Hablar de robo de identidad históricamente remitía una contraseña, una tarjeta o los datos de una cuenta bancaria que habían sido falsificados o vulnerados pero, desde hace un tiempo, la digitalización amplió el problema.
Hoy una identidad también puede ser un rostro utilizado para superar una verificación biométrica, una cuenta digital o el CUIT de una empresa que aparece asociado a una operación que nunca realizó.
Son fenómenos diferentes y no existe evidencia para afirmar que uno esté provocando al otro. Pero comparten un problema de fondo: en una economía cada vez más digital, demostrar quién está realmente detrás de una operación se volvió una cuestión central de seguridad.
Los casos que aparecen en el mercado muestran además que la inteligencia artificial está cambiando la escala y el costo de algunos de estos ataques.
La cara también puede convertirse en una llave
Uno de los nuevos desafíos aparece en los sistemas de verificación de identidad. Unico, la compañía especializada en biometría que desembarcó este año en el mercado bursátil argentino, reportó más de 13 millones de ataques fraudulentos durante el primer semestre de 2026 y afirmó haber bloqueado intentos por u$s 3.500 millones en América Latina.
Según la empresa, el volumen total de ataques creció 23% interanual. Pero el dato que más llama la atención está en la evolución de los ataques que utilizan inteligencia artificial.
Unico informó un aumento interanual del 500% en el fraude sofisticado durante el primer semestre y señaló que el volumen registrado en esos seis meses ya superó al acumulado durante todo 2025.
El deepfake también se volvió una herramienta de bajo costo
La inteligencia artificial generativa redujo la barrera de entrada. Unico identifica durante 2026 un crecimiento de los llamados deepfakes “caseros” o DIY, realizados con aplicaciones de consumo relativamente accesibles.
La empresa diferencia estos ataques de los más sofisticados, que buscan vulnerar técnicamente los sistemas de detección. En este caso, una persona puede intentar utilizar una imagen o un video generado o manipulado para hacerse pasar por otra.
El fenómeno produjo un aumento de 400% en el volumen de fraude simple durante el primer semestre de 2026, según los datos de la compañía.
La propia Unico reconoce que esos deepfakes básicos pueden ser bloqueados con relativa facilidad por sistemas robustos de verificación. El problema, entonces, no es que cualquier video generado por IA pueda engañar automáticamente a una entidad financiera. Es que generar intentos de suplantación se volvió mucho más sencillo y barato.
La compañía ya había advertido en julio que el fraude de identidad estaba evolucionando hacia operaciones coordinadas y escalables, con herramientas de IA cuyo costo de utilización cayó drásticamente.
El otro lado del problema está en el CUIT
La suplantación no ocurre solamente cuando alguien intenta copiar una cara. También puede afectar a las empresas.
El tributarista Mariano Ghirardotti advirtió sobre un mecanismo menos visible: la utilización indebida del CUIT de una compañía por parte de terceros para realizar compras sin su conocimiento ni autorización.
El problema aparece cuando esas operaciones dejan un registro. La empresa puede encontrarse entonces con facturas correspondientes a compras que nunca realizó, pero que aparecen vinculadas con su identidad fiscal.
Eso puede derivar en requerimientos de información y contingencias tributarias, además de obligar a la compañía a demostrar que la operación no fue realizada por ella.
El riesgo puede incluso exceder lo fiscal. Según Ghirardotti, las compras realizadas utilizando indebidamente el CUIT pueden involucrar elementos que luego sean utilizados en actividades ilícitas.
Cómo detectar una operación que nunca hiciste
La prevención, en este caso, empieza por un control que puede parecer básico pero que muchas empresas no realizan de manera sistemática.
Ghirardotti recomienda consultar periódicamente en ARCA la totalidad de los comprobantes emitidos al CUIT de la empresa y conciliarlos con las compras que efectivamente fueron realizadas, autorizadas y contabilizadas.
La detección de un proveedor desconocido o de una factura que no coincide con la operatoria habitual debería disparar una revisión.
También recomienda investigar esos comprobantes, solicitar su corrección cuando corresponda y dejar constancia formal del desconocimiento de la operación. Si la situación lo requiere, pueden realizarse presentaciones ante ARCA o ante la Justicia.
La propia ARCA reconoce la suplantación de identidad como una modalidad de fraude digital y contempla entre los casos de fraude el robo de información fiscal y la suplantación de identidad.
Además, la agencia establece que determinados problemas de identidad pueden incluso derivar en la limitación de una CUIT y la suspensión temporal de servicios fiscales, incluida la autorización para emitir comprobantes.

Una misma pregunta para problemas diferentes
Los deepfakes y las facturas asociadas a un CUIT ajeno no funcionan de la misma manera.
En el primer caso, el atacante intenta convencer a un sistema de que una persona es quien dice ser. En el segundo, intenta que un sistema registre una operación como si hubiera sido realizada por una empresa determinada.
Pero ambos casos obligan a repensar qué significa proteger una identidad. La identidad personal ya no está formada solamente por un documento. Puede incluir una imagen biométrica, una cuenta, un dispositivo y diferentes registros digitales.
La evolución de la inteligencia artificial agrega velocidad a un problema que ya existía.
Los sistemas digitales necesitan comprobar que una persona es real, que está presente y que coincide con la identidad que declara. Las empresas, por su parte, necesitan controlar que las operaciones registradas a su nombre sean efectivamente propias.
En el caso de la identidad digital, Unico plantea combinar biometría, prueba de vida, análisis del comportamiento y señales del dispositivo. En el caso fiscal, Ghirardotti propone controles periódicos sobre los comprobantes y procedimientos internos para detectar y desconocer operaciones irregulares.
Son soluciones distintas para problemas distintos. Pero detrás de ambas aparece la misma pregunta que se vuelve cada vez más importante en la economía digital: ¿cómo demostrar que quien aparece detrás de una operación es realmente quien dice ser?

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