La Agencia Internacional de Energía, el FMI y el Banco Mundial acordaron formar un grupo para dar respuesta a los efectos energéticos y económicos de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Los organismos dijeron, en una comunicación conjunta, que la guerra generó “graves trastornos en la vida y sustento de la población de la región” y motivó uno de los mayores faltantes de energía de la historia.
El impacto es “global y altamente asimétrico”, plantearon, con un fuerte impacto sobre los importadores de energía, y más específicamente sobre los países de bajos ingresos.
“Ya se refleja en el aumento de los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, y también genera preocupación por los precios de los alimentos”, dijeron los organismos.
Sumaron a la lista de los impactos a las cadenas de suministro globales del helio, fosfato, aluminio y otras materias primas, así como también el efecto sobre el turismo por el costo de la energía, además de la restricción de acceso a algunos países del Golfo.
“La volatilidad del mercado resultante, el debilitamiento de las monedas en las economías emergentes y la preocupación por las expectativas de inflación aumentan la probabilidad de políticas monetarias más restrictivas y un menor crecimiento”, sumaron sobre el efecto inmediato y las posibles respuestas de los países.
Es por esto que decidieron monitorear la situación y coordinar el apoyo a los responsables políticos para afrontar la crisis, en especial para los países más expuestos a las consecuencias de la guerra, con menor margen de maniobra o mayores niveles de deuda.
El grupo se dedicará a evaluar la gravedad de los impactos en los países y regiones, a través del monitoreo de datos de mercado, precios de la energía, flujos comerciales, presiones fiscales y de balanza de pagos, tendencias inflacionarias, restricciones a la exportación e interrupciones en las cadenas de suministro.
En base a esto, buscará coordinar respuestas para asesoramiento político, evaluación de necesidades de financiación y la provisión del apoyo financiero y el uso de herramientas de mitigación de riesgos.
También se comprometió a movilizar a las partes interesadas, como socios multilaterales, regionales y bilaterales, para dar apoyo a los países que lo necesiten.
“Estamos comprometidos a trabajar juntos para salvaguardar la estabilidad económica y financiera mundial, fortalecer la seguridad energética y apoyar a los países y las personas afectadas en su camino hacia una recuperación sostenida, el crecimiento y la creación de empleo a través de reformas”, cerraron en el comunicado.
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