En una Argentina que históricamente “respira” dólares, aun con un tipo de cambio estable, el Gobierno combina su política destinada a combatir la inflación y expandir la actividad con una estrategia económica orientada a potenciar el ingreso de divisas.
En esa lógica se inscribe la puesta en marcha de los distintos regímenes de incentivo a las inversiones -RIMI, RIGI y Súper RIGI- diseñados para captar capitales y atraer cada dólar dispuesto a desembarcar en el país. También el avance en el proceso de privatizaciones y la reunión que el ministro de Economía, Luis Caputo, mantendrá mañana con representantes de los consejos profesionales para avanzar en mecanismos que faciliten el ingreso al sistema financiero de los dólares que aún duermen “bajo el colchón”.
Y, sobre todo, la decisión del Banco Central de sostener el cepo cambiario a las empresas y preservar los dólares para garantizar el funcionamiento del comercio exterior, un sector clave para la recaudación y el abastecimiento del mercado cambiario.
Los números de este año acompañan ese camino. Las exportaciones marcaron un récord histórico en abril y acumularon u$s 30.820 millones en el primer cuatrimestre, un 20% más que en igual período de 2025, impulsadas los últimos dos meses por la baja de retenciones y la mejora en el precio internacional del petróleo.
Al mismo tiempo, el nivel de importaciones se mantuvo por debajo del registrado un año atrás, lo que permitió consolidar un superávit comercial que en abril fue 12 veces mayor al del mismo mes del año pasado. Así, apenas transcurrido un tercio del 2026, el país alcanzó cerca del 70% del saldo favorable obtenido durante todo 2025.
Si esta tendencia se sostiene, la Argentina podría cerrar el año con exportaciones de doce cifras y un superávit comercial cercano a los u$s 25.000 millones. Una buena bocanada de oxígeno verde para la economía nacional.