El mundo sigue incierto, pero un poco menos. La guerra en Medio Oriente, tras la tregua aceptada por Estados Unidos e Irán, ahora suma una condición: que Israel también cumpla el alto el fuego, ya que de lo contrario el Estrecho de Ormuz seguirá cerrado.
En la Argentina, las incógnitas son más rudimentarias. La pregunta que se hacen analistas e inversores es si el Gobierno debe ajustar el programa o dejar que los indicadores se acomoden solos.
El Gobierno evalúa si profundizar medidas mientras el equipo económico mantiene el diálogo con el FMI.
Actuar o no actuar es un dilema reduccionista, porque implicaría que la conducción económica permanece inmóvil. Sin embargo, las señales directas e indirectas son vistas como insuficientes.
Está claro que dólares no van a faltar este año (con el precio del petróleo en torno a u$s 80, podría duplicarse el superávit energético). Pero si los absorbe el Tesoro y el Banco Central, la economía tendrá menos liquidez.
Hay algunos brotes de mejora (producción automotriz, mayor venta de cemento, posible inflación menor al 2,9%) que podrían postergar decisiones. Con menor tensión geopolítica, los encuentros de Luis Caputo con el FMI podrían ser una oportunidad para nuevos pasos.