Hay dos palabras que están en boga: “shock estanflacionario”. Y hay que rebobinar e ir hasta 1973 para encontrar una situación de alta tensión como la que se está hoy viviendo. Era el 16 de octubre de ese año cuando los ministros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) reunidos en Kuwait decidieron el embargo.

El detonante inmediato fue la Guerra de Yom Kipur, iniciada el 6 de octubre cuando Egipto y Siria atacaron a Israel por sorpresa. Washington respondió con un puente aéreo masivo de armamento hacia Tel Aviv. La respuesta árabe fue el embargo total de exportaciones petroleras hacia Estados Unidos, Países Bajos y cualquier nación que apoyara a Israel.

El alza del precio del petróleo reactiva el riesgo de estanflación y evoca el antecedente de la crisis energética de 1973.

Hay muchos puntos en común. Antes del embargo, el precio de referencia del barril de crudo árabe oscilaba en torno a los 2,90 dólares. Para enero de 1974 había escalado a 11,65 dólares por barril: un aumento del 301% en menos de cuatro meses. ¿Se repetirá la historia, aunque no sea como tragedia?

Este viernes se dará a conocer la inflación minorista en EE.UU. Será el primer salto que refleje el impacto de la guerra en Irán. Los analistas esperan una suba de la inflación anual de 0,9 punto porcentual de 2,4% a 3,3%. La actividad económica también sufre el impacto y de ahí la temida “estanflación”.

Este salto inflacionario no es nada frente a lo que pasó en los 70s, con el alza de precios que pasó del 3,4% en 1972 a más del 11% en 1974. Las colas en las estaciones de servicio se extendían kilómetros.

El gobierno de Nixon impuso el racionamiento, limitó la velocidad en autopistas a 55 millas por hora y apagó las luces navideñas. Anoche el posteo de Trump y la suspensión por dos semanas de alto el fuego alimentó esperanzas de paz. ¿Será?