Enviado especial a Río de Janeiro.- ¿Tomaron nota del resultado en Argentina? “No sé ellos, no hablé con nadie, pero yo sí”, respondió un político argentino que fue testigo privilegiado del histórico giro en las elecciones de este domingo en Brasil. Contra todos los pronósticos, Luiz Inácio Lula da Silva dio vuelta el resultado del 4 de octubre y se impuso por el 51,7% de los votos sobre Flávio Bolsonaro. Varios referentes de la política argentina lo siguieron desde Brasilia y San Pablo, donde se encontraban los dos bunkers de los candidatos. Y otros no perdieron detalles desde Buenos Aire.s
El día después de la reelección de Lula abrió en la Argentina una discusión que va bastante más allá del resultado brasileño, aunque una lectura detallada de los movimientos entre el primer y segundo turno puede ser provechoso como caso de estudio para quienes deberán enfrentar las urnas en 2027. En Casa Rosada, optaron por una interpretación tácita de lo ocurrido: no dirán que el desenlace los impactó desde lo político pero habrá señales.
En rigor, tanto el oficialismo como los sectores opositores empezaron a revisar la dinámica de votación de las últimas tres semanas, a partir del resultado oficializado por el Tribunal Superior Electoral. Y se formulan hoy más preguntas que conclusiones, que pueden reconducir eventualmente a recalibrar las estrategias.
¿Qué hizo el electorado que quedó disponible después del 4 de octubre, sin candidato, y hasta qué punto incidió una mayor participación? ¿Cómo puede un gobierno revertir un resultado adverso cuando llega a la definición con gestión y resultados para exhibir? ¿Y qué tanto contribuyen los perfiles y narrativas que se apalancan en discursos violentos para volver más efectivas las campañas de miedo de los adversarios? En particular cuando le hablan al elector moderado.
No existe una traslación automática entre Brasil 2026 y la Argentina 2027, eso está claro. Los sistemas electorales, las coaliciones y las condiciones económicas son diferentes. Y hasta los contextos pueden variar todavía más de acá a un año. Pero eso no impide que dirigentes argentinos que siguieron la elección desde los dos principales centros de poder de la campaña brasileña se permitan unas primeras lecturas.
Referentes del peronismo, del círculo más estrecho de Sergio Massa, estuvieron en San Pablo. Entre otros se vio en el bunker lulista al diputado y titular del Frente Renovador, Diego Giualiano, la vice de la Cámara baja, Cecilia Moreau y los también diputados Marina Salzmann y Sebastián Galmarini. Se los vio incluso en un lugar privilegiado mientras el presidente reelecto dirigía su discurso de victoria.
En paralelo, un grupo de legisladores de diversas extracciones viajaron a la capital del país y mantuvieron contactos los días previos con autoridades legislativas y electorales, como parte de un programa de la FURP. Entre ellos estuvieron el radical crítico Pablo Juliano (Provincia Unidas) y los oficialistas Mercedes Llano, Damián Arabia y Emilia Orozco. Anoche siguieron el cierre del proceso desde la embajada en esa ciudad, huérfana de capitán porque Daniel Raimundi todavía instalado en Buenos Aires por el congelamiento en las relaciones bilaterales luego de la última serie de insultos del presidente Javier Milei al mandatario brasileño.
La primera revisión parte de los números. Lula terminó el balotaje con 64.256.232 votos, el 51,79% de los válidos, frente a 59.826.041 de Flávio Bolsonaro, el 48,21%, según el resultado definitivo del Tribunal Superior Electoral. Tres semanas antes el orden había sido exactamente inverso: Flávio había obtenido 56.104.268 votos, 47,03%, y Lula 53.876.617, 45,16%.
Lula incorporó, por lo tanto, unos 10,38 millones de votos entre ambas instancias mientras que Flávio sumó alrededor de 3,72 millones. Eso no deja en claro cómo se trasladó el voto de las terceras opciones -en principio mucho más críticas con el Gobierno- pero sí inferior que no hay mudanzas automáticas. Pueden -y de hecho lo hacen- incidir otras variables en un elector que vota contra el Gobierno en primera vuelta pero no necesariamente debe hacerlo en segunda si la opción delante no lo convence.
