La apuesta de Sergio Massa por el plan Precios Justos no solo genera dudas por el hecho de apelar a una receta con escasos antecedentes exitosos. Esa incertidumbre estaría más justificada si el Gobierno hubiese promocionado este esquema como la base de su política antiinflacionaria. Pero en los hechos, el propio equipo económico admitió que se trata solo de un primer paso destinado a quebrar la inercia y a poner la variación de precios uno o dos escalones más abajo. ¿Cuáles son entonces los flancos más frágiles?
El primero es que aquellas empresas que aceptaron involucrarse en este programa esperan recibir dólares de manera fluida, para poder atender la demanda incremental que suele generar todo congelamiento.
El segundo es que Precios Justos no tiene más remedio que operar a través de los supermercados y los grandes mayoristas. Esta característica es uno de sus límites, ya que este segmento representa 38% del consumo masivo. Los especialistas remarcan que es un porcentaje que viene subiendo gracias a los locales de superficies más chicas (que son el formato estrella de Día y Carrefour, y en menor escala ChangoMas). El resto de los consumidores va por el denominado "canal tradicional", denominación con la que se identifica a los almacenes y autoservicios, donde las listas de precios suelen tomarse revancha de los congelamientos.
Las condiciones de negociación también fueron un obstáculo para que haya más variedades y marcas. Muchas veces un producto está representado al 90% por la marca propia de un retail. Alimenticias grandes hay, pero menos de las que aspiraba Massa. Que en el acto de firma del programa las grandes firmas estuviesen representadas por el presidente de Copal, Daniel Funes de Rioja, lo cual es todo una señal. Las excepciones fueron Arcor y Molinos.
Las que quedaron afuera tienen temor a quedar atadas a más decisiones oficiales que alteren su ecuación, como ser el pago de un bono a fin de año. El margen que tienen para afrontarlo ya es escaso. Entrar a Precios Justos lo hubiera reducido aún más.
Gabriel Rubinstein, viceministro de Economía, remarcó en Twitter que el plan es una "pieza del andamiaje" que permitirá mejoras ulteriores, en especial fiscales. Esa proyección, agregó, es compatible con el ritmo de 60% anual incluída en el Presupuesto 2023.
Para que funcione, en resumen, hacen falta dólares y que el comercio no avale subas mayores a 4% mensual, un objetivo ambicioso para un verano que promete derretir indicadores.