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Con la reciente ratificación del Senado, la Argentina dio un paso de alto impacto en su estrategia de inserción internacional y se sumó a Uruguay como los primeros socios del MERCOSUR en dar luz verde legislativa al acuerdo con la Unión Europea (UE).

Aunque la entrada en vigor definitiva depende de los tiempos del Parlamento Europeo y del Tribunal de Justicia —un proceso que podría demorar entre 18 y 24 meses—, la señal política para el mercado es contundente.

“Argentina demuestra es un país serio y creíble para celebrar acuerdos de libre comercio a través del bloque”, expresó el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA)

Para los exportadores argentinos, el acuerdo trasciende lo arancelario; es un ancla institucional. Desde la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), destacaron que el entendimiento “acota la aplicación de derechos de exportación, un tributo que Argentina mantiene como anomalía frente al resto del mundo”.

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Este punto es central para el empresariado, que ve en el tratado un compromiso interno para reducir cargas distorsivas. El trasfondo, según el sector, es claro: “Mayor previsibilidad, menor carga distorsiva y un marco más atractivo para inversiones”.

Alimentos y Bebidas: Un superávit estructural

La Industria de Alimentos y Bebidas (IAB) es, quizás, la que observa el acuerdo con mayor optimismo. Los números de 2025 avalan esta posición: el sector exportó hacia la UE un total de u$s 3486 millones, mientras que las importaciones apenas sumaron u$s 318 millones.

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La relación de fuerza es histórica. Según datos de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL)de, “en el promedio de los últimos diez años, el sector exportó u$s 22 por cada dólar importado desde la UE”. Actualmente, Europa ya representa el 11% de las ventas externas de la IAB, con una fuerte concentración en cinco destinos: Italia (21%), España (20%), Países Bajos (17%), Alemania (12%) e Irlanda (11%).

El capítulo Pesca

Dentro de la oferta exportadora, el complejo de pescados y mariscos aparece como un jugador estratégico. En 2025, el capítulo de “Pescados, crustáceos y moluscos” concentró el 15% del total exportado a la UE, con el langostino entero como producto estrella (8,1% del total IAB).

El documento de desgravación arancelaria revela un camino de oportunidades. Actualmente, muchos productos enfrentan aranceles base que pueden ubicarse “entre el 7% y el 22%, según especie y procesamiento”.

Con el acuerdo, la UE aplicará cronogramas de reducción que van de 0 a 10 años, donde el “Año cero comienza con la entrada en vigor y cada reducción se aplica el 1° de enero de los años subsiguientes”.

Esto significa que buena parte de los productos pesqueros argentinos accederán progresivamente a menores aranceles en el mercado europeo.

Para un sector altamente competitivo pero afectado por costos internos y retenciones, el impacto puede ser determinante.

Para una industria que compite directamente con proveedores de Asia y África —muchos de los cuales ya cuentan con preferencias arancelarias—, el acuerdo “reduce la brecha frente a países con preferencias vigentes”, permitiendo que el langostino patagónico y la merluza argentina ingresen con mejores márgenes al mercado premium europeo.

Desafío interno

A pesar del entusiasmo, el sector privado coincide en que el tratado no es un punto de llegada. La competitividad no vendrá solo por la baja del arancel en Bruselas, sino por las reformas pendientes del Gobierno de Javier Milei.

“¿Está la Argentina lista para competir en igualdad de condiciones?”, se preguntan en las cámaras empresarias. La respuesta, advierten, no solo depende del calendario europeo, sino de resolver los costos logísticos y la estabilidad macroeconómica interna.

Desde el sector privado ponen el foco en costos logísticos, presión fiscal y estabilidad macroeconómica como factores que definirán cuánto del beneficio arancelario se transforma en mayor volumen exportado.

En paralelo, el crecimiento de las importaciones desde la Unión Europea —que en 2025 aumentaron 60% respecto del año anterior— muestra que el comercio es dinámico y bidireccional. El reto será sostener el superávit y avanzar hacia una mayor diversificación y agregado de valor en la oferta exportable.

Para las entidades del sector privado, el entendimiento MERCOSUR-UE consolida un socio estratégico.

Por ahora, el acuerdo ofrece la señal política más fuerte en décadas: Argentina quiere volver a ser el supermercado de Europa, pero esta vez, con reglas de juego globales.

Un documento elaborado por la Asociación para el Desarrollo de la Pesca Argentina (ADPA) describe las Claves del Capítulo de Pescados y Mariscos. Por un lado, menciona el alcance ya que incluye pescados frescos, congelados, crustáceos, moluscos y preparados.

El cronograma de aplicación de la desgravación progresiva va de de 0 a 10 años; respecto al impacto, plantea que la mejora de márgenes en productos con aranceles base altos alcanza hasta el22%.

El acuerdo es un paso en materia de competitividad ya que iguala condiciones frente a exportadores de otras regiones con preferencias vigentes.