El Gobierno no sabe cómo hacer para que los elogios que recibe cuando sale al mundo contagien un poco a la sociedad que lo cuestiona a diario. En sus recientes visitas a Francia, Estados Unidos y desde hoy España, Javier Milei suele llevarse un amplio reconocimiento de parte de sus anfitriones.

Algo parecido le sucede a Luis Caputo, que retornó de la asamblea del FMI en Bangkok con calurosas felicitaciones de su directora, Kristalina Georgieva, por la disciplina fiscal que muestra la Argentina.

Luis Caputo regresó de la asamblea del FMI en Bangkok con elogios de Kristalina Georgieva por la disciplina fiscal argentina.
Luis Caputo regresó de la asamblea del FMI en Bangkok con elogios de Kristalina Georgieva por la disciplina fiscal argentina.

Sin embargo, los desafíos domésticos están lejos de desaparecer. El equipo económico esperaba que a esta altura del año la actividad mostrara un desempeño más dinámico, y que ese resultado se traslade al empleo.

Pero esa mejora viene lenta. Y sin ella, la sustentabilidad política del modelo Milei (que requiere de la reelección del Presidente para garantizar la continuidad de sus reglas) entra en un cono de dudas.

El contraste está a la vista. Las grandes empresas eligen hacer foco en el largo plazo, refugiadas en los beneficios del RIGI. Lo suyo es un acto de fe: tal como les pide el Presidente, eligen creer y esperan que la demanda global de energía, minerales y alimentos haga lo suyo.

A los locales, en cambio, los fastidia el lento devenir de la prometida recuperación. Hacen la cuenta y notan que la cantidad de ganadores todavía es inferior a la de perdedores. A los desempleados no los atrae la chance de migrar hacia Vaca Muerta o las provincias cordilleranas.

¿Y dónde se paran los inversores globales, que desde hace dos meses le están dando la espalda a los bonos argentinos? Para los fondos de inversión, el corto plazo no debe ser ignorado. En el mundo financiero se vota todos los días.

Miran encuestas y asumen que el sueño libertario de un país próspero no es viable si a los que están en la base de la pirámide no los convencen sus resultados. Milei tiene que mostrar que la casa que construye es sólida si no quiere que sus habitantes empiecen a mirar otras opciones o retomen la idea de volver a su viejo barrio.