El más reciente libro del historiador económico Pablo Gerchunoff se titula “La demora y la prisa”, con un subtítulo que añade: “Historia de los (des)equilibrios sociales argentinos”.
El trabajo recorre en diversos ensayos cómo a lo largo de las etapas de la política económica argentina hubo balances y desbalances entre los sectores dominantes, por momentos con predominio de los más ligados a la industria con protección enfocada en el mercado interno, por momentos con el auge de la producción primaria de exportación en el marco de modelos de inserción financiera internacional.
El texto, que no llega a poner bajo análisis el plan barra experimento en desarrollo en estos días con la gestión de Javier Milei, introduce sí como años de quiebre el proceso que sitúa desde 2006 hasta 2023, caracterizado por una paulatina pero sostenida pérdida de vigencia de la moneda nacional al calor del crecimiento de la inflación y su convivencia en paralelo con la consagración del dólar como respuesta a toda incertidumbre.
A partir de ese devenir, y como una película que termina con un “continuará”, Gerchunoff sólo se pregunta si la situación ha llegado a un punto de inflexión como para pensar que se puede estar dejando atrás esa inestabilidad histórica tras la llegada de La Libertad Avanza al poder o, como podría caber preguntarse, si se trata simplemente de otra experiencia fallida que formará parte de una nueva lectura histórica en un próximo libro más adelante, algo que para los tiempos de un historiador es imposible saber de inmediato.
La mirada de un trabajo como el que publica la editorial Edhasa en estos momentos contrasta con la virulencia con la que el presidente de la Nación primero y su equipo económico en especial han salido a defender los resultados de su gestión en plena coyuntura.
Son días en los que se mezclan dudas sobre el proceso de desinflación -tanto por problemas propios como por el impacto de la guerra- con el funcionamiento de una economía con dos realidades que bien podría leerse al calor de los desequilibrios que plantea el profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella.
Ya sea como una convicción o como parte de una estrategia, tanto Milei como en especial en estas últimas horas el propio Luis “Toto” Caputo, enfatizan que el problema central es que existe una cobertura negativa por parte de los medios de comunicación que no refleja lo que en verdad está pasando. Lo atribuyen o bien a que los periodistas “odian al Gobierno”, a que “son todas opiniones compradas” o a que “tienen una posición ideológica contraria” que los hace sólo cuestionar lo que está pasando e ignorar lo que haya de positivo.
“Hay una parte del periodismo que quiere que la Argentina se hunda”, dijo el domingo por la noche sin más el titular del Palacio de Hacienda en una entrevista por TV, al cierre de un raid en el que en la semana previa había pasado por la Bolsa de Comercio de Rosario con un mensaje también centrado en lo que dice el mundo de los medios de comunicación, que “en un 99% no nos quiere”, según dijo.
A esta altura, en el establishment se reparten entre los que toman el mensaje de Milei, Caputo y compañía como parte de “la política” y los que lo empiezan a registrar como un gesto de “impotencia”, de acuerdo con algunos comentarios en encuentros entre banqueros y empresarios.
Más allá de los “convencidos” que salen a bancar el plan económico y ahora comparten en WhatsApp el programa oficial que hacen Antonio Aracre y Ramiro Castiñeira en la televisión estatal -donde este miércoles entrevistarán al Presidente-, hay algunos afines que empiezan a exhibir dudas por la viabilidad del plan más allá de que acompañen el rumbo.
Una de las incógnitas es la sostenibilidad del tipo de cambio. Un trabajo de la consultora EcoGo, por caso, estima que si se mantuviera un costo de vida parecido al actual hasta mitad de año junto con un tipo de cambio que funciona como ancla, se profundizará el atraso de ese precio clave que afecta la producción frente a la competencia internacional. Se trata de un tema que enoja mucho al ministro, que dijo que “cagaría a patadas en el culo” a los que “sugieren devaluación”.
“Tomando como base 100 el día de la salida del cepo de Macri, hoy volvimos a 84 frente al nivel de 80 de partida y de 78 de los mínimos alcanzados en abril pasado Tomando una inflación promedio del 2,5% con un dólar estable a fines de junio volveríamos a los niveles de partida”, indica el trabajo que indaga, en espejo actual de los dilemas de Gerchunoff, sobre cómo la “transformación productiva” de Milei hace conjugar “lo nuevo” -los sectores ganadores- con “lo viejo”, la industria que destruye empleo.
En igual sentido, Caputo decidió salir a enfrentar ante la prensa también el temor por la disparada de los niveles de morosidad en los bancos, aunque con un giro o licencia que lo llevó a exaltar las virtudes de que las familias tengan elevados niveles de deuda, como un factor de desarrollo, un argumento que fue destacado en redes por economistas aliados como Fernando Marull, que subrayó un posteo al respecto también del empresario Marcos Galperin.
Sin embargo, el analista financiero Christian Buteler sumó al debate que la cuestión no es el nivel de deuda en sí, sino los niveles de morosidad, con un gráfico donde mostró la disparada del ratio irregular de la cartera de crédito familiar en la Argentina versus un nivel estable en Brasil.
Por último, una incógnita más cruda cruza todo el análisis y por más que quiera Caputo no la puede despejar: ¿cuánto del ruido por casos como el nivel de vida del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, restan apoyo popular al plan de Milei que hasta acá se basó en soportar con esfuerzo y expectativa una vida más estable pero más dura? “No influye en nada el ruido político”, dijo el ministro en TV. Además, también quiso clausurar de antemano los debates sobre sus funcionarios que pudieron créditos hipotecarios en el Banco Nación. “Los chicos no hicieron nada ilegal”, dijo.
Pero en definitiva nadie sabe si eso le resbala a la población o esmerila poco a poco la paciencia. El mismo documento de la firma EcoGo cruza las líneas de aprobación presidencial y tipo de cambio, comparación que registra una novedad en los últimos meses: “Por primera vez hay una caída en la aprobación presidencial sin presiones cambiarias y con el Banco Central comprando dólares”.