No hay, tampoco, un común denominador siquiera en las regiones que tiene comportamientos dispares. Pero sí muestra que el Presidente capturó una proporción sustancialmente mayor del electorado que se reordenó para el balotaje.
La participación es otra pieza de esa explicación. El TSE informó que 128,2 millones de brasileños concurrieron a votar y que la abstención terminó alrededor del 19,2%, por debajo del 21,08% de la primera vuelta. La caída de casi dos puntos fue mucho más marcada que la mejora registrada entre ambas rondas presidenciales de 2022.
Lula triunfa en Brasil: la lectura política que llegó a Buenos Aires y cómo puede influir en 2027
En sectores del oficialismo argentino que siguieron de cerca la elección apareció una interpretación particular sobre ese movimiento. La comparación que hacen remite a lo ocurrido en la provincia de Buenos Aires durante 2025: el “miedo” de algunas personas a que el kirchnerismo venciera en octubre como lo había hecho en septiembre motivó que en el mismo distrito venciera La Libertad Avanza. En Brasil, sucedió a la inversa.
El 7 de septiembre, Fuerza Patria ganó las legislativas provinciales con 47,27% frente a 33,71% de La Libertad Avanza, una diferencia superior a los 13 puntos. Apenas siete semanas después, en la elección nacional del 26 de octubre, la lista libertaria encabezada por Diego Santilli se impuso en territorio bonaerense con 41,45% contra 40,92% de Fuerza Patria. En el medio, no se había producido ningún hito sustancial que motivara tamaño vuelco en las preferencias.
Cerca de La Libertad Avanza toman esa experiencia para interpretar lo ocurrido ahora en Brasil. La hipótesis es que existe un sector menos identificado ideológicamente, de preferencias moderadas, que puede modificar su comportamiento cuando la posibilidad de que una fuerza llegue efectivamente al poder deja de ser abstracta. Dicho en criollo: “Uno boludea hasta que la realidad se le viene encima. Lo llamo el efecto de la araña sobre la mesa. Cuando la tenés adelante, ahí te da miedo y reaccionás”, resumió en estricta reserva una fuente del ecosistema libertario que siguió las alternativas de la elección desde Brasil.
Siguiendo esa lógica, algo similar habría sucedido en la Argentina de 2025: después del amplio triunfo peronista en la elección bonaerense de septiembre, una parte del voto moderado habría reaccionado ante la posibilidad de una derrota nacional del Gobierno y se habría concentrado un mes después detrás de la lista libertaria.
Se trata, por supuesto, de una interpretación política y no una relación causal demostrada por los resultados. Pero dentro del sector libertario más crítico con los arrebatos discursivos contra el periodismo o los grupos vulnerables, la experiencia brasileña deja esta inquietud a modo de advertencia propia.
A su entender, este tipo de resultados pueden impactar sobre la franja de votantes moderados que no se sienten representados por los perfiles y posiciones más confrontativas, cuando llega la hora de definir una elección. “¿Hasta dónde ese factor puede jugar en contra de Javier (Milei) si persiste por este camino y conserva algunas de sus posiciones discursivas más duras?“, se preguntó.
El PRO, socio electoral de La Libertad Avanza en distintas etapas pero atravesado al mismo tiempo por una discusión interna acerca de cuánto integrarse al oficialismo y cuánto preservar una identidad propia hacia 2027, también buscó fijar posición después del resultado brasileño.
“El resultado de las elecciones presidenciales de Brasil abre una nueva oportunidad para afianzar un vínculo que es histórico y permanente. Nuestra relación estratégica es un pilar fundamental que se fortalece con cada nueva etapa democrática. Felicitamos a @LulaOficial y expresamos nuestra vocación de trabajar para que el diálogo y la cooperación sean lo que caracterice al vínculo bilateral”, consignaron en un primer tuit de la cuenta oficial de X, hoy por la mañana.
