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En un contexto en el que se mira con atención la evolución de los indicadores sociales para conocer el impacto de las medidas económicas, un informe analizó cómo son las condiciones de vidas de los argentinos más allá de la coyuntura y describió resultados paradójicos.

El informe de la Fundación Tejido Urbano en base a los datos de la Encuesta Permanente de Hogares, tiene la peculiaridad de atravesar tres gobiernos de diversa matriz política, desde el macrismo, pasando por el albertismo para desembocar en la actual administración de Javier Milei.

Menos propietarios en Argentina: qué gobierno tiene la culpa

La caída en la cantidad de propietarios no se distribuye de manera uniforme a lo largo de toda la serie analizada.

El deterioro comienza durante el gobierno de Mauricio Macri, cuando el porcentaje de hogares propietarios de vivienda y terreno baja desde el 67,3% registrado en 2016 hasta ubicarse por debajo del 65% hacia el final de la gestión.

En paralelo, empiezan a sentirse los efectos de la crisis cambiaria de 2018 y del derrumbe del crédito hipotecario UVA, que inicialmente había mostrado cierto dinamismo.

El tramo más pronunciado de la caída aparece durante la administración de Alberto Fernández. Entre 2020 y 2023, en un contexto marcado por la pandemia, la aceleración inflacionaria y la pérdida de ingresos reales, la proporción de propietarios perfora el 61%, mientras crece con fuerza la cantidad de inquilinos.

La combinación entre salarios deteriorados, virtual desaparición del crédito privado y suba del valor de las propiedades en dólares profundizó la dificultad de acceso a la vivienda propia.

Los últimos datos correspondientes a 2024 y 2025 muestran un escenario algo distinto. Si bien el porcentaje de propietarios continúa muy por debajo de los niveles de 2016, la caída parece desacelerarse e incluso registra una leve recuperación hacia el 61,9%.

Al mismo tiempo, la proporción de inquilinos deja de crecer al ritmo que mostraba en los años anteriores.

Ese movimiento abre una discusión que empieza a instalarse en el mercado inmobiliario y financiero: si la estabilización macroeconómica y el regreso del crédito hipotecario pueden marcar un punto de inflexión después de casi una década de retroceso de la casa propia.

2016-2026: Como evolucionaron las condiciones de la vivienda

Más allá de la discusión sobre la propiedad, el informe de la Fundación Tejido Urbano muestra una mejora en distintos indicadores vinculados a las condiciones materiales y urbanas de vida.

Uno de los casos más notorios es el del hacinamiento crítico —hogares con más de tres personas por cuarto—, que cayó del 2,7% al 1,9%, lo que equivale a unos 47.000 hogares menos en esa situación.

También disminuyó la cantidad de personas que viven cerca de basurales o en zonas inundables. Según el relevamiento, los hogares ubicados en áreas próximas a basurales pasaron del 7,1% al 5,3%, mientras que aquellos emplazados en zonas inundables bajaron del 11,2% al 8,2%, aunque en este último caso el informe aclara que la reciente sequía pudo haber influido parcialmente en el resultado.

Otro de los aspectos que presenta mejoras es el educativo. La asistencia escolar entre niños y adolescentes de 4 a 17 años subió del 94,4% al 97,8%, mientras que la población con estudios universitarios completos pasó del 22,1% al 24,8%. Al mismo tiempo, los hogares con “clima educativo bajo o muy bajo” descendieron de manera considerable.

Sin embargo, el informe también describe lo que define como una “paradoja de los servicios”. Mientras el acceso al agua potable y a las cloacas mejoró levemente en la última década, el gas de red retrocedió con fuerza: pasó de cubrir al 71,4% de los hogares al 65%. Como consecuencia, aumentó la cantidad de viviendas que carecen de al menos uno de los tres servicios básicos.

La otra cara: salud, servicios y vulnerabilidad

El trabajo también detecta cambios importantes en el acceso a la salud, otro indicador que funciona como termómetro de la situación económica de los hogares. Según el informe, las coberturas pagas —obras sociales y prepagas— descendieron del 68,8% al 65,4% entre 2016 y 2025, mientras que aumentó la cantidad de personas que dependen exclusivamente del sistema público.

En términos absolutos, esto implica que cerca de 1,8 millones de personas adicionales pasaron a atenderse en hospitales y centros de salud estatales durante la última década. El fenómeno aparece asociado a la pérdida de ingresos reales y a las dificultades crecientes para sostener coberturas privadas en contextos de alta inflación y deterioro salarial.

El informe también pone números concretos sobre los déficits habitacionales que persisten en la Argentina urbana. Actualmente, más de 3,5 millones de hogares no tienen acceso al gas de red y casi 2,8 millones carecen de desagüe cloacal. A su vez, más de 900 mil hogares no acceden al agua corriente de red y unas 630 mil familias viven en viviendas construidas con materiales insuficientes.

Otro dato que preocupa es el crecimiento de situaciones habitacionales precarias o inestables. El relevamiento identifica casi un millón de hogares bajo régimen de ocupación, una categoría que incluye distintas formas de tenencia informal de la vivienda y que suele reflejar problemas de acceso al mercado formal inmobiliario.

En conjunto, los números muestran una Argentina que logró mejoras graduales en algunos aspectos estructurales de la calidad de vida, pero que todavía mantiene fuertes déficits urbanos y sociales.

El retroceso de la casa propia parece formar parte de un fenómeno en el que hogares que, aun mejorando ciertos indicadores básicos, encuentran cada vez más dificultades para acumular patrimonio y consolidar estabilidad habitacional.