El mantra de “no hay plata” que popularizó el presidente Javier Milei para hacer un fuerte ajuste en el Estado mutó al ámbito corporativo con cifras que revelan una importante “brecha de capacidades”.
Mientras el Gobierno nacional acelera la apertura de la economía y exige niveles de competitividad internacionales, las empresas argentinas enfrentan su propia barrera, según el último informe del Observatorio de Excelencia Operacional de la Universidad Austral.
En concreto, el informe refleja que existe una desconexión crítica entre cómo las empresas se ven a sí mismas y cómo operan realmente. Como evidencia, destaca que un 30% de las empresas argentinas todavía realiza su planificación de materiales (MRP) en planillas de cálculo.
La excelencia, un espejismo
Uno de los datos más reveladores del estudio es la inconsistencia en la autoevaluación. Más del 50% de las empresas declara estar en niveles altos de madurez operativa (niveles 3, 4 o 5). Sin embargo, al analizar sus procesos diarios, la evidencia muestra que la mayoría no aplica herramientas básicas para el cambio cultural.

“Las empresas se califican alto, pero operan bajo estándares que están muy por debajo del estándar internacional que hoy exige la competitividad regional”, señala el informe.
Para que la excelencia deje de ser un deseo y se convierta en una forma natural de trabajo, se requieren hábitos y rutinas que hoy están ausentes.
- Daily Management (Gestión Diaria): Es la herramienta más crítica y, paradójicamente, la menos implementada. La mayoría de las empresas no realiza reuniones breves de línea ni de supervisión para analizar KPIs en tiempo real. Sin gestión diaria, no hay reacción rápida ante el error.
- 5S y Kaizen: Aunque muchas firmas dicen priorizarlas, su aplicación es superficial. El 5S (orden y estandarización) y el Kaizen (mejora continua para eliminar desperdicios) se utilizan de forma básica, sin alcanzar un nivel experto que involucre a quienes ejecutan el trabajo.
- Capacitación: El estudio identifica una formación técnica insuficiente en metodologías como Lean, Six Sigma y TPM, lo que impide que las mejoras sean sostenibles en el tiempo.
“Estas prácticas son la base estructural sobre la cual se edifica una cultura de mejora continua, porque establecen los hábitos, comportamientos y rutinas que permiten que la excelencia deje de ser un objetivo aspiracional y se convierta en una forma natural de trabajar“, explica el documento.
El riesgo del “Management por Excel”
La cadena de abastecimiento (Supply Chain) muestra una de las vulnerabilidades más preocupantes: un 30% de las empresas argentinas todavía realiza su planificación de materiales (MRP) en planillas de cálculo. En una economía que busca la eficiencia extrema, depender de procesos manuales en Excel aumenta el riesgo de error, el sobrestock y los costos logísticos.
En cuanto a la Industria 4.0, el avance es apenas marginal. Solo el 4,48% de las organizaciones ha alcanzado un nivel maduro de transformación digital, mientras que un 12% no ha implementado ninguna tecnología vinculada a la digitalización industrial.
El informe de la Universidad Austral concluye que la industria argentina está en un punto de inflexión. Si bien existe la intención estratégica de mejorar y una base inicial de prácticas y tecnologías, aún falta disciplina operativa, cultura de mejora continua y liderazgo orientado a la excelencia operativa para convertir esa intención en resultados sostenibles.
En un escenario que no perdona la ineficiencia, la brecha entre “decir” y “hacer” podría ser la diferencia entre la supervivencia y el cierre.
















