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Durante años, las empresas buscaron fidelizar a sus mejores talentos con mejores salarios, más beneficios y estrategias para bajar la rotación. Si bien la estabilidad y la compensación siguen pesando mucho, hoy necesitamos sumar otra variable a la propuesta de valor: la empleabilidad futura.

Ya no alcanza con ofrecer un buen puesto; también tenemos que ofrecer la posibilidad de seguir siendo relevantes. De hecho, según el Randstad Workmonitor 2025, el 46% de los trabajadores argentinos no aceptaría un empleo sin formación en habilidades para el futuro.

Según el Randstad Workmonitor 2025, el 46% de los trabajadores argentinos no aceptaría un empleo sin formación en habilidades para el futuro.Archivo El Cronista

El reciente Future of Jobs Report del Foro Económico Mundial indica que el 39% de las habilidades actuales se transformarán o quedarán obsoletas hacia 2030. Este dato nos pone frente a una realidad incómoda: podemos tener personas muy competentes para su rol de hoy y poco preparadas para lo que viene.

En este escenario, la inteligencia artificial es mucho más que una herramienta para automatizar tareas o reducir costos. También puede convertirse en uno de los beneficios de desarrollo profesional más valiosos que una empresa tiene para ofrecer.

Sin embargo, no debemos confundir la entrega de licencias con el desarrollo de talento. La clave está, por un lado, en enseñar a usar estas herramientas con criterio, autonomía y sentido de negocio y, por otro, en fortalecer las habilidades humanas, sin las cuales la IA rinde a medias.

A más tecnología, más valor para las capacidades humanas.

El mismo informe del Foro Económico Mundial ubica al pensamiento analítico como la competencia más buscada por los empleadores y destaca también el liderazgo, la resiliencia, la creatividad y la adaptabilidad.

La IA puede procesar información y acelerar decisiones, pero seguimos necesitando personas capaces de cuestionar resultados, leer contextos, construir acuerdos y hacerse cargo de lo que deciden.

Por eso, el desafío no pasa por elegir entre habilidades tecnológicas o humanas, sino por desarrollarlas juntas. Usar inteligencia artificial sin pensamiento crítico puede hacernos producir más, pero no necesariamente decidir mejor.

Los líderes del futuro

El reciente Workplace Learning Report de LinkedIn advierte que la mitad de los líderes de equipo no cuenta con el apoyo necesario para impulsar el desarrollo de sus equipos.

Necesitamos líderes que no solo administren resultados, sino que multipliquen capacidades con acciones como:

Tiempo protegido para experimentar: horas acordadas para probar IA sobre problemas reales.

Nuevos desafíos: proyectos rotativos y movilidad interna.

Mentoría bidireccional: quienes dominan la tecnología la enseñan; quienes tienen más experiencia aportan criterio y contexto.

Conversaciones de carrera separadas de la evaluación de desempeño: para hablar del futuro y no solo de objetivos.

Evaluar a los líderes también por cuánto crece su gente: no solo por los resultados entregados.

El temor de las organizaciones

Existe el riesgo de que, al entrenar a las personas y hacerlas más empleables, cuenten con más oportunidades fuera de la empresa que acompaña su desarrollo y terminen yéndose con las nuevas habilidades a otros desafíos laborales.

Si bien ese temor es comprensible, frenar el crecimiento para que las personas no se vayan nunca fue una buena estrategia, y hoy lo es todavía menos.

Quien siente que dejó de aprender se va igual, solo que más tarde y con menos para aportar mientras tanto.

En definitiva, la fidelización no debería medirse solo por cuánto tiempo alguien permanece en una organización, sino por cuánto crece mientras forma parte de ella.

En la era de la inteligencia artificial, las empresas más atractivas no serán las que prometan estabilidad para siempre, sino las que ofrezcan la posibilidad de seguir aprendiendo, evolucionar.