existía esa posibilidad y que quedó frustrada por los incidentes, otros dirigentes la descartan diciendo que nunca estuvo en carpeta.
Fue cerca de las 15 cuando en la intersección de Callao y Rivadavia se registraron las primeras escaramuzas: allí estaban apostados militantes que mostraban -entre otras- banderas del Partido Socialista de los Trabajadores, del Polo Obrero y del Movimiento Socialista de los Trabajadores.
Después de algunos forcejeos, voltearon las vallas. Volaron palos, piedras y gases lacrimógenos. La escena de violencia no se volvería a detener y los choques se reproducirían, con variada intensidad, durante horas.
Si en la memoria estaban aquellas marchas del macrismo, las recordadas por las “toneladas de piedras” o las del hombre que improvisó un arma de fuego con un mortero, lo que sucedió ayer lo superó: encapuchados parapetados en unas tablas se acercaron hasta el cordón policial y arrojaron bombas molotov. Uno de ellos portaba una insignia de la agrupación Convergencia Socialista.
La acción pareció estar muy lejos de haber sido improvisada: desde los objetos que se usaron como escudos, la coordinada manera en que se desplazaron, hasta la preparación de los cócteles, todo se mostró como finamente pergeñado.
El personal apostado contestó con una nueva ronda de gases lacrimógenos y disparos que impactaron también en los periodistas que trabajaban en las inmediaciones. Luego se desplegó la Policía motorizada que, mientras realizaba detenciones, fue intentando despejar la plaza y las inmediaciones.
“Esto fue armado”, no dudó en sentenciar uno de los tres secretarios Generales de la CGT, Jorge Sola, quién además afirmó que la marcha quedó “desvirtuada”.
El triunviro destacó que la movilización había sido convocada para manifestarse “en paz” contra la reforma, que se buscó hacer “en paz social”, pero que lo sucedido “corre el eje” del debate y es funcional a los que buscan el desprestigio sindical.
En las calles se pudo ver la presencia de dirigentes de diversas extracciones que asistieron a heridos y denunciaron que las detenciones realizadas se desarrollaban sin criterio y que eran “arbitrarias”. El exsecretario de Derechos Humanos del albertismo, Horacio Pietragalla-Corti; a la diputada Myriam Bregman y al exlegislador y dirigente peronista Leonardo Grosso, fueron algunos de ellos.
Las CTA, en tanto, emitieron un comunicado en el que denunciaron que “la protesta fue reprimida por un operativo de seguridad que intentó desalojar a los manifestantes con gases lacrimógenos, camiones hidrantes y balas de goma”.