En el Foro de Presidentes de la Universidad Austral, el expresidente Mauricio Macri reapareció con una fuerte defensa del ajuste económico del Gobierno, críticas a la dinámica política de Javier Milei y su entorno en plena interna. Además, dejó un acrítica a Martín Menem y señales sobre el rol que podría ocupar de cara a 2027.
“Pregúntele a Cristina si ayude o no al Kirchnerismo”, respondió el expresidente al entrar a la Universidad.
La respuesta no fue casual, Martín Menem dijo durante el último fin de semana que una eventual candidatura presidencial de Mauricio Macri en 2027 “le haría un favor al kirchnerismo”.
“Macri es un ex presidente que no pudo reelegir, que hizo un esfuerzo por terminar con el populismo y no pudo porque volvió. Creo que le haría un favor al kirchnerismo si quiere competir”, sostuvo Menem.
En este sentido, el expresidente respondió al jefe de la Cámara de Diputados que hoy está bajo fuego interno del sector de Santiago Caputo.
Durante una extensa entrevista con la periodista Florencia Donovan y luego en un panel compartido con el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti, Macri combinó elogios a las reformas libertarias con cuestionamientos al estilo de conducción presidencial y volvió a posicionar al PRO como fuerza “constructora” de cara a la transición política que, según planteó, todavía atraviesa la Argentina.
El exmandatario definió el liderazgo de Milei como “absolutamente emocional”, aunque reconoció detrás del Presidente “un profundo estudio de las ideas”. “Se ve como un profeta”, sostuvo, y marcó que al oficialismo todavía le falta consolidar la etapa de implementación de las reformas.
“Es un país que tiene que salir de un sistema para entrar en otro, en eso Milei tiene razón”, afirmó. Sin embargo, también advirtió sobre el clima político que rodea al Gobierno: “Hay mucha intolerancia a la crítica del gobierno”.
Macri insistió además en la necesidad de combinar capacidad técnica con liderazgo político y cuestionó el predominio de la comunicación sobre la gestión. “En Boca aprendí que comunicar es más importante que hacer. En la política resisten más los buenos comunicadores que los buenos administradores”, señaló. Y agregó: “El poder es una herramienta maravillosa para transformar. Si no lográs que la gente viva mejor con el poder, tu momento pasa”.
En un contexto político adverso para el gobierno nacional, con una interna furiosa entre Karina Milei y Santiago Caputo, con Martín Menem como nexo, Macri habló sobre los entornos y reivindicó la importancia de rodearse de dirigentes capaces de contradecir al líder.
“La palabra mágica es no”, sostuvo, al recordar cómo funcionaba su mesa chica durante la presidencia. Según explicó, una de las claves del liderazgo es tener alrededor personas con independencia suficiente para marcar límites y evitar errores políticos.
“El poder te toma y pasás de ser un tipo inteligente a ser un estúpido”, resumió. Macri contó además que evitó decisiones equivocadas gracias a dirigentes de confianza que lo frenaron en momentos clave y defendió la necesidad de sostener equipos sólidos incluso en medio de situaciones de crisis. “Si a la primera vez que te dicen que no anulás a esa persona, después nadie te va a decir la verdad”, planteó.
Sobre el escenario internacional, Macri dedicó largos pasajes a analizar el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Lo describió como un dirigente “desinhibido totalmente”, con una lógica de acción imprevisible y cada vez más disruptiva. “Está desatado”, resumió.
Aun así, recordó el apoyo que Trump brindó a la Argentina durante la negociación con el FMI en su presidencia y sostuvo que el republicano mantiene las mismas ideas de fondo que en su primer mandato: menos costos para Estados Unidos en seguridad internacional y una visión crítica del comercio global.
Macri también vinculó el ascenso de liderazgos extremos con un cambio de época acelerado por la pandemia, la guerra y las redes sociales. “Hoy todas las decisiones están muy basadas en lo emocional”, afirmó. En ese contexto, advirtió que la pérdida de vínculos internos sólidos y el exceso de personalismo pueden profundizar los errores de gestión y alimentar dinámicas de aislamiento en el poder.
Uno de los momentos políticamente más fuertes llegó durante el panel con Sanguinetti, cuando el expresidente analizó el presente del peronismo y el kirchnerismo. Allí planteó que el movimiento atraviesa una etapa terminal bajo el liderazgo kirchnerista y dejó una definición tajante sobre Kicillof.
“Estamos al borde de que el kirchnerismo se convierta en minoría y aparezca un liderazgo más sano”, sostuvo. Y enseguida disparó: “Si la solución es Kicillof, si pierden pierden, y si ganan pierden de vuelta”.
Macri sostuvo que la Argentina necesita una dirigencia “aggiornada” a consensos básicos sobre equilibrio fiscal, inserción internacional y estabilidad macroeconómica. “Hay ideas que ya no se pueden debatir”, afirmó.
En esa línea, volvió a reivindicar el orden fiscal impulsado por el Gobierno y celebró el rechazo legislativo a ampliar beneficios de zonas frías. “Volvamos a la racionalidad”, dijo, al recordar que “132 diputados” votaron en contra de la iniciativa.
También defendió la necesidad de reformas estructurales y criticó la resistencia corporativa al cambio. “Hay mucha gente que deberían mandar a la luna, tienen una cuota de poder que no quieren cambiar”, lanzó.
Aunque evitó confirmar un eventual regreso electoral en 2027, Macri dejó abierta la discusión sobre su rol político y sugirió que la etapa que viene exigirá perfiles distintos a los actuales. “El próximo paso requiere otras cualidades para desarmar lo que no funciona”, sostuvo, antes de reivindicar al PRO como una fuerza preparada para “construir” y gestionar.
“Acá la gente vive mejor porque el PRO sabe construir y cree en el método”, afirmó.