El peronismo kirchnerista renovador está oliendo sangre. Observa cómo la imagen de Javier Milei, la única que importa en el escenario del gobierno nacional por orden y gracia de su conductora, Karina Milei, se desgrana y desintegra hasta niveles aún más bajos de cuando inició su recorrido presidencial a fines de 2018.
La diferencia con aquel momento era que su estilo causaba simpatía, generaba empatía en un público cansado por la “cuarentena eterna” o que los “políticos de siempre” hablaran como si no tuvieran ninguna responsabilidad en lo que les estaba pasando.
Esa verborragia, que permitía que muchos jóvenes y no tanto lo consideraran “uno de los nuestros”, ahora le juega en contra. Su público se repliega o directamente retira da de las redes sociales, donde no pueden “salir a bancar” a la catarata de publicaciones presidenciales en X, que a los ojos de Mario Pergolini, la suma da casi un día entero generando contenidos, todos insultantes o replicando noticias positivas, agravios de por medio, en esa red social.
Es que el descalce entre la realidad y el relato parece haber llegado a un extremo, que puede ser mayor con el paso del tiempo. ¿Es el fondo desde donde viene la remontada o es el principio del fin? Hace un año, en estas mismas columnas, nos preguntábamos quién ganará la carrera, si las buenas noticias o la crisis. Hoy está ganando la segunda.
Por eso Axel Kicillof recibe y se junta con quienes hasta hace muy poco no lo hacía. Ve que su estrategia política, siempre segmentada y antimileísta como única idea, no cierra si no se acerca hacia el medio. De ahí que las charlas mantenidas con Migue Ángel Pichetto, Emilio Monzó y Nicolás Massot tengan tanta o más importancia que lo estrictamente charlado en esos encuentros.
El gobernador hoy puede atreverse a disimular el calamitoso estado del Estado provincial por la estrepitosa caída en la actividad industrial y comercial de los grandes centros urbanos, fundamentalmente en el conurbano. La gente se ve peor y eso lo ayuda.
Pero eso no invalida poner una lupa en su propia gestión, aún sobredimensionada en personal y gastos superfluos cuando no se puede reparar una ruta, se desfinancia a los mismos transportes públicos que vacía la política nacional y haya dilapidado el crecimiento de un punto en la coparticipación que consiguió cuando a Alberto Fernández la policía bonaerense le rodeó la Residencia Presidencial de Olivos reclamándole por fondos para la Institución. Es esa misma fuerza bonaerense que lo abucheó la semana pasada en la escuela Juan Vucetich porque todavía sigue trabajando con salarios de hambre.
Por ahora se disimulan la desconfianza y las internas que no desaparecieron entre el trípode que conduce el poder provincial. Kicillof sigue sin hablarse con Máximo Kirchner y mucho menos con su madre, la decisora de la mayoría de ese espacio. Sergio Massa, que convive entre silencios y reuniones con todos los actores del mundo no mileísta, parece haber entrado en un momento de espera hasta que, también, la realidad le de la razón sobre que su pasado no fue tan malo. Lo que hizo en el Ministerio de Economía hoy tiene mucha resistencia en la opinión pública, mucho más que la del propio Axel Kicillof, quien con el fallo de YPF parece haber recobrado aire en un tema que lo tenía acorralado.
En todo caso, ahora quien debe dar explicaciones serán los herederos de Néstor Kirchner que empujaron a los antiguos accionistas españoles a pactar con su banquero preferido, que después terminó siendo el que más litigaba contra la República Argentina. Los Eskenazi, en definitiva, hicieron algo muy parecido a lo que ahora parece que hizo Manuel Adorni: comprar una propiedad sin dinero propio.
Este panorama exaspera a los libertarios bonaerense, que no pueden seguir tranquilamente dando charlas y abriendo operativos porque el tema Adorni y los créditos del Banco Nación los inhibe. La gente los carga, les pregunta si tienen un crédito mientras que ANSES cortó todo tipo de financiación para jubilados o personas con dificultades motrices.
Por eso Sebastián Pareja, el único autorizado a dar órdenes en la Provincia de Buenos Aires, armó una batería de medidas de alto impacto público como el cierre del Senado, para bajar los gastos, unificar partidos de menos de 10.000 habitantes, más de una docena en el interior provincial y pidió que sus concejales insistan con el tema de las tasas, instalado oportunamente por Diego Valenzuella, hoy recluido en un senado que Pareja pide deshacer.
Este fin de semana se conocieron algunos cambios de coordinadores en distritos claves del Gran Buenos Aires, en las que los libertarios quieren ganar los municipios. Hurlingham, Ituzaingó y Merlo, fueron los primeros, pero pueden ser más. Lo malo es que no se lo informaron a ellos, sino que directamente se enteraron por los diarios. ¿Cuánto falta para que ellos y muchos otros peguen un portazo y se vayan con los petates hacia otro lado Si la siguen menospreciando, ¿cuánto falta para que Patricia Bullrich, una especialista en seguir sus instintos, agarre su bolso de mano tal cual lo hizo Elisa Carrió en la cara de Pino Solanas para irse del espacio?
“Nadie puede decir, un año antes de la elección, que es candidato o mucho menos sentirse presidente en este país”, le dijo los otros días un reconocido dirigente regional que trataba de escrutar qué manera electoral iba a utilizarse en la Provincia de Buenos Aires.
Si se desdoblan las elecciones, al igual que sucedió el año pasado, este legislador plantea armar una lista que represente íntegramente a la política y a los territorios, con intendentes como parte fundacionales de ese proyecto, algo muy parecido a lo que hizo Sergio Massa hace más de una década.
“Después de Duhalde todos los gobernadores los impusieron desde Nación y vinieron de Capital Federal. Carlos Ruckauf, Felipe Solá, Daniel Scioli, María Eugenia Vidal y Axel Kicillof nunca llegaron a entender quienes somos y qué representamos. Terminaron sien, muchas veces, más empleados nuestros que gobernadores”, describió.