A eso le siguió un mensaje de su jefe político, Mauricio Macri, quien también supo apostar por el candidato lulista en 2018, Eduardo Haddad, cuando la alternativa era Jair Bolsonaro pero rápidamente tuvo que recular cuando “El Mito” conquistó Brasil. “Quiero saludar al pueblo brasileño y felicitar a Lula da Silva en su cuarto triunfo electoral. Que su nuevo mandato traiga prosperidad y crecimiento para su país y también la región”, posteó ahora.
La discusión atraviesa a un PRO cuyos dirigentes mantienen estrategias diferentes frente a Milei: una parte sustancial apuesta a sostener acuerdos electorales con La Libertad Avanza en 2027, mientras otros sectores no resignan margen de diferenciación. La propia Bullrich no duda en tomar distancia del Presidente cuando lo juzga necesario. Le habla a los moderados que bien pudieron dar vuelta el resultado en Brasil.
Desde el peronismo, en cambio, la lectura fue naturalmente distinta. A la delegación del Frente Renovador que viajó a San Pablo por pedido expreso de Sergio Massa se añade la presencia del senador Eduardo Wado de Pedro, por el sector más afín a la expresidenta Cristina Kirchner. De Pedro estuvo en la primera vuelta así como en los turnos de 2022, cuando Lula le ganó la elección al padre del actual candidato del PL.
En ese campamento, la victoria fue interpretada como una señal de que un oficialismo puede recuperarse aun después de perder una primera vuelta y como reivindicación de una agenda de producción, inclusión y presencia estatal. “Pensamos que ganó la Justicia social, nosotros lo vemos de esa manera”, subraya uno de los participantes de la comitiva en diálogo con El Cronista.
Hay una paradoja en todo esto: coincide, en parte, con una mirada que dejaron trascender ayer desde alguna usina liberal pese a que el propio Milei se había mostrado muy crítico con el “Plan Platita” del gobierno petista, al impulsar la reducción del esquema laboral sin afectar el salario -de los seis a cinco días- y el transporte público gratuito los fines de semana.
Durante la reunión de Gabinete, de hecho, la comunicación oficial posterior informó que “el mandatario ratificó el rumbo del programa económico y convocó a todos los integrantes del Gobierno a redoblar los esfuerzos para profundizar las transformaciones en marcha”. Pero esa apuesta, para Milei, implica mantener el curso firme aunque golpeen las olas.
De hecho, desde Presidencia se dijo que “el mandatario realizó un enfático llamado a todos los integrantes del Gobierno a redoblar los esfuerzos y reafirmó su compromiso con el programa económico”. Y “sostuvo que tanto él como su equipo llegaron para cambiar el ciclo populista”. Hasta se consignó un supuesto textual: “No vamos a corrernos ni un milímetro de las ideas de la libertad”, atribuido al Presidente.
El metamensaje es claro. Y se ciñe con mayor fidelidad a las posiciones originales del jefe de Estado en la previa al balotaje: Milei “afirmó que ‘cambiar el rumbo para ganar elecciones es inmoral, injusto, un error técnico y una grave afrenta a la credibilidad y reputación que se creó en estos años’. Y agregó: ‘No se hace grande a la Argentina nuevamente con la trampa o la viveza criolla”.
Balotaje en Brasil 2026: dónde se construyó la remontada clave de Lula da Silva
La clave brasileña, sin embargo, aparece al bajar de esas interpretaciones al mapa electoral. Lula no ganó el balotaje porque una gran cantidad de estados hubiera cambiado abruptamente de color. Minas Gerais fue el único estado que pasó de una victoria de Flávio en primera vuelta a una de Lula en la segunda. Lo decisivo fue que el Presidente amplió las ventajas en sus bastiones y redujo las derrotas en buena parte de los territorios donde había ganado su adversario.
