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El humor social es continuamente monitoreado por las encuestadoras y es insumo cada día más corriente en la toma de decisiones gubernamentales, aun cuando sus números no marquen caídas o subas abruptas, sino estabilidades que pueden ser preocupantes o alentadoras.
Ese segundo escenario fue el detectado por una reciente investigación que afirma la existencia de una “estabilidad de la insatisfacción” en la opinión pública argentina. Se trata de una novedad que llega de la lectura de múltiples resultados, pero que dan cuenta particularmente de la percepción del rumbo del país.
Se trata de la encuesta realizada por la Universidad de San Andres la que registra el fenómeno: después de meses de caída de la imagen del gobierno y de las expectativas, hay una meseta.
La “estabilidad” que puede incomodar a Milei
El sondeo indaga especialmente sobre la materia con una pregunta directa a los encuestados. La respuesta dio exactamente igual que un mes atrás.
El 68 por ciento muestra sentimientos negativos, y es de casi 50% los que manifiesta estar “muy insatisfecho”. Sólo el 6% se ubica en el polo puesto y los que ven la situación como positiva suman el 29%.
Si bien es cierto que ese resultado no es linealmente trasladable a la administración de Javier Milei, dado que los encuestados podrían mostrarse así por múltiples razones, la encuesta va develando con otros datos a quienes son ubicados como responsables.
El dato positivo para la administración libertaria que es que ese número ya no empeoran tan rápido como hace algunos meses. Desde noviembre de 2025, cuando había rozado los 40 de expectativas positivas, cayó más de 10 puntos para estabilizarse en torno a los 30 en los últimos meses. Eso, sin embargo, no puede traducirse en una mejora.
Comparado con sus antecesores, a la misma altura del mandato, Milei se muestra casi empatado con Mauricio Macri y bastante por encima de Alberto Fernández.
Cuando se indaga sobre responsabilidades, el 23% de los encuestados está satisfecho con el desempeño del Ejecutivo, sólo el 19% con el Poder Judicial, el 16% con el Senado y el 15% con Diputados.
La imagen de Milei sigue bajo la sombra de la polarización
A más de dos años del inicio de su mandato, la figura de Javier Milei sigue polarizando. Como sucede con la meseta de la insatisfacción, la desaprobación del gobierno parece haberse detenido y estabilizado en un rojo de 60%.
Las diferencias más fuertes aparecen cuando se analiza el corte por género y edad. Entre los hombres, el nivel de aprobación alcanza el 44%, mientras que entre las mujeres cae al 29%, una brecha de 15 puntos que vuelve a mostrar un respaldo considerablemente más alto del oficialismo en el electorado masculino.
En términos generacionales, los niveles más altos de apoyo aparecen entre los Boomers —mayores de 60 años— con 41% de aprobación, seguidos por la Generación X con 37%.
La polarización política sigue siendo el principal ordenador de la opinión pública. Entre quienes votaron a Milei, el 74% aprueba su gobierno, mientras que entre los votantes de Patricia Bullrich el respaldo alcanza el 59%. En el extremo opuesto, la desaprobación llega al 96% entre quienes votaron a Sergio Massa y al 97% entre los votantes de Myriam Bregman.
El mapeo de expresiones es bastante contundente. Mientras que en aquellos que apoyan al gobierno predomina casi exclusivamente la “esperanza”, sus detractores hablan de “rechazo” y “vergüenza”, pero también de “desilusión”, es decir, alguien que en algún momento se sintió convocado por el discurso libertario.
Las expectativas del modelo Milei ya no entusiasman, pero tampoco terminan de derrumbarse
Uno de los aspectos más interesantes del relevamiento aparece cuando se pregunta por la situación económica del país y las perspectivas a futuro. Allí también se observa un fenómeno de amesetamiento: el pesimismo sigue siendo dominante, aunque dejó de profundizarse con la velocidad que mostraba meses atrás.
El 58% de los encuestados considera que la situación del país empeoró respecto de hace un año y apenas el 18% cree que mejoró. Sin embargo, cuando se consulta sobre el futuro, el escenario aparece algo menos sombrío: el 26% considera que el país estará mejor dentro de un año, mientras que el 44% cree que empeorará.
La diferencia aparece especialmente marcada entre quienes todavía sostienen expectativas positivas sobre el gobierno. Entre los votantes de Milei, el 56% cree que la situación económica mejorará el próximo año y sólo el 11% considera que empeorará. En cambio, entre quienes votaron a Massa el 81% cree que el país estará peor dentro de un año y apenas el 5% espera una mejora.
El lento adiós a la idea de la dolarización
La idea de dolarización fue cambiando para el Gobierno. O, por lo menos, el presidente Javier Milei fue dando explicaciones sobre aquella idea. En algún momento habló de “competencia de monedas” y, más recientemente dijo que “no se puede dolarizar porque la gente no quiere hacerlo”.
En ese sentido, los investigadores de San Andrés realizaron un “experimento” que dividió a los encuestados en tres grupos y les presentaron distintas explicaciones sobre por qué Milei finalmente no dolarizó.
A uno le ofrecieron el argumento político: “la gente no quería dolarizar”; al otro el argumento técnico, es decir, que “no estaban dadas las condiciones económicas y faltaban reservas”.
En todos los casos, más del 63% está de acuerdo con no haber dolarizado. Cambia la justificación, cambia quién lo dice, pero no cambia demasiado la respuesta social.
Para los investigadores, la sociedad ya “internalizó” que la dolarización no era viable o deseable en este contexto.
Luego, cuando preguntan en qué moneda preferirían cobrar el salario, el 47% responde pesos y solo el 29% dólares.