

Llegó poco después de iniciado el discurso, y se retiró no bien terminó, sin hablar con la prensa. En silencio, buscando pasar inadvertida aunque le fuera imposible. Sandra Arroyo Salgado, la ex mujer del fiscal Alberto Nisman, asistió a la apertura del año judicial en su rol de jueza federal de San Isidro. "Todos los años viene", dijeron desde la Corte Suprema, aunque este no fuera un año especial, luego de que el padre de sus hijas, días después de denunciar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por encubrimiento a Irán en la causa AMIA, falleciera en condiciones dudosas que la Justicia todavía no resolvió.
Arroyo Salgado estuvo parada no bien llegó al cuarto piso del palacio de Tribunales, pero poco después le otorgaron un asiento, apenas tres filas adelante de los jueces federales del fuero criminal y correccional, por ejemplo, Daniel Rafecas, el magistrado que la semana pasada desestimó la denuncia de Nisman contra Cristina.
La jueza se había reunido en dos oportunidades con el titular de la Corte, Ricardo Lorenzetti, buscando acelerar la causa que investiga la muerte de su ex esposo, que el 18 de enero apareció en su casa de Puerto Madero con un disparo en la cabeza. Arroyo Salgado, que en ese momento se encontraba en Europa con una de las hijas del fiscal, encabeza la querella de los familiares de Nisman en la causa que tramitan la fiscal Viviana Fein y la jueza Fabiana Palmaghini.
Para esta semana se espera que los peritos designados por la jueza revelen pruebas vinculadas a la muerte del fiscal, en cuyo entorno creen que se trató de un homicidio.