El Nordeste volvió a ser su principal reserva electoral. Lula había conseguido allí alrededor del 63,8% de los votos en primera vuelta y terminó cerca del 69,4% en el balotaje. En el Norte se produjo además un vuelco regional extremadamente ajustado: Flávio había quedado arriba en la primera vuelta, pero la suma final de los siete estados dejó a Lula apenas por encima en la segunda.
El movimiento más relevante para leer el resultado, sin embargo, estuvo en el Sudeste, donde vive buena parte del electorado brasileño y que suele acompañar a las opciones de la derecha. Flávio retuvo la región, pero Lula achicó considerablemente la diferencia. Y los tres principales distritos -que a la vez concentran el 40% de la población del país- permiten observar cómo se produjo.
En Minas Gerais, segundo colegio electoral de Brasil, Flávio había ganado la primera vuelta por 48,24% a 43,33%. En el balotaje, Lula lo dio vuelta y terminó con aproximadamente 50,43% contra 49,57%. Fue el único cambio de ganador entre los grandes estados y, también, el único cambio de signo estadual en todo el mapa presidencial.
En San Pablo, el mayor distrito brasileño, no hubo giro de ganador pero sí un fuerte recorte. Lula había obtenido 38,20% en primera vuelta y terminó con 46,15%; Flávio conservó el estado con 53,85%. El dato tiene además una segunda capa: Lula logró imponerse en la capital paulista, donde alcanzó 55,5%, aunque no pudo compensar la ventaja de su adversario en el interior.
En Río de Janeiro, base política de la familia Bolsonaro, ocurrió algo parecido. Flávio había sacado 53,01% frente a 39,41% de Lula el 4 de octubre. El candidato del PL volvió a ganar el estado en el balotaje, pero Lula escaló hasta alrededor de 46,9%. Río siguió siendo bolsonarista en el resultado presidencial, aunque dejó de aportar la diferencia de casi 14 puntos de la primera vuelta.
Elecciones en Brasil 2027: cómo fue el voto cruzado entre gobernadores y candidatos a la Presidencia
La elección dejó además otro dato que resulta especialmente útil para entender el Brasil que comienza en enero. De los 27 gobernadores electos, 16 habían respaldado públicamente a Flávio Bolsonaro en el balotaje, siete a Lula y cuatro se mantuvieron neutrales.
Sin embargo, ese mapa de apoyos no coincidió por completo con la votación presidencial. Entre los gobernadores que habían apoyado explícitamente a Flávio aparecieron sólo dos desacoples claros: Minas Gerais y Pará, donde finalmente ganó Lula. Cleitinho Azevedo, gobernador electo de Minas por Republicanos, había respaldado a Flávio; lo mismo había hecho Dr. Daniel, electo gobernador de Pará por Podemos.
En el resto de los estados cuyos gobernadores se habían alineado abiertamente con uno de los candidatos, el ganador presidencial coincidió con ese posicionamiento. Los siete gobernadores que respaldaron a Lula gobiernan estados que votaron por Lula. Y hay un tercer dato: los cuatro gobernadores que permanecieron neutrales —Alagoas, Amapá, Maranhão y Pernambuco— terminaron en estados donde también se impuso el Presidente.
No significa que los gobernadores hayan transferido mecánicamente votos ni que todos esos electorados sigan una disciplina territorial. Sí muestra que el nuevo mapa de poder brasileño es más complejo que la elección presidencial: Lula revalido para un cuarto turno pero el fenómeno del bolsonarismo no se extingue con la derrota de Flávio sino que se extiende a una red mucho más amplia de gobernadores alineados, al menos hoy.
El Congreso agrega otra restricción. El PL quedó convertido en la principal fuerza individual en Diputados, con 121 bancas, mientras el espacio del PT quedó por detrás y el resto del poder se distribuye entre partidos de centro y centroderecha con fuertes intereses regionales.
Lula inicia así otro mandato obligado a construir acuerdos con actores que no participaron necesariamente de su coalición electoral. Y si bien Brasil no ofrece una predicción sobre la Argentina, pero sí deja un caso de estudio político para ser indagado y no solo desde Buenos Aires. Con 2027 cada vez más cerca, ya nada puede darse por sentado.