La semana pasada dejó una serie de datos relevantes tanto en el frente local como en el internacional, que permiten trazar un panorama de una economía argentina en proceso de estabilización, inserta en un contexto global que combina señales de resiliencia con focos de tensión creciente.

En el plano local, el mercado cambiario mostró una notable convergencia entre las distintas cotizaciones del dólar. El tipo de cambio oficial cerró en $ 1391 (venta), mientras que el dólar blue lo hizo en $ 1400, una brecha prácticamente inexistente en términos históricos. El contado con liquidación (CCL) se ubicó en $ 1494 y el MEP en $ 1440, lo que refleja una relativa calma cambiaria en un contexto donde el BCRA continuó acumulando reservas.

Por su parte, el Merval medido en dólares cerró en 1883 puntos, consolidando el buen momento del mercado de renta variable local, mientras que el riesgo país se mantuvo en 539 puntos básicos, aún lejos de los niveles que habilitarían un acceso fluido al mercado internacional de deuda soberana.

En materia de financiamiento del Tesoro, la licitación del martes arrojó resultados positivos: la Secretaría de Finanzas adjudicó $ 8,11 billones sobre ofertas por $ 9,19 billones, logrando un rollover del 102,15%. Este resultado confirma que el Tesoro sigue renovando con holgura sus vencimientos en pesos, lo que reduce la presión sobre el mercado cambiario y contribuye a la consolidación fiscal. La tasa TAMAR se ubicó en 22,63% anual.

En el frente del comercio exterior, los datos de la semana fueron alentadores. Las exportaciones registraron un incremento en cantidades del 12,8% interanual, con precios al alza del 3,6%, lo que implica una mejora simultánea en volumen y valor. Las importaciones, en cambio, cayeron un 10,6% en cantidades, con precios también al alza en un 3,7%, señal de que la demanda interna aún no recuperó plenamente su dinamismo.

Las exportaciones registraron un incremento en cantidades del 12,8% interanual, con precios al alza del 3,6%.Fuente: ShutterstockShutterstock

Este comportamiento es consistente con la generación de un superávit comercial que continúa siendo el principal proveedor de divisas genuinas para la economía. En sentido contrario, la confianza del consumidor retrocedió un 5,7% respecto de marzo, dato que refleja las tensiones que persisten sobre el ingreso real de las familias y que condiciona la velocidad de la recuperación del mercado interno.

En el plano internacional, la semana estuvo dominada por tres grandes ejes: la decisión de la Reserva Federal, los resultados corporativos de las grandes tecnológicas y la geopolítica energética. La Fed mantuvo las tasas en el rango del 3,50%-3,75%, en una decisión que, sin embargo, no fue unánime: cuatro votos en contra marcaron el mayor disenso desde octubre de 1992.

Este dato no es menor, ya que anticipa un debate interno más complejo en la conducción de la política monetaria estadounidense, acentuado por la inminente transición hacia Kevin Warsh como presidente de la institución, quien superó una votación clave del Comité Bancario del Senado. La salida de Jerome Powell no implicará su alejamiento inmediato de la junta directiva, decisión que apunta a preservar la apariencia de independencia institucional en un momento políticamente sensible.

La Fed mantuvo las tasas en el rango del 3,50%-3,75%, en una decisión que, sin embargo, no fue unánime:

El PIB de Estados Unidos creció un 2% anualizado en el primer trimestre, por debajo del 2,2% esperado. La inversión en inteligencia artificial explicó aproximadamente la mitad de ese crecimiento, compensando un consumo más débil y el impacto de mayores importaciones de equipamiento tecnológico.

Sin embargo, este impulso podría moderarse en los próximos trimestres si el shock energético derivado del conflicto con Irán —con el Brent en u$s 108,80 y el WTI en u$s 102,50— presiona al alza la inflación y erosiona el poder adquisitivo. En la eurozona, el crecimiento del 0,6% en el primer trimestre combinado con una inflación del 3% interanual configura un escenario de estanflación incipiente que los bancos centrales europeos deberán gestionar con cautela, habiendo optado también por mantener tasas sin cambios.

En cuanto a los mercados de renta variable, el Nasdaq 100 y el S&P 500 cerraron abril como el mejor mes desde 2020, con avances semanales de 1,51% y 0,39% respectivamente, mientras que el Dow Jones retrocedió un 0,91%. Los resultados trimestrales de cinco de las siete grandes tecnológicas mostraron un panorama heterogéneo: Google lideró con una suba del 11,95%, Apple avanzó un 3,35%, mientras que Meta cayó un 9,82% y Microsoft retrocedió un 2,4%.

El shock energético derivado del conflicto con Irán —con el Brent en u$s 108,80 y el WTI en u$s 102,50— presiona al alza la inflación y erosiona el poder adquisitivo.Fuente: ShutterstockShutterstock

Finalmente, en el plano geopolítico-energético, el anuncio de los Emiratos Árabes Unidos de su retiro de la OPEP a partir del 1 de mayo agrega un nuevo elemento de incertidumbre sobre la oferta global de crudo, en un momento en que el precio del petróleo ya se encuentra en niveles elevados por el conflicto en Medio Oriente. El oro cerró en u$s 4625,60 la onza, consolidando su rol de refugio en un contexto de incertidumbre global.

La semana confirmó que Argentina transita un proceso de estabilización que, por primera vez en mucho tiempo, presenta fundamentos más sólidos que en ciclos anteriores. La convergencia de las cotizaciones del dólar hacia una brecha mínima, el rollover exitoso del Tesoro por encima del 100% y el superávit comercial sostenido por exportaciones en alza son señales que apuntan en la misma dirección: la economía está ordenando sus cuentas externas y fiscales de manera simultánea, algo que históricamente le resultó esquivo. Sin embargo, sería un error leer este proceso como consolidado.

El riesgo país en 539 puntos básicos sigue siendo una barrera de acceso al crédito externo soberano y limita el margen de maniobra ante eventuales shocks. La caída del 5,7% en la confianza del consumidor advierte que el ajuste todavía no se tradujo en una mejora tangible del bienestar de las familias, y que la recuperación del mercado interno sigue siendo la deuda pendiente del modelo.

En el plano internacional, el escenario se vuelve progresivamente más desafiante. Un petróleo por encima de los u$s 100 reaviva el fantasma de la inflación global, pone en jaque el ciclo de baja de tasas y amenaza con deteriorar las condiciones financieras para los países emergentes. La fractura al interior de la Fed, con cuatro votos disidentes en la última reunión y una transición institucional en curso, agrega incertidumbre sobre el rumbo de la política monetaria más influyente del mundo. Y la salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP reconfigura el tablero energético global en un momento de por sí delicado.

Para Argentina, el desafío de las próximas semanas será sostener la estabilidad cambiaria y fiscal en un entorno externo que coopera menos que antes, mientras el mercado interno aguarda señales más concretas de reactivación. La compresión del riesgo país seguirá siendo la variable bisagra: si se consolida, abre la puerta al financiamiento externo y mejora el perfil de vencimientos soberanos; si se estanca o revierte, el margen se estrecha y las tensiones internas se amplifican. El rumbo está trazado, pero el terreno que viene es más exigente.