El Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó el crecimiento global por la guerra y volvió a ajustar en medio punto para abajo el pronóstico para la Argentina, aunque el cambio lo atribuyó a otro motivo.
A nivel global, el FMI prevé un crecimiento de 3,1% pero revisó para abajo. Podría haber sido mayor sin la guerra. Su economista jefe Pierre Olivier Gourrinchas planteó que es el mayor shock desde la pandemia.
Por qué proyecta menos crecimiento en Argentina
Para 2026, el Fondo recortó el crecimiento previsto de Argentina del 4% que proyectaba en enero a 3,5% y quedó incluso por debajo del Banco Mundial, que la semana pasada bajó su estimación al 3,6%. El motivo es el mismo en ambos casos —la guerra en Medio Oriente—, pero el Fondo fue un paso más allá en el tono y en el diagnóstico.
Mientras el Banco Mundial todavía hablaba de una Argentina “excepción” en la región, el FMI encuadra el recorte dentro de un escenario global que se volvió más incierto y donde los riesgos ya no están equilibrados: ahora apuntan, mayormente, hacia abajo.
“La rebaja de crecimiento, más que por el impacto de la guerra, es por el momento débil de la actividad en el segundo semestre”, planteó la economista Petya Koeva Brooks consultada sobre las razones de la rebaja del crecimiento argentino.
En tanto, hay un matiz: como exportador neto de energía, el país podría amortiguar parte del golpe si suben los precios del petróleo.
En inflación, el organismo proyecta un promedio de 30,4% para este año y 15,7% para 2027. La desaceleración sería fuerte: de 41,9% en 2025 a menos de la mitad en dos años, una de las correcciones más rápidas a nivel global.
Sobre la inflación Brooks, detalló: “esperamos que el proceso de desinflación continúe pero más gradualmente que en otros momentos”.
La economía global
El informe de perspectivas globales (World Economic Outlook, que dio a conocer el FMI este martes, planteó que el mundo venía mejor de lo previsto: la economía global creció 3,4% en 2025, medio punto por encima de lo que el propio Fondo esperaba un año atrás.
Ayudaron aranceles de Estados Unidos más moderados de lo que inicialmente había anunciado Donald Trump, un dólar más débil, el boom de la inteligencia artificial y condiciones financieras más laxas. Pese a eso, Gourrinchas planteó que hay riesgos de un mundo más polarizado, con más medidas de protección individuales.
Pero el impulso se frenó tras el ataque de EE.UU e Israel a Irán. “Sin la guerra, el crecimiento global habría sido revisado al alza”, advierte el FMI. Con el conflicto en curso, la proyección para 2026 baja a 3,1% y el balance de riesgos se inclina claramente hacia un deterioro.
El FMI aclaró que se trata de un “pronóstico de referencia”, que asume que la guerra se diluye en los próximos meses. Pero si eso no pasa, los números empeorarán y rápido.
Los dos escenarios para la guerra
El informe detalla dos escenarios posibles. En el adverso, el petróleo sube 80% y el gas en Europa y Asia se dispara 160%, con un crecimiento global que cae a 2,5% y una inflación que trepa a 5,4%.
En el escenario más extremo, el petróleo sube 100% y se mantiene en esos niveles hasta 2027: ahí el crecimiento ronda el 2%, un nivel que históricamente marca recesión global —algo que desde 1980 solo ocurrió cuatro veces, incluida la crisis de 2008 y el shock del COVID—.
“El impacto sobre los mercados emergentes sería casi el doble que sobre las economías avanzadas”, señala el Fondo. Más dependencia de commodities, más presión inflacionaria y financiamiento más caro explican la diferencia.
La expectativa sobre la IA
Más allá de la guerra, el informe suma otros riesgos. Uno es la inteligencia artificial: si las expectativas sobre su rentabilidad no se cumplen, podría haber una corrección brusca en los mercados. También aparecen las tensiones comerciales, con posibles escaladas entre Estados Unidos, China y Europa, y un esquema de aranceles todavía inestable.
Del lado positivo, el Fondo plantea que si la IA efectivamente impulsa la productividad y avanzan las reformas estructurales, el crecimiento global podría ser entre 0,6 y 1,2 puntos mayor al previsto. Para la Argentina, que depende del financiamiento externo y del humor de los mercados emergentes, no es un detalle menor.