El Reino Unido atraviesa unos días particularmente incómodos. En poco más de una semana, Londres quedó expuesto por varios frentes que, aunque responden a conflictos diferentes, tienen un mismo protagonista externo: Donald Trump.
Primero fueron las Malvinas. El presidente estadounidense puso en duda la tradicional posición de Washington sobre la soberanía británica del archipiélago, en medio de sus reproches al Gobierno de Londres por el escaso apoyo que, según él, recibió durante la guerra con Irán y por el nivel de gasto militar británico.
Después llegó Irlanda. Durante su visita a Dublín, Trump aseguró ayer que le gustaría ver una Irlanda unificada y pronosticó que, tarde o temprano, eso ocurrirá. La declaración tocó directamente uno de los asuntos más sensibles para la política británica: el futuro de Irlanda del Norte.
Y ahora aparece un tercer frente, esta vez dentro de las propias fronteras del Reino Unido.
Los líderes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte se reunirán este lunes en Cardiff, la capital de Gales, para coordinar sus reclamos de independencia y avanzar hacia una estrategia común frente a Londres. Se proponen firmar un memorando de entendimiento y coordinar sus esfuerzos en favor de la independencia.
Participarán Rhun ap Iorwerth, de Plaid Cymru; John Swinney, del Partido Nacional Escocés (SNP), y Michelle O’Neill, del Sinn Féin. También podría participar Mary Lou McDonald.
No concurrirán como representantes de los gobiernos autónomos, sino como dirigentes de sus respectivas fuerzas políticas.
El objetivo es elaborar una declaración conjunta para reclamar a Londres que permita celebrar referendos de independencia y que devuelva competencias a los gobiernos territoriales.
La iniciativa busca convertir reclamos que hasta ahora avanzaron por separado en un frente político común.
Y allí aparece uno de los elementos más sensibles para el Gobierno de Burnham.
“Puede ser el último primer ministro del Reino Unido”
El escocés Swinney llegó a presentar el encuentro como un posible punto de inflexión.
“Por primera vez en la historia, Escocia, Gales e Irlanda del Norte están gobernadas por ministros principales proindependentistas”, afirmó.
El dirigente escocés definió la reunión de Cardiff como “un nuevo comienzo que supone la independencia” y sostuvo que el actual esquema territorial británico ya no resulta sostenible.
Incluso planteó una posibilidad mucho más extrema: que Andy Burnham, premier británico, pueda terminar siendo “el último primer ministro del Reino Unido”.
La frase resume hasta dónde pretenden llevar el desafío los nacionalistas, aunque está lejos de significar que la ruptura del Reino Unido sea inminente.
El Gobierno británico mantiene una posición muy diferente. Burnham ya afirmó que un nuevo referéndum independentista en Escocia está “fuera de toda discusión” mientras no exista un apoyo mayoritario suficiente para modificar esa posición.
En Irlanda del Norte, además, cualquier consulta sobre una eventual reunificación está sometida a las reglas establecidas por el Acuerdo de Viernes Santo y requiere que se cumplan las condiciones previstas para convocarla.
Londres, bajo presión
La reunión de mañana no es un rayo en cielo sereno. La secuencia comenzó con las Malvinas.
A fines de agosto, Trump fue consultado en la Casa Blanca sobre la posibilidad de que Estados Unidos revisara su tradicional posición frente a la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido. Su respuesta fue breve pero significativa: “Siempre reviso todas las posiciones. Esa es solo una de muchas”.
La declaración generó preocupación en Londres porque Estados Unidos mantuvo históricamente una posición de neutralidad frente a la disputa, aunque reconoció la administración británica de facto de las islas después de la guerra de 1982.
Pocos días después, Trump explicó con mayor claridad qué había detrás de su malestar con el Gobierno británico. En una entrevista con la cadena GB News recordó que había pedido apoyo a sus aliados de la OTAN durante la guerra con Irán y reprochó específicamente al Reino Unido no haber enviado barcos.
“Su país no estuvo allí para ayudarme”, dijo Trump al referirse a la posición británica.
El episodio fue leído en Londres y Washington como una señal de presión sobre el Gobierno de Burnham para que aumente su participación militar y su aporte a la defensa colectiva de la OTAN. La cuestión de las Malvinas apareció así dentro de una disputa mucho más amplia entre Trump y algunos de sus aliados europeos sobre el reparto de las cargas militares.
La Argentina, mientras tanto, aprovechó rápidamente el giro discursivo de Washington.
Javier Milei colocó nuevamente la cuestión Malvinas en el centro de su agenda y, en su discurso por cadena nacional del 3 de septiembre, reafirmó el reclamo argentino sobre el archipiélago. El Gobierno también avanzó con medidas vinculadas a la explotación hidrocarburífera en el área y posteriormente inició procedimientos sancionatorios contra personas y empresas relacionadas con actividades de exploración y explotación de hidrocarburos en las islas.
La disputa, que durante años tuvo una presencia relativamente acotada en la agenda internacional, volvió así a ocupar un lugar destacado.
Trump volvió a hablar de Malvinas
Pero el asunto no terminó allí.
Durante su visita a Dublín, este sábado, Trump volvió a referirse a las Malvinas y elevó todavía más el tono de sus comentarios sobre la posibilidad de un enfrentamiento entre la Argentina y el Reino Unido.
El presidente estadounidense afirmó que un eventual conflicto entre ambos países por las islas sería un “desastre potencial” y aseguró que probablemente podría intervenir para resolverlo si las partes solicitaran su ayuda.
Trump también cuestionó la capacidad británica para afrontar un conflicto tan distante. Al hablar sobre las dificultades que enfrenta el Reino Unido, mencionó la inmigración, la energía y otros problemas internos y se preguntó si Londres estaría dispuesto a enviar fuerzas tan lejos.
“Hablamos de semanas en barcos”, señaló.
Trump tampoco se conformó con las Malvinas: ahora habló de una Irlanda unida
Durante su visita a Dublín, Trump volvió a tocar una cuestión directamente vinculada con la integridad territorial del Reino Unido.
Después de reunirse con el primer ministro irlandés, Micheál Martin, el presidente estadounidense dijo que le gustaría ver una Irlanda unificada.
“Me encantaría verla unificada”, afirmó. Y agregó: “Va a suceder eventualmente. Creo que sería algo fantástico”.
Trump reconoció que el Reino Unido tendrá algo que decir sobre el asunto, pero igualmente expresó públicamente su preferencia por una eventual reunificación entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